111 billones de deuda, Ormuz cerrado y las bolsas en máximos
Las bolsas estadounidenses siguen acariciando máximos históricos. Es la paradoja que ordena todo lo demás: la deuda pública mundial acaba de tocar los 111 billones de dólares —un 460% más que en el año 2000—, el estrecho de Ormuz lleva meses interrumpido y las hipotecas en Estados Unidos ya se firman al 7%. Y el Nasdaq no parpadea. Hay quien sostiene que este desacople entre los precios de los activos y la economía de a pie ya no se arregla con otro rebote de alivio. Llevan avisando tres entregas. Todavía no ha reventado nada, y eso es, según se mire, la prueba de que el sistema aguanta o la señal de que la mecha es más larga de lo que parece.
La deuda que ya no cabe en ningún balance
La cifra que resume el ciclo: 111 billones de dólares de deuda pública acumulada en el mundo en 2025, frente a unos 20 billones en el año 2000. Estados Unidos encabeza la tabla con 39 billones, seguido de China con 18,7 y la Unión Europea con 17,6. El ritmo estadounidense, un 8% anual desde el cambio de siglo, dobla el de las demás economías avanzadas. El chino, un 18% anual, juega en otra liga. La pregunta ya no es cuánto se puede deber, sino quién sostiene el primer tramo del vencimiento cuando el tenedor más grande del planeta —Japón, China, los ingleses— empieza a soltar lastre.
Ormuz, la urea y el petróleo que nadie mira
El estrecho de Ormuz no solo mueve crudo. El Golfo Pérsico concentra el 46% del comercio mundial de urea, el fertilizante nitrogenado más usado del planeta, y según los datos disponibles la zona lleva con cero barcos saliendo desde el 28 de febrero. El nitrógeno no admite esperas: el potasio y el fósforo aguantan un año parados, pero si no se aplica esta primavera, la cosecha simplemente no existe. El calendario que casi nadie publica apunta a un encarecimiento de la alimentación antes que a un colapso romántico. Mientras, las previsiones más agresivas sitúan el barril de Brent por encima de los 140 dólares antes de que acabe el año.
El euro digital que el BCE se afeita a sí mismo
Rareza poco frecuente: el Banco Central Europeo alertando por escrito de los peligros del euro digital, desde la fuga de liquidez bancaria hasta el encaje imposible con un límite máximo de 3.000 euros. El invento sigue sin confirmarse del todo como CBDC, pero su andamiaje ya está licitado: los italianos Almaviva —el grupo de la familia Caltagirone, con fondos del Plan Marshall en su origen— se llevan 150 millones de euros y entre cuatro y diez años de contrato para la app, la seguridad y el modo offline. Portugal pone la IA antifraude. Mucha infraestructura para algo que, sobre el papel, aún no existe.
El bono a 10 años como único dios
Hay un mantra que se repