Segundo descarrilamiento en la Pérfida: infraestructura en caída
El Reino Unido vuelve a protagonizar una escena que ya no sorprende: un nuevo descarrilamiento se suma al registrado hace apenas unas semanas. Lo inquietante no es solo el hecho, sino lo que destapa: una red ferroviaria que envejece, flotas que se compran defectuosas y se reutilizan años después, y una clase política más pendiente de la fachada ecológica que de los raíles.
La anécdota que condensa el despropósito viene de los trenes Mark 5A, fabricados por la española CAF. TransPennine los adquirió con gran pompa, los retiró a los pocos años por grietas estructurales y, ahora, Chiltern Railways ha decidido ponerlos de nuevo en servicio. Un viaje de ida y vuelta al absurdo que retrata cómo se gestiona el mantenimiento en el otro lado del Canal.
Alemania, mientras tanto, sigue siendo la referencia de lo que ya no es: todos sus trenes llegan tarde, y el chiste se ha convertido en crónica. En este contexto, parte del análisis apunta a una decadencia generalizada de la infraestructura europea, no solo británica. Las teorías del sabotaje ruso circulan, pero el diagnóstico más sólido señala la falta de inversión crónica y los criterios de contratación cortoplacistas.
Visto en perspectiva, el segundo descarrilamiento no es un accidente: es un síntoma. Y el pronóstico, visto lo visto, no invita al optimismo.