Crisis: Estamos a menos de un mes de una debacle catastrófica

Estamos a menos de un mes de una debacle catastrófica
Es ley de vida. Nacemos, crecemos, nos reproducimos, morimos y de vez en cuando nos comemos una crisis o hasta una guerra desde que el mundo es mundo.

Suerte a todos en las turbulencias amigos. Que os sea lo más leve posible.
 

1936, 1990, 2008… y esta cosa que no me gusta nada de octubre​

Llevo unos días mirando el calendario de 2026 y tengo una sensación bastante desagradable.

No de esas de Twitter, con un tío anunciando el apocalipsis cada martes y diciendo que Bitcoin va a un millón antes del viernes. Otra cosa. Más desagradable. Más silenciosa.

La sensación de que el mundo está funcionando con normalidad porque nadie quiere ser el primero en reconocer que algo huele a quemado.

El 12 de agosto hubo un eclipse solar total. Pertenece al Saros 126. No voy a explicar aquí toda la mecánica porque está en la NASA y cualquiera puede mirarla: una familia de eclipses se repite cada 18 años largos, con una geometría muy parecida.

Lo que me interesa es la lista.

19 de junio de 1936.
22 de julio de 1990.
1 de agosto de 2008.
12 de agosto de 2026.

La sombra vuelve cada dieciocho años. Y, algunas veces, se encuentra con un mundo que ya venía enfermo.

En 1936 el eclipse fue el 19 de junio. El 17 de julio empezó la sublevación. Veintiocho días. España se abrió en canal y no volvió a cerrarse igual.

En 1990 el eclipse fue el 22 de julio. El 2 de agosto Saddam entra en Kuwait. Once días. Petróleo, tropas, sanciones, aviones, una guerra que parecía regional y acabó metiendo a medio planeta dentro.

En 2008 hubo eclipse solar el 1 de agosto y lunar el 16. El 15 de septiembre quebró Lehman Brothers. La prensa lo llamó el colapso de un banco. No era eso. Lehman fue el primer cadáver que flotó a la superficie. Debajo ya estaba todo podrido.

Y en agosto de 2026 hemos tenido otra vez la pareja: Saros 126 el 12 de agosto y Saros 138 el 28.

No digo que un eclipse provoque una guerra o quiebre un banco. Sería ridículo. Lo que digo es que hay momentos en que los sistemas parecen llegar a un punto de saturación y cualquier cosa sirve de chispa: una frontera, un petrolero, una subasta de deuda, una aseguradora, una llamada que no se devuelve un viernes por la tarde.

Y ahora mismo tenemos el suelo lleno de gasolina.

Rusia y Ucrania. Oriente Medio al rojo vivo. Ormuz y Bab el-Mandeb convertidos en palabras que deberían preocupar más de lo que preocupan. Barcos desviándose, seguros encareciéndose, energía con el precio sostenido por alfileres. Deuda pública disparada. Mercados convencidos de que siempre habrá alguien detrás de la cortina con una impresora y una frase tranquilizadora.

Hasta que no lo haya.

Yo tengo marcado en rojo el tramo entre el 3 de octubre y el 13 de noviembre.

El 3 de octubre Venus se pone retrógrado. Me da igual la interpretación de revista de horóscopo. Lo que me importa es que ahí se abre la ventana.

A partir de ese día empieza ese tipo de periodo en el que las cosas que parecían caras siguen subiendo un poco más, para que nadie quiera vender, y luego empiezan a caer de una manera rara. No con pánico al principio. Con esa lentitud enfermiza de los mercados cuando todavía intentan convencerse de que el problema es de otro.

Entre el 15 y el 19 de octubre, con el 16 como centro, tengo el primer aviso serio.

En el modelo aparece un máximo de tidal jerk de Júpiter. El nombre parece una tontería, lo sé. Pero no es una fecha de horóscopo: es una medida de cambio brusco en una tensión calculada por distancia, masa y velocidad orbital. En mi calendario sale como punto de aceleración.

No te dice qué va a pasar. Te dice que algo que venía tenso puede dejar de aguantar.

Mi impresión es que ahí veremos el primer titular que todavía no parecerá histórico, pero lo será mirado con perspectiva. Una mala subasta de deuda. Una entidad financiera reconociendo que necesita liquidez. Un incidente en una ruta marítima. Un problema de garantías. Un ataque informático. Una compañía demasiado endeudada que no consigue refinanciarse.

La típica noticia que el lunes parece menor y el viernes ya nadie sabe explicar sin bajar la voz.

Después está el 24 de octubre.

