El plátano de Canarias cuesta 2,77€ el kilo y sale del campo a 0,60€
El plátano de Canarias no es caro por lo que cuesta cultivarlo, sino por todo lo que le pasa desde que se corta. El precio base ronda los
2,77 euros el kilo —con descuentos del 30% cuando la fruta empieza a pasarse—, y en algún comercio de barrio llega a 3,25. La banana importada se ofrece a
1,39 euros. La pregunta que sobrevuela la cesta de la compra es por qué la fruta canaria triplica en la estantería lo que vale en origen.
¿Por qué el plátano de Canarias cuesta el triple de lo que sale del campo?
Porque entre la platanera y la caja se acumulan unos 2,40 euros por kilo de logística, manipulación y márgenes. El coste en origen se sitúa en torno a
60 céntimos el kilo, según el cálculo que circula; el resto lo añade el trayecto hasta el lineal.
El contraste escuece. La banana, que viaja miles de kilómetros más desde Centroamérica, se queda en unos 1,40 euros el kilo. Hay quien señala que esa cifra es inferior a lo que cuesta solo mover y vender el plátano canario:
un euro menos que la pura logística de la fruta de las islas. A eso se suma el apoyo público de
50 céntimos por kilo que se menciona. Y aun así, no baja.
La foto que abrió el asunto era elocuente: bandejas con el 30% de descuento porque nadie las compraba, fruta que se estaba pasando en el propio expositor. El problema no es la platanera. Es lo que se le suma por el camino.
¿Es lo mismo una banana que un plátano?
Genéticamente, hay quien sostiene que sí: misma variedad híbrida, sin semillas, reproducida por esquejes y sin diferencia genética relevante. El uso de un nombre u otro respondería, según esta lectura, a razones comerciales y de procedencia, no botánicas.
Otras corrientes matizan por composición. El plátano tendría menos almidones y más azúcares —de ahí su dulzor—, mientras que la banana cargaría más hidratos de carbono en forma de almidón. El plátano canario destaca por su fibra, con
2,22 gramos por 100 gramos, lo que lo hace útil frente al estreñimiento; la banana se asocia al caso contrario. Detrás de todo está la variedad
Cavendish, resistente al hongo Fusarium desde los años 50 y hoy casi única en el mundo. El propio hongo, con una cepa nueva, amenaza ese monopolio.
El supermercado que solo vende fruta sin manchas
La presencia manda. La fruta con motas acaba retirada aunque esté en buen estado. Una parte del análisis sostiene que el consumidor rechaza el plátano manchado incluso con descuento, y que por eso se prima la banana de aspecto impecable, aunque sepa a menos. En las imágenes de las bandejas rebajadas, los plátanos conservaban el color y la punta amarilla: no eran podredumbre, era madurez. Aun así, acabaron en la basura.
Ahí aparece la paradoja que se repite cada temporada: se tira fruta pocha del súper a diario y, en paralelo, los bancos de alimentos siguen pidiendo donaciones. El descuento del 30% sobre un sobreprecio desproporcionado, dicen algunos, sigue siendo un atraco si el comprador va a tener que tirarla al día siguiente.
Los precios de hace años y el papel de las cooperativas
Quien vivió años en Canarias recuerda mercados con plátanos maduros sueltos a
0,15 y 0,25 euros el kilo. Con la entrada de las cooperativas, la lógica habría cambiado: antes que bajar precios, se prefiere retirar producción para sostener la cotización. La falta de transformación —los subproductos del plátano— deja pocos días útiles entre la platanera y el consumidor.
Hay quien añade otro factor al sabor: que la fruta canaria llega a la península más madura que la importada, tras pasar tiempo en almacén, mientras la de Sudamérica se corta verde y aguanta mejor el viaje. De la platanera al plato, pocos días.
La comparación con el resto del mundo
En Estados Unidos el plátano de importación se paga a 0,39 dólares la libra, alrededor de
0,75 euros el kilo. También se apunta que los mismos plátanos canarios aparecen más baratos en supermercados franceses y alemanes que en España. El patrón se repite con la naranja, que sale más económica en Alemania, o con la almendra española, incapaz de competir con la estadounidense de cultivo intensivo. La banana abunda además porque su cultivo es latifundista y mecanizado, y llena bodegas enteras de barco.
Y no solo con la fruta. La escalada es general: quien compraba bananas por debajo de los 0,69 euros, luego a 0,99, ahora las ve a 1,40, con los alimentos subiendo en torno a un 8%. El consumidor va bajando escalones —del plátano a la banana, de la ternera al cerdo— sin saber cuántos le quedan.
Con estos números, lo previsible es que la brecha siga abriéndose mientras nadie encuentre motivo para pagar la diferencia. Si la variedad dominante se enfrenta a una cepa nueva del hongo, el mapa del plátano podría moverse. Cuándo, y a qué precio, todavía no lo sabe nadie.