China acelera en tecnología y Occidente ya no marca el paso
En un foro de debate, varios participantes sostienen que Occidente ha dejado de estar en la vanguardia tecnológica. Como ejemplos, mencionan un notebook de Huawei, un centro de almacenamiento modular de ORICO con capacidad para
168 terabytes, móviles con pantallas plegables y flexibles, y una industria automotriz —BYD y compañía— que avanza a gran ritmo. La pregunta que plantean ya no es si China alcanza a Occidente, sino cuánto tiempo llevan sin darse cuenta de que les ha pasado por la derecha.
El asunto no se limita a la electrónica de consumo. En el terreno militar, un usuario afirma que China prepara el cuarto portaaviones de su serie, con capacidad para
noventa aviones, y prueba un caza pesado trimotor de sexta generación cuyas maniobras acrobáticas, según los datos que maneja, no parecen propias de un aparato de ese peso. A eso se suma su propia estación espacial, que según otro participante ya opera como la más moderna del planeta. El avance, sostienen, es transversal: no hay campo donde no estén apretando.
El factor humano: más ingenieros que todo el resto del mundo junto
La explicación de fondo que da un usuario no es misteriosa. Afirma que China produce más egresados STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas— que los diez o quince países que le siguen
sumados, excluyendo a India. Y que eso ocurre cada año. Cuando un país genera más científicos e ingenieros que todo el resto del mundo junto, argumenta, la innovación deja de ser una sorpresa y se convierte en una cuestión de peso estadístico.
Hay quien sostiene que el mérito chino se reduce a copiar o espiar. El argumento se cae solo, según este participante, cuando se comprueba que las universidades chinas no regalan las notas: son durísimas. Y cuando se observa que los Premios Nobel, que se entregan desde 1901, miden casi un siglo de primacía europea y norteamericana, no el presente. El primer Nobel chino de Literatura llegó en el año 2000, con Gao Xingjian. Dos físicos de origen chino, Chen Ning Yang y Tsung-Dao Lee, ganaron el Nobel de Física en 1957, pero se los contabiliza como norteamericanos porque se habían ido a vivir allí. La fuga de cerebros fue el precio que China pagó durante décadas, concluye.
Europa: mucha norma y poca fábrica
El contraste con Europa es, para varios intervinientes, brutal. Aquí el talento existe —DeepMind se fundó en Londres y Google lo compró por menos de
500 millones de euros; ARM diseña los chips más eficientes del mercado móvil desde un chiringuito de Cambridge; ASML fabrica en Eindhoven las máquinas de litografía EUV que nadie más sabe hacer, con ópticas Zeiss alemanas de Jena y Mainz; Novo Nordisk apostó dos décadas por los antagonistas del receptor GLP-1— pero no se aprovecha. El problema no es la capacidad, es el ecosistema, sostienen.
La hiperregulación y la fiscalidad asfixiante se llevan la parte del león, según algunos participantes. Los cerebros se van o se quedan como becarios mal pagados. Mientras tanto, China optimiza desde el Estado, favoreciendo a las empresas más productivas y competitivas en cada momento: ahora todas las que huelan a inteligencia artificial, con Alibaba, Tencent y Baidu a la cabeza. La eficiencia china tiene un secreto incómodo, apunta otro usuario: la capacidad adquisitiva del trabajador chino sigue a años luz de la occidental media. El desarrollo se construye sobre un ahorro interno forzoso que Occidente no puede replicar sin desmontar su modelo social.
La deuda china: el dato que nadie quiere mirar
El otro lado de la moneda es la deuda. Un usuario cita el financiamiento social total chino —que agrega deuda pública, privada y de empresas—, que creció un
8,7% interanual, más del doble que el PIB, hasta los 437,08 billones de yuanes. Eso equivale a cerca del
312% del PIB esperado para 2025, frente al 303% a finales de 2024. La cifra procede de Michael Pettis y circula como el recordatorio de que el milagro chino también tiene su factura.
La distinción importa, señala otro participante: no es lo mismo deuda pública que deuda total, ni deuda externa que interna. Un Estado puede quebrar si no paga su deuda pública; una economía puede ahogarse si la privada se descontrola. En China, además, muchos bancos son estatales y muchas empresas endeudadas operan con garantía implícita del Estado, lo que difumina la frontera entre lo público y lo privado. El dato de Pettis no invalida el avance tecnológico, pero recuerda que el modelo tiene costes que no aparecen en los titulares de productos.
¿Qué ha cambiado en el relato occidental?
Durante los años noventa, los mismos medios que hoy alertan contra China vendían la idea de que había que invertir allí, que la empresa que no estuviera en China no tenía futuro, recuerda un usuario. Se forzaron deslocalizaciones y transferencias de tecnología de Occidente a Oriente. Cuarenta años exportando tecnología cuasi gratis para que unos espabilados ganaran un 10% más de margen. Ahora ellos inventan y producen, y aquí se hacen powerpoints.
El resultado, según varios intervinientes, es una Europa que se ha convertido en importadora neta de tecnología y en exportadora neta de normativa. La imagen que resume el cambio de ciclo: hace años una familia europea media tenía uno o dos coches y los chinos iban en bicicleta; ahora son ellos los que usan los coches y a nosotros nos quieren imponer las bicicletas. La ostia que se va a dar Europa, como dicen algunos, va a ser galáctica.
¿Cuánto tiempo tardará Occidente en admitir que ya no dirige el mundo, o ni siquiera hará falta que lo admita?