¿Es la selección española un reflejo de la nueva España o una imposición ideológica?
La noche del martes, TVE emitió tras el telediario un reportaje que ha desatado una tormenta. Bajo el título "Una nueva España, multicultural", el programa mostraba imágenes de la selección de fútbol con jugadores como Lamine Yamal y los hermanos Williams, mientras un entrevistado proclamaba que esa diversidad "ha venido para quedarse". Para muchos, no fue un reportaje deportivo, sino un panfleto político.
La reacción: «No me representan»
En cuestión de horas, el descontento se extendió. Un sector de la afición considera que la selección ha dejado de ser suya. "Ya no veo fútbol, está lleno de extranjeros", resume una corriente de opinión que señala a la ley Bosman y a la globalización como culpables. Pero el detonante concreto fue el tono del reportaje: "un mitin del PSOE", según algunos, con futbolistas hablando de racismo y homosexualidad, y la imagen de Borja Iglesias con las uñas pintadas. La selección, que hasta hace poco unía banderas en las calles, ahora divide.
Datos contra percepción
Sin embargo, la realidad de la plantilla matiza el discurso. De los 26 convocados, solo tres son extranjeros (dos nacionalizados y uno de origen francés). En el último amistoso ante Cabo Verde –que acabó 0-0– el once titular fue 100% español de nacimiento. "España es uno de los equipos más blancos del campeonato", se apunta. La controversia no nace de los números, sino del relato que lo envuelve.
¿Agenda o evolución social?
Detrás de la polémica hay una pugna por el significado de la selección. Para unos, el fútbol es el último reducto de identidad nacional, y cualquier desviación hacia el multiculturalismo se percibe como una agresión. Para otros, la diversidad del equipo es el espejo de una sociedad cambiante. TVE, con su reportaje, eligió bando. Y el público respondió: el share del partido contra Cabo Verde cayó, y muchos anunciaron que no verán el Mundial.
La paradoja es que, mientras la selección gana títulos (la Eurocopa 2024 está reciente), pierde a una parte de su afición. El fútbol, dicen, ya no es fútbol: es política con balón. Y la política, se sabe, rara vez contenta a todos.