Ese día Venus pasa entre la Tierra y el Sol, la llamada conjunción inferior. A las 03:44 UTC. Horas después Mercurio se estaciona retrógrado. No voy a fingir que eso significa que a las cuatro de la mañana va a explotar el sistema financiero mundial.

Pero si entre el 15 y el 19 aparece la primera grieta, el 24 es el día que tengo marcado para que la grieta se vea entera.

No espero necesariamente un desplome limpio de veinte puntos. Eso sería casi un regalo. Espero algo más sucio: que aparezca información. Que una institución diga que no puede. Que un gobierno anuncie medidas “temporales”. Que una ruta comercial deje de ser transitable. Que una aseguradora descubra que ha vendido protección contra un incendio que ya está dentro de su edificio.

Lo peligroso de 2008 no fue el rojo en la pantalla. Fue el momento en que nadie sabía qué balance era real y cuál era un decorado.

Del 28 de octubre al 5 de noviembre entra la zona complicada. La de contagio.

Si lo anterior ocurre, ahí será cuando se descubra que el problema no era local. Que el banco no era solo un banco. Que el petróleo no era solo petróleo. Que el ataque no era solo un ataque. Que el fondo no era solo un fondo.

Las crisis serias nunca empiezan con la palabra “sistémica”. Empiezan con palabras pequeñas: incidencia, tensión, cautela, exposición limitada, medidas preventivas, liquidez temporal.

Son palabras de funeraria.

El 4 de noviembre está el segundo punto que me da mal cuerpo: Mercurio también entra en conjunción inferior. Si el 24 destapa algo, esa semana puede ser el momento en que se compruebe que no había cortafuegos suficiente.

Mi apuesta zaina es esta: no habrá una sola catástrofe. Habrá dos o tres problemas medianos que, de repente, se vuelven el mismo problema.

Energía. Crédito. Transporte. Deuda. Guerra. Seguros. Divisas.

Todo unido por el cuello.

El 12 y 13 de noviembre Venus y Mercurio se ponen directos. Y ahí llegará, seguramente, el rebote. El comunicado. El rescate. La rueda de prensa con señores muy serios diciendo que las autoridades tienen herramientas suficientes.

La gente respirará.

Y quizá sea el momento más peligroso de todos.

Porque los mercados tienen una costumbre da repelús: rebotan con fuerza justo cuando la gente necesita creer que el cadáver sigue vivo.

Después, entre el 10 y el 13 de diciembre, Saturno, Neptuno y Júpiter entran también en estación. Si octubre y noviembre son la rotura, diciembre puede ser la operación de urgencia. Más liquidez. Garantías. Parches. Pactos. Alguna cosa que cambie las reglas sin llamarse cambio de reglas.

No creo que el otoño vaya a traer el fin del mundo. El fin del mundo nunca llega así. Llega con la tarjeta funcionando un día y con límites nuevos al siguiente. Llega con barcos esperando. Con gasolina más cara. Con un banco diciendo que está sólido. Con una guerra que no iba a escalar. Con gobiernos hablando de medidas excepcionales “por responsabilidad”.

Eso es lo que me inquieta de este calendario.

1936 fue la grieta política.
1990 fue la grieta geopolítica.
2008 fue la grieta financiera.

En 2026 están las tres cosas sobre la mesa al mismo tiempo.

Y si entre el 16 de octubre y el 5 de noviembre salta algo de verdad, no será un cisne […]. Será el pájaro que llevamos meses viendo posado encima del tejado, mientras todos discutimos si es blanco, oscuro o una paloma.
Seguro que de aquí a 2030 algo pasará tt
 
Yo sí creo que va a pasar algo rellenito pero mi lectura la hago a través de la prehistoria, las grandes civilizaciones que desaparecieron sin dejar rastro más allá de monumentos y edificaciones colosales de piedra, se dieron por eventos de la Tierra (terremotos, volcanismo, cambios climáticos super agresivos, etc.). Ahora mismo el planeta se ha vuelto muy violento, sincronizando con la mente humana, que miedo tiene un montón, si bien nadie hace caso.
 

1936, 1990, 2008… y esta cosa que no me gusta nada de octubre​

Llevo unos días mirando el calendario de 2026 y tengo una sensación bastante desagradable.

No de esas de Twitter, con un tío anunciando el apocalipsis cada martes y diciendo que Bitcoin va a un millón antes del viernes. Otra cosa. Más desagradable. Más silenciosa.

La sensación de que el mundo está funcionando con normalidad porque nadie quiere ser el primero en reconocer que algo huele a quemado.

