Un año en la autoescuela para pedirle salir a la recepcionista
Hay quien se apunta a la autoescuela para sacarse el carné. Y hay quien se apunta para algo más. Un participante relata que lleva
año y medio matriculado sin haber terminado el permiso, y que su verdadero objetivo es la recepcionista del centro. Durante ese tiempo ha ido una hora antes de cada clase para conversar con ella. Nunca le ha pedido el número de teléfono. Solo el Instagram, que ella dijo no usar porque no le gusta ese «patio de marujas». Él lo interpretó como buena señal.
La historia, contada en primera persona, avanza con la lentitud de un trámite burocrático. El autor confiesa que lleva
cuatro años sin acercarse a ninguna mujer y que esta le ha roto los esquemas. A sus 36 años, se ve en el «tiempo de descuento» y se lo juega todo a una carta: invitarla a quedar fuera del trabajo. «Si esto no resulta, probablemente me niegue a confiar en nadie más», escribe.
La propuesta y el rechazo educado
La actualización del 17 de abril zanja la primera fase. Le propuso quedar el fin de semana. Ella respondió que
ya tenía planes, pero que otro día por qué no. Él dejó la pelota en su tejado: «Ya me dices tú cuando puedas». Y añadió: «Si realmente tiene ganas me dirá, sino, pues yasta a tomar viento».
El movimiento desata opiniones encontradas. Hay quien sostiene que un «ya tengo planes» es un rechazo encubierto: si hubiera interés, se cancelan los planes. Otros creen que es una puerta abierta y que el error fue proponerlo un viernes para el mismo fin de semana. La recomendación más repetida: haberlo hecho antes del miércoles y haber ofrecido una alternativa concreta («pues si este no, el que viene»).
El carné que nunca llega
El propio autor admite que se ha tomado el carné «con relax». Hay semanas que va todos los días y otras que pasa un mes sin aparecer. Esa irregularidad, paradójicamente, ha sido el caldo de cultivo de la relación: al llegar una hora antes, ha tenido tiempo de sobra para charlar. «De otra forma creo que no hubiera nacido eso», reconoce.
La paradoja no se le escapa a nadie:
un año y medio de autoescuela es más tiempo del que necesita cualquier alumno medio. La excusa del carné se sostiene cada vez menos. Algunos participantes señalan que, a estas alturas, la chica ya lo tiene «muy visto» y que ha perdido el factor sorpresa. La novedad, en el cortejo, también caduca.
El miedo a la telaraña
El trasfondo del relato es más amargo que la anécdota. El autor describe a las mujeres como «insulsas, amargadas y creídas» y dice que lleva cuatro años sin intentar nada. Esta mujer ha sido la excepción. Pero el miedo al chasco planea sobre cada mensaje: «Ver como voy a caer otra vez en la trampa de la telaraña».
Ese temor explica por qué ha tardado año y medio en dar el paso. También explica por qué, tras el «ya tengo planes», se plantea abandonar: dará «una o dos semanas de normalidad como cortesía» y luego dejará de ir antes a la autoescuela. La retirada, en cierto modo, ya ha comenzado.
El asunto queda en el aire. Ella tiene la pelota. Él dice que no volverá a mencionarlo. Y el carné, ese que justifica oficialmente las visitas, sigue sin aparecer.