Los partes de lesiones que nadie leyó: el coste de un sistema que falló a un bebé
¿Cuántas veces tiene un bebé que acudir al hospital con hematomas antes de que el sistema reaccione? Según los datos de un caso reciente, la respuesta es varias. Una criatura de nueve meses, en proceso de adopción, entró y salió del centro sanitario en repetidas ocasiones sin que saltaran las alarmas. Hasta que fue demasiado tarde.
Las visitas al hospital que no activaron los protocolos
El caso, que ha conmocionado a la opinión pública, revela una brecha preocupante en los mecanismos de protección infantil. Según la información disponible, el bebé fue llevado al hospital en múltiples ocasiones por hematomas. Sin embargo, ningún facultativo dio la voz de alarma. La pregunta es obvia: ¿por qué? Las explicaciones apuntan a un exceso de cautela institucional, al miedo a acusar sin pruebas o a la simple saturación del sistema. El resultado es el mismo: un niño muerto.
El coste económico de una alarma silenciada
Más allá de la tragedia humana, cabe preguntarse por el coste económico que suponen estos fallos. Cada caso de maltrato infantil que no se detecta a tiempo genera gastos posteriores mucho mayores: atención sanitaria prolongada, procesos judiciales, intervención de servicios sociales, y en el extremo, la pérdida de una vida que la sociedad ha invertido en proteger. La fiscalización de estos protocolos tiene un precio, pero el de no aplicarlos es incalculable.
La buena noticia es que al menos la burocracia funciona: los partes de lesiones se archivan con la misma eficiencia que la celeridad judicial. Consuelo.