El 12 de agosto hubo un eclipse solar total. Pertenece al Saros 126. No voy a explicar aquí toda la mecánica porque está en la NASA y cualquiera puede mirarla: una familia de eclipses se repite cada 18 años largos, con una geometría muy parecida.

Lo que me interesa es la lista.

19 de junio de 1936.
22 de julio de 1990.
1 de agosto de 2008.
12 de agosto de 2026.

La sombra vuelve cada dieciocho años. Y, algunas veces, se encuentra con un mundo que ya venía enfermo.

En 1936 el eclipse fue el 19 de junio. El 17 de julio empezó la sublevación. Veintiocho días. España se abrió en canal y no volvió a cerrarse igual.

En 1990 el eclipse fue el 22 de julio. El 2 de agosto Saddam entra en Kuwait. Once días. Petróleo, tropas, sanciones, aviones, una guerra que parecía regional y acabó metiendo a medio planeta dentro.

En 2008 hubo eclipse solar el 1 de agosto y lunar el 16. El 15 de septiembre quebró Lehman Brothers. La prensa lo llamó el colapso de un banco. No era eso. Lehman fue el primer cadáver que flotó a la superficie. Debajo ya estaba todo podrido.

Y en agosto de 2026 hemos tenido otra vez la pareja: Saros 126 el 12 de agosto y Saros 138 el 28.

No digo que un eclipse provoque una guerra o quiebre un banco. Sería ridículo. Lo que digo es que hay momentos en que los sistemas parecen llegar a un punto de saturación y cualquier cosa sirve de chispa: una frontera, un petrolero, una subasta de deuda, una aseguradora, una llamada que no se devuelve un viernes por la tarde.

Y ahora mismo tenemos el suelo lleno de gasolina.

Rusia y Ucrania. Oriente Medio al rojo vivo. Ormuz y Bab el-Mandeb convertidos en palabras que deberían preocupar más de lo que preocupan. Barcos desviándose, seguros encareciéndose, energía con el precio sostenido por alfileres. Deuda pública disparada. Mercados convencidos de que siempre habrá alguien detrás de la cortina con una impresora y una frase tranquilizadora.

Hasta que no lo haya.

Yo tengo marcado en rojo el tramo entre el 3 de octubre y el 13 de noviembre.

El 3 de octubre Venus se pone retrógrado. Me da igual la interpretación de revista de horóscopo. Lo que me importa es que ahí se abre la ventana.

A partir de ese día empieza ese tipo de periodo en el que las cosas que parecían caras siguen subiendo un poco más, para que nadie quiera vender, y luego empiezan a caer de una manera rara. No con pánico al principio. Con esa lentitud enfermiza de los mercados cuando todavía intentan convencerse de que el problema es de otro.

Entre el 15 y el 19 de octubre, con el 16 como centro, tengo el primer aviso serio.

En el modelo aparece un máximo de tidal jerk de Júpiter. El nombre parece una tontería, lo sé. Pero no es una fecha de horóscopo: es una medida de cambio brusco en una tensión calculada por distancia, masa y velocidad orbital. En mi calendario sale como punto de aceleración.

No te dice qué va a pasar. Te dice que algo que venía tenso puede dejar de aguantar.

Mi impresión es que ahí veremos el primer titular que todavía no parecerá histórico, pero lo será mirado con perspectiva. Una mala subasta de deuda. Una entidad financiera reconociendo que necesita liquidez. Un incidente en una ruta marítima. Un problema de garantías. Un ataque informático. Una compañía demasiado endeudada que no consigue refinanciarse.

La típica noticia que el lunes parece menor y el viernes ya nadie sabe explicar sin bajar la voz.

Después está el 24 de octubre.

Ese día Venus pasa entre la Tierra y el Sol, la llamada conjunción inferior. A las 03:44 UTC. Horas después Mercurio se estaciona retrógrado. No voy a fingir que eso significa que a las cuatro de la mañana va a explotar el sistema financiero mundial.

Pero si entre el 15 y el 19 aparece la primera grieta, el 24 es el día que tengo marcado para que la grieta se vea entera.

No espero necesariamente un desplome limpio de veinte puntos. Eso sería casi un regalo. Espero algo más sucio: que aparezca información. Que una institución diga que no puede. Que un gobierno anuncie medidas “temporales”. Que una ruta comercial deje de ser transitable. Que una aseguradora descubra que ha vendido protección contra un incendio que ya está dentro de su edificio.

Lo peligroso de 2008 no fue el rojo en la pantalla. Fue el momento en que nadie sabía qué balance era real y cuál era un decorado.

