Crisis y conejo: la receta navideña de Zapatero que no hizo gracia
¿Recuerdan cuando el gobierno les decía lo que tenían que cenar? En diciembre de 2007, con los primeros nubarrones de la crisis financiera sobre España, el secretario general de Agricultura, Josep Puxeu, presentó la campaña "Carne de conejo, exquisita y ligera". La idea: que los españoles sustituyeran el tradicional cordero navideño por conejo, más barato. La reacción fue inmediata y corrosiva.
El lonchafinismo oficial
El término "lonchafinismo" —austeridad extrema, recorte de la calidad de vida— se instaló en el debate. La recomendación gubernamental no se percibió como un consejo saludable, sino como un manual de supervivencia para tiempos de vacas flacas. Los datos, sin embargo, mostraban una realidad más compleja: según las propias fuentes del sector, el precio del conejo aquella Navidad era inferior al del año anterior, mientras que el coste del pienso se había disparado. Los ganaderos no veían alegría alguna.
Cuando la lógica se impone a la ocurrencia, el resultado es previsible. La campaña no logró cambiar los hábitos de consumo, pero sí generó un sinfín de chistes —algunos de doble sentido— y un escepticismo que resuena aún hoy cada diciembre.
La burbuja del conejo y otras profecías
Hubo quien pronosticó que, de popularizarse el conejo, se generaría una burbuja alimentaria: la oferta no daría abasto, los precios se dispararían y el producto se encarecería hasta ser inaccesible. Doce años después, el conejo sigue siendo una carne de consumo moderado, y su precio no ha experimentado la volatilidad de otros productos básicos. La lección no es tanto culinaria como política: cuando el Estado intenta regular el menú navideño, el ciudadano responde con el bolígrafo irónico.
Ironía final: tras la tormenta, el conejo sigue siendo exquisito y ligero. Pero en las mesas españolas, salvo excepción, sigue ganando el cordero. Y las recomendaciones oficiales, como entonces, se toman con un punto de sal.
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