Ucrania y la Europa que defiende: ironías históricas y divisiones
La paradoja es evidente: los ucranianos combaten por una Europa que muchos de sus propios defensores consideran decadente, controlada por Estados Unidos y ajena a los valores que dicen representar. Mientras tanto, los herederos del Ejército Rojo que tomó Berlín en 1945 se enfrentan a una Unión Europea que, según sus críticos, ha traicionado sus raíces cristianas y se ha rendido al globalismo.
El 9 de mayo, Día de Europa, varias cuentas difundieron imágenes de jóvenes ucranianos ondeando banderas europeas junto a soldados de la OTAN, en un acto que algunos calificaron de propaganda. "Feliz Día de Europa, otaneros", rezaba un tuit que acumuló reacciones encontradas. Pero el debate de fondo no es sobre la fecha, sino sobre qué Europa están defendiendo realmente los ucranianos.
La Europa que ven desde el este
Para una parte del análisis, la Unión Europea es un proyecto político controlado por intereses estadounidenses, donde la Declaración Schuman fue redactada por John Foster Dulles, el secretario de Estado de EE.UU. En este relato, Ucrania sería una pieza más en el tablero geopolítico, usada para debilitar a Rusia mientras Europa pierde soberanía energética y militar. "Europa hará lo que USA diga. Y Europa no tiene ninguna posibilidad de ganar una guerra contra Rusia", resumía una de las intervenciones.
Otra corriente, más escéptica con el nacionalismo ucraniano, señala que "son nazis que apoyan un gobierno judío multicultural", en alusión a la presencia de símbolos ultraderechistas en unidades ucranianas, algo que contrasta con la imagen de una Europa liberal y diversa. El argumento se completa con referencias históricas: el Tratado de Brest-Litovsk (1918), por el que Rusia perdió un tercio de su población y el 75% de su industria, y cómo Alemania pudo haber ganado la Primera Guerra Mundial de no ser por la revolución interna.
¿Quién puede invadir a quién?
El debate se desplaza hacia una especulación estratégica: ¿es más probable que Berlín llegue a Moscú o viceversa? Una opinión sostiene que "no hace falta que sea militarmente, será económicamente o de otra manera, desguazando la Rusia europea". La respuesta contraria argumenta que Alemania ya no tiene ni la fuerza militar ni la voluntad política: el 20% de su población es extranjera, ha desmantelado su industria con la pérdida de energía barata rusa y sus políticos han demostrado estar dispuestos a sacrificar el país. "Al final va a haber más rusos en Berlín que alemanes", ironiza un participante.
Un punto intermedio recuerda que ni Alemania ni Rusia tienen hoy capacidad para una guerra de conquista. "Si vienen a Berlín, los únicos hombres que podrían combatir la amenaza (la hermandad moro negra) van a ser los primeros en irse", añadiendo que los ucranianos refugiados no lucharían contra otros ucranianos.
La memoria histórica como arma
Las referencias a la Segunda Guerra Mundial son constantes. Mientras unos piden que "los rusos vuelvan a pasar por Berlín y exterminen a los junkers prusianos", otros recuerdan que "Berlín lo arrasaron los bombardeos anglosionistas". La discusión revela que el conflicto ucraniano no se entiende sin las heridas del siglo XX: el Tratado de Versalles, la creación de Polonia y Checoslovaquia, y el papel de los judíos y Wall Street en la entrada de EE.UU. en la Primera Guerra Mundial.
La pregunta que queda abierta es si la Europa que defienden los ucranianos es la misma que la de los valores fundacionales o una construcción geopolítica sin alma. Mientras los tanques rusos avanzan en el Donbás, los europeos debaten si su proyecto común es una jaula de oro o una quimera.
Fuentes:
- Tratado de Brest-Litovsk (Wikipedia)
- Declaración Schuman (contexto histórico)
- Análisis de geopolítica y demografía alemana.
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