Del 28 de octubre al 5 de noviembre entra la zona complicada. La de contagio.

Si lo anterior ocurre, ahí será cuando se descubra que el problema no era local. Que el banco no era solo un banco. Que el petróleo no era solo petróleo. Que el ataque no era solo un ataque. Que el fondo no era solo un fondo.

Las crisis serias nunca empiezan con la palabra “sistémica”. Empiezan con palabras pequeñas: incidencia, tensión, cautela, exposición limitada, medidas preventivas, liquidez temporal.

Son palabras de funeraria.

El 4 de noviembre está el segundo punto que me da mal cuerpo: Mercurio también entra en conjunción inferior. Si el 24 destapa algo, esa semana puede ser el momento en que se compruebe que no había cortafuegos suficiente.

Mi apuesta zaina es esta: no habrá una sola catástrofe. Habrá dos o tres problemas medianos que, de repente, se vuelven el mismo problema.

Energía. Crédito. Transporte. Deuda. Guerra. Seguros. Divisas.

Todo unido por el cuello.

El 12 y 13 de noviembre Venus y Mercurio se ponen directos. Y ahí llegará, seguramente, el rebote. El comunicado. El rescate. La rueda de prensa con señores muy serios diciendo que las autoridades tienen herramientas suficientes.

La gente respirará.

Y quizá sea el momento más peligroso de todos.

Porque los mercados tienen una costumbre da repelús: rebotan con fuerza justo cuando la gente necesita creer que el cadáver sigue vivo.

Después, entre el 10 y el 13 de diciembre, Saturno, Neptuno y Júpiter entran también en estación. Si octubre y noviembre son la rotura, diciembre puede ser la operación de urgencia. Más liquidez. Garantías. Parches. Pactos. Alguna cosa que cambie las reglas sin llamarse cambio de reglas.

No creo que el otoño vaya a traer el fin del mundo. El fin del mundo nunca llega así. Llega con la tarjeta funcionando un día y con límites nuevos al siguiente. Llega con barcos esperando. Con gasolina más cara. Con un banco diciendo que está sólido. Con una guerra que no iba a escalar. Con gobiernos hablando de medidas excepcionales “por responsabilidad”.

Eso es lo que me inquieta de este calendario.

1936 fue la grieta política.
1990 fue la grieta geopolítica.
2008 fue la grieta financiera.

En 2026 están las tres cosas sobre la mesa al mismo tiempo.

Y si entre el 16 de octubre y el 5 de noviembre salta algo de verdad, no será un cisne […]. Será el pájaro que llevamos meses viendo posado encima del tejado, mientras todos discutimos si es blanco, oscuro o una paloma.

Tal vez sean decretos y tú seas capaz de verlos, pero ya sabes lo que puede pasar con los decretos que establece el Eterno.
 
si nos basáramos en las corrientes astrológicas de Barbault las fechas a vigilar serían las del 2–7 y el 24–27 de octubre.

2–7 de octubre destaca sobre todo Marte oposición Plutón, acompañado de Mercurio cuadratura Plutón y Sol oposición Saturno;
esa misma conjunción estaba activa en octubre de 1939 cuando se inició la Segunda Guerra Mundial.

24–27 de octubre de 2026 coinciden Sol–Venus en conjunción, Mercurio estacionario retrógrado, Luna llena en Tauro y Sol cuadratura Plutón exacta.

Misma alineación planetaria que con el inicio de - 14 de abril de 2020 - de la 'crisis' del ELbichito-19;

y esto ya no va de horóscopos y demás, las élites también consultan los cielos desde que el hombre es hombre.

Suerte y en la medida de lo posible eviten ser parte del rebaño.

La dignidad es lo único que no les pueden robar.
 
Como radical de nadapasismo, tengo fé en que no va a pasar nada. Nunca pasa nada, hasta que tengamos nadapasistas que pierdan la fé, ese será el castigo de nuestro Dios, que suceda algo.
 

1936, 1990, 2008… y esta cosa que no me gusta nada de octubre​

Llevo unos días mirando el calendario de 2026 y tengo una sensación bastante desagradable.

No de esas de Twitter, con un tío anunciando el apocalipsis cada martes y diciendo que Bitcoin va a un millón antes del viernes. Otra cosa. Más desagradable. Más silenciosa.

La sensación de que el mundo está funcionando con normalidad porque nadie quiere ser el primero en reconocer que algo huele a quemado.

El 12 de agosto hubo un eclipse solar total. Pertenece al Saros 126. No voy a explicar aquí toda la mecánica porque está en la NASA y cualquiera puede mirarla: una familia de eclipses se repite cada 18 años largos, con una geometría muy parecida.

