¿Qué está pasando con el pan en Argentina?
La pregunta que muchos se hacen al leer los titulares es si realmente el pan, ese alimento básico que durante generaciones fue sinónimo de sustento diario, se ha vuelto un lujo en Argentina. Los datos del sector panadero son demoledores: el consumo de pan tradicional se desplomó entre un 50% y un 60% durante la actual gestión de gobierno, mientras que las ventas de facturas y productos de pastelería se derrumbaron hasta un 80%. Las panaderías, antaño llenas, ahora ven cómo las familias apenas compran una o dos flautas para el día, renunciando al kilo diario que era norma.
El dato que duele: menos pan, más pobreza
El informe del sector, recogido por diversos medios, pinta un panorama sombrío. No es solo el pan: el consumo de carnes también sigue cayendo y las carnicerías cierran una tras otra. En Buenos Aires, la zona más rica del país, se han visto colas de doce cuadras de personas durmiendo en la calle para comprar carne de oferta. Los precios se disparan: unos pastelitos de membrillo y boniato cuestan 3.000 pesos, unos 1,80 euros, un precio prohibitivo para muchos. "Cuando los precios no se duplican cada dos horas no haces acopio", resume un análisis particularmente afilado.
Un indicador económico contradictorio
Tradicionalmente, el consumo de pan se ha considerado un indicador de pobreza: a más pobreza, más pan porque llena y es barato. Pero la paradoja argentina es que la gente come menos pan no porque tenga más recursos para sustituirlo por otros alimentos, sino porque el pan mismo se ha encarecido hasta resultar inaccesible. En España la tendencia es similar pero por razones distintas: el pan ha dejado de ser esencial en la dieta y se ha desplazado hacia otros productos, con un descenso del 80% desde los años 60 hasta los 28 kilos anuales actuales. En Argentina, en cambio, el recorte es forzoso.
El debate político: ajuste o herencia
Las interpretaciones chocan de frente. Por un lado, hay quien atribuye la caída a las políticas de ajuste del actual gobierno, que habrían reducido drásticamente el poder adquisitivo. Por otro, se argumenta que Argentina arrastra décadas de intervencionismo y que el problema no se soluciona en tres años. Los datos de libertad económica sitúan a Argentina con una puntuación de 57 según Heritage, por debajo de Chile (77 en los 90) y lejos de los 66 que tenía en tiempos de Menem. La discusión deriva inevitablemente hacia el peronismo, el socialismo y el liberalismo, pero lo cierto es que la mesa de los argentinos está cada vez más vacía.
La copa del mundo como espejismo
Mientras la gente hace cola para comprar carne y las panaderías se vacían, Argentina disputa la final del Mundial. La ironía no escapa a nadie: "Les dan el espejito de la copa mundial de fútbol, mientras les roban su país", se lee. La celebración deportiva choca con la cruda realidad de que ni siquiera el pan está al alcance de todos. Y mientras tanto, los argentinos que viajan al Mundial llenan las gradas en EE.UU., pero en casa el hambre aprieta.
La moraleja de esta historia es que, en Argentina, hasta lo más básico se ha convertido en un lujo. Y mientras unos discuten sobre ideologías, otros simplemente intentan llegar a fin de mes – o al menos a la siguiente flauta de pan.