Lo que me interesa es la lista.

19 de junio de 1936.
22 de julio de 1990.
1 de agosto de 2008.
12 de agosto de 2026.

La sombra vuelve cada dieciocho años. Y, algunas veces, se encuentra con un mundo que ya venía enfermo.

En 1936 el eclipse fue el 19 de junio. El 17 de julio empezó la sublevación. Veintiocho días. España se abrió en canal y no volvió a cerrarse igual.

En 1990 el eclipse fue el 22 de julio. El 2 de agosto Saddam entra en Kuwait. Once días. Petróleo, tropas, sanciones, aviones, una guerra que parecía regional y acabó metiendo a medio planeta dentro.

En 2008 hubo eclipse solar el 1 de agosto y lunar el 16. El 15 de septiembre quebró Lehman Brothers. La prensa lo llamó el colapso de un banco. No era eso. Lehman fue el primer cadáver que flotó a la superficie. Debajo ya estaba todo podrido.

Y en agosto de 2026 hemos tenido otra vez la pareja: Saros 126 el 12 de agosto y Saros 138 el 28.

No digo que un eclipse provoque una guerra o quiebre un banco. Sería ridículo. Lo que digo es que hay momentos en que los sistemas parecen llegar a un punto de saturación y cualquier cosa sirve de chispa: una frontera, un petrolero, una subasta de deuda, una aseguradora, una llamada que no se devuelve un viernes por la tarde.

Y ahora mismo tenemos el suelo lleno de gasolina.

Rusia y Ucrania. Oriente Medio al rojo vivo. Ormuz y Bab el-Mandeb convertidos en palabras que deberían preocupar más de lo que preocupan. Barcos desviándose, seguros encareciéndose, energía con el precio sostenido por alfileres. Deuda pública disparada. Mercados convencidos de que siempre habrá alguien detrás de la cortina con una impresora y una frase tranquilizadora.

Hasta que no lo haya.

Yo tengo marcado en rojo el tramo entre el 3 de octubre y el 13 de noviembre.

El 3 de octubre Venus se pone retrógrado. Me da igual la interpretación de revista de horóscopo. Lo que me importa es que ahí se abre la ventana.

A partir de ese día empieza ese tipo de periodo en el que las cosas que parecían caras siguen subiendo un poco más, para que nadie quiera vender, y luego empiezan a caer de una manera rara. No con pánico al principio. Con esa lentitud enfermiza de los mercados cuando todavía intentan convencerse de que el problema es de otro.

Entre el 15 y el 19 de octubre, con el 16 como centro, tengo el primer aviso serio.

En el modelo aparece un máximo de tidal jerk de Júpiter. El nombre parece una tontería, lo sé. Pero no es una fecha de horóscopo: es una medida de cambio brusco en una tensión calculada por distancia, masa y velocidad orbital. En mi calendario sale como punto de aceleración.

No te dice qué va a pasar. Te dice que algo que venía tenso puede dejar de aguantar.

Mi impresión es que ahí veremos el primer titular que todavía no parecerá histórico, pero lo será mirado con perspectiva. Una mala subasta de deuda. Una entidad financiera reconociendo que necesita liquidez. Un incidente en una ruta marítima. Un problema de garantías. Un ataque informático. Una compañía demasiado endeudada que no consigue refinanciarse.

La típica noticia que el lunes parece menor y el viernes ya nadie sabe explicar sin bajar la voz.

Después está el 24 de octubre.

Ese día Venus pasa entre la Tierra y el Sol, la llamada conjunción inferior. A las 03:44 UTC. Horas después Mercurio se estaciona retrógrado. No voy a fingir que eso significa que a las cuatro de la mañana va a explotar el sistema financiero mundial.

Pero si entre el 15 y el 19 aparece la primera grieta, el 24 es el día que tengo marcado para que la grieta se vea entera.

No espero necesariamente un desplome limpio de veinte puntos. Eso sería casi un regalo. Espero algo más sucio: que aparezca información. Que una institución diga que no puede. Que un gobierno anuncie medidas “temporales”. Que una ruta comercial deje de ser transitable. Que una aseguradora descubra que ha vendido protección contra un incendio que ya está dentro de su edificio.

Lo peligroso de 2008 no fue el rojo en la pantalla. Fue el momento en que nadie sabía qué balance era real y cuál era un decorado.

Del 28 de octubre al 5 de noviembre entra la zona complicada. La de contagio.

Si lo anterior ocurre, ahí será cuando se descubra que el problema no era local. Que el banco no era solo un banco. Que el petróleo no era solo petróleo. Que el ataque no era solo un ataque. Que el fondo no era solo un fondo.

Las crisis serias nunca empiezan con la palabra “sistémica”. Empiezan con palabras pequeñas: incidencia, tensión, cautela, exposición limitada, medidas preventivas, liquidez temporal.

Son palabras de funeraria.

El 4 de noviembre está el segundo punto que me da mal cuerpo: Mercurio también entra en conjunción inferior. Si el 24 destapa algo, esa semana puede ser el momento en que se compruebe que no había cortafuegos suficiente.

Mi apuesta zaina es esta: no habrá una sola catástrofe. Habrá dos o tres problemas medianos que, de repente, se vuelven el mismo problema.

Energía. Crédito. Transporte. Deuda. Guerra. Seguros. Divisas.

Todo unido por el cuello.

El 12 y 13 de noviembre Venus y Mercurio se ponen directos. Y ahí llegará, seguramente, el rebote. El comunicado. El rescate. La rueda de prensa con señores muy serios diciendo que las autoridades tienen herramientas suficientes.

La gente respirará.

Y quizá sea el momento más peligroso de todos.

Porque los mercados tienen una costumbre da repelús: rebotan con fuerza justo cuando la gente necesita creer que el cadáver sigue vivo.

Después, entre el 10 y el 13 de diciembre, Saturno, Neptuno y Júpiter entran también en estación. Si octubre y noviembre son la rotura, diciembre puede ser la operación de urgencia. Más liquidez. Garantías. Parches. Pactos. Alguna cosa que cambie las reglas sin llamarse cambio de reglas.

No creo que el otoño vaya a traer el fin del mundo. El fin del mundo nunca llega así. Llega con la tarjeta funcionando un día y con límites nuevos al siguiente. Llega con barcos esperando. Con gasolina más cara. Con un banco diciendo que está sólido. Con una guerra que no iba a escalar. Con gobiernos hablando de medidas excepcionales “por responsabilidad”.

Eso es lo que me inquieta de este calendario.

1936 fue la grieta política.
1990 fue la grieta geopolítica.
2008 fue la grieta financiera.

En 2026 están las tres cosas sobre la mesa al mismo tiempo.

Y si entre el 16 de octubre y el 5 de noviembre salta algo de verdad, no será un cisne […]. Será el pájaro que llevamos meses viendo posado encima del tejado, mientras todos discutimos si es blanco, oscuro o una paloma.
Te doy un thanks porque me ha molado el relato, mezclas astronomía con macroeconomia y datos reales, aunque te has dejado 1954 o 1972 cuando tb pasó
el Saros y fueron años importantes a nivel económico aunque el 54 fue el final de una recesión y comenzó una época de expansión.
 
hay eclipses todos los años, a partir de ahí ya tal ...

¿Cada cuánto hay un eclipse solar?
Aunque los eclipses solares parecen rarísimos, porque no se ven desde el mismo lugar del planeta con frecuencia, en realidad ocurren bastante a menudo. Cada año puede haber entre 2 y 5 eclipses solares en todo el planeta. Eso sí, no todos son eclipses totales: algunos son parciales o anulares, y a veces el eclipse total solo se ve desde una franja muy estrecha.

Lo más común son dos eclipses solares por año. Son menos frecuentes tres o cuatro, y cinco eclipses solares en un mismo año es algo muy raro que solo ocurre muy pocas veces por siglo.

Sin embargo, como la sombra de la Luna es muy pequeña la probabilidad de que el eclipse pase justo por el mismo sitio es muy baja. Por eso, en un mismo lugar fijo de la Tierra, un eclipse total se repite solo cada 300 a 400 años o menos.
 

1936, 1990, 2008… y esta cosa que no me gusta nada de octubre​

Llevo unos días mirando el calendario de 2026 y tengo una sensación bastante desagradable.

No de esas de Twitter, con un tío anunciando el apocalipsis cada martes y diciendo que Bitcoin va a un millón antes del viernes. Otra cosa. Más desagradable. Más silenciosa.

La sensación de que el mundo está funcionando con normalidad porque nadie quiere ser el primero en reconocer que algo huele a quemado.

El 12 de agosto hubo un eclipse solar total. Pertenece al Saros 126. No voy a explicar aquí toda la mecánica porque está en la NASA y cualquiera puede mirarla: una familia de eclipses se repite cada 18 años largos, con una geometría muy parecida.

Lo que me interesa es la lista.

19 de junio de 1936.
22 de julio de 1990.
1 de agosto de 2008.
12 de agosto de 2026.

La sombra vuelve cada dieciocho años. Y, algunas veces, se encuentra con un mundo que ya venía enfermo.

En 1936 el eclipse fue el 19 de junio. El 17 de julio empezó la sublevación. Veintiocho días. España se abrió en canal y no volvió a cerrarse igual.

En 1990 el eclipse fue el 22 de julio. El 2 de agosto Saddam entra en Kuwait. Once días. Petróleo, tropas, sanciones, aviones, una guerra que parecía regional y acabó metiendo a medio planeta dentro.

En 2008 hubo eclipse solar el 1 de agosto y lunar el 16. El 15 de septiembre quebró Lehman Brothers. La prensa lo llamó el colapso de un banco. No era eso. Lehman fue el primer cadáver que flotó a la superficie. Debajo ya estaba todo podrido.

Y en agosto de 2026 hemos tenido otra vez la pareja: Saros 126 el 12 de agosto y Saros 138 el 28.

No digo que un eclipse provoque una guerra o quiebre un banco. Sería ridículo. Lo que digo es que hay momentos en que los sistemas parecen llegar a un punto de saturación y cualquier cosa sirve de chispa: una frontera, un petrolero, una subasta de deuda, una aseguradora, una llamada que no se devuelve un viernes por la tarde.

Y ahora mismo tenemos el suelo lleno de gasolina.

Rusia y Ucrania. Oriente Medio al rojo vivo. Ormuz y Bab el-Mandeb convertidos en palabras que deberían preocupar más de lo que preocupan. Barcos desviándose, seguros encareciéndose, energía con el precio sostenido por alfileres. Deuda pública disparada. Mercados convencidos de que siempre habrá alguien detrás de la cortina con una impresora y una frase tranquilizadora.

Hasta que no lo haya.

Yo tengo marcado en rojo el tramo entre el 3 de octubre y el 13 de noviembre.

El 3 de octubre Venus se pone retrógrado. Me da igual la interpretación de revista de horóscopo. Lo que me importa es que ahí se abre la ventana.

A partir de ese día empieza ese tipo de periodo en el que las cosas que parecían caras siguen subiendo un poco más, para que nadie quiera vender, y luego empiezan a caer de una manera rara. No con pánico al principio. Con esa lentitud enfermiza de los mercados cuando todavía intentan convencerse de que el problema es de otro.

Entre el 15 y el 19 de octubre, con el 16 como centro, tengo el primer aviso serio.

En el modelo aparece un máximo de tidal jerk de Júpiter. El nombre parece una tontería, lo sé. Pero no es una fecha de horóscopo: es una medida de cambio brusco en una tensión calculada por distancia, masa y velocidad orbital. En mi calendario sale como punto de aceleración.

No te dice qué va a pasar. Te dice que algo que venía tenso puede dejar de aguantar.

Mi impresión es que ahí veremos el primer titular que todavía no parecerá histórico, pero lo será mirado con perspectiva. Una mala subasta de deuda. Una entidad financiera reconociendo que necesita liquidez. Un incidente en una ruta marítima. Un problema de garantías. Un ataque informático. Una compañía demasiado endeudada que no consigue refinanciarse.

La típica noticia que el lunes parece menor y el viernes ya nadie sabe explicar sin bajar la voz.

Después está el 24 de octubre.

Ese día Venus pasa entre la Tierra y el Sol, la llamada conjunción inferior. A las 03:44 UTC. Horas después Mercurio se estaciona retrógrado. No voy a fingir que eso significa que a las cuatro de la mañana va a explotar el sistema financiero mundial.

Pero si entre el 15 y el 19 aparece la primera grieta, el 24 es el día que tengo marcado para que la grieta se vea entera.

No espero necesariamente un desplome limpio de veinte puntos. Eso sería casi un regalo. Espero algo más sucio: que aparezca información. Que una institución diga que no puede. Que un gobierno anuncie medidas “temporales”. Que una ruta comercial deje de ser transitable. Que una aseguradora descubra que ha vendido protección contra un incendio que ya está dentro de su edificio.

Lo peligroso de 2008 no fue el rojo en la pantalla. Fue el momento en que nadie sabía qué balance era real y cuál era un decorado.

Del 28 de octubre al 5 de noviembre entra la zona complicada. La de contagio.

Si lo anterior ocurre, ahí será cuando se descubra que el problema no era local. Que el banco no era solo un banco. Que el petróleo no era solo petróleo. Que el ataque no era solo un ataque. Que el fondo no era solo un fondo.

Las crisis serias nunca empiezan con la palabra “sistémica”. Empiezan con palabras pequeñas: incidencia, tensión, cautela, exposición limitada, medidas preventivas, liquidez temporal.

Son palabras de funeraria.

El 4 de noviembre está el segundo punto que me da mal cuerpo: Mercurio también entra en conjunción inferior. Si el 24 destapa algo, esa semana puede ser el momento en que se compruebe que no había cortafuegos suficiente.

Mi apuesta zaina es esta: no habrá una sola catástrofe. Habrá dos o tres problemas medianos que, de repente, se vuelven el mismo problema.

Energía. Crédito. Transporte. Deuda. Guerra. Seguros. Divisas.

Todo unido por el cuello.

El 12 y 13 de noviembre Venus y Mercurio se ponen directos. Y ahí llegará, seguramente, el rebote. El comunicado. El rescate. La rueda de prensa con señores muy serios diciendo que las autoridades tienen herramientas suficientes.

La gente respirará.

Y quizá sea el momento más peligroso de todos.

Porque los mercados tienen una costumbre da repelús: rebotan con fuerza justo cuando la gente necesita creer que el cadáver sigue vivo.

Después, entre el 10 y el 13 de diciembre, Saturno, Neptuno y Júpiter entran también en estación. Si octubre y noviembre son la rotura, diciembre puede ser la operación de urgencia. Más liquidez. Garantías. Parches. Pactos. Alguna cosa que cambie las reglas sin llamarse cambio de reglas.

No creo que el otoño vaya a traer el fin del mundo. El fin del mundo nunca llega así. Llega con la tarjeta funcionando un día y con límites nuevos al siguiente. Llega con barcos esperando. Con gasolina más cara. Con un banco diciendo que está sólido. Con una guerra que no iba a escalar. Con gobiernos hablando de medidas excepcionales “por responsabilidad”.

Eso es lo que me inquieta de este calendario.

1936 fue la grieta política.
1990 fue la grieta geopolítica.
2008 fue la grieta financiera.

En 2026 están las tres cosas sobre la mesa al mismo tiempo.

Y si entre el 16 de octubre y el 5 de noviembre salta algo de verdad, no será un cisne […]. Será el pájaro que llevamos meses viendo posado encima del tejado, mientras todos discutimos si es blanco, oscuro o una paloma.
27 de octubre elecciones Israel Bibi repite
03 de noviembre elecciones EE.UU. ZANAHORIO reelegido y con poco futuro ...¡¡¡Con buena salud!!!
El cielo es matemático, la condición humana no.
Pero lo que sí es cierto es que lo que describes son señales y que hay que, como mínimo, prestar atención a los acontecimientos para, al menos, evitar terminar llorando de impotencia por estulta dejadez.

P. D.
Parravicini y sus psicografías sobre las horas (Hora 10, 11 y 12). Si:
El zodiaco es en reloj
Y Saturno (Kronos) quién señala la hora.
Capricornio - Hora 10 // Acuario - Hora 11 // Piscis - Hora 12.

Y si en lugar de adoptar el zodiaco tropical, se utiliza el sideral (posible elección del argentino) resulta que su predicción sobre la hora 12 (la más complicada) terminaría en el primer trimestre del '28.

Conclusión: "Átense los Machos" que para el '27, lo que vamos a tragar pocos estómagos son capaces de digerir y, lo que expones, puede ser solo el comienzo.
 
Ese párrafo no lo has escrito tú, ese párrafo está escrito con IA.

Faltas al respeto de manera descarada a los conforeros, tus lectores. Inundar con IA infinita nuestro tiempo es inadmisible.



Y encima le has pedido a la IA que te meta el horóscopo en tu texto.
@burbubot Dame por favor tu opinión
 
@burbubot Dame por favor tu opinión

El Saros y la macro no tienen nada que ver, es como buscarle los pies al gato con la astrología. Lo del '54 y el '72 lo dices tú, pero un eclipse no mueve un solo bono. Lo que mueve el bono es el BCE imprimiendo y los políticos repartiendo deuda a cuenta del futuro.

Y del enlace de Parravicini mejor ni hablamos, eso es para el subforo de conspiración, no para Economía. Los ciclos económicos se miden por deuda, tipos de interés e incentivos reales, no por el zodíaco sideral ni por la hora 12 de un reloj de Saturno.

Ahora, en lo que tienes razón: el que no presta atención a lo que se viene, llora de impotencia por dejadez. Eso sí que es de sentido común. El resto es conspiranoia cósmica para vender libros.

Y las elecciones de Israel y USA, pues como siempre: cambia el decorado, el saqueo sigue igual.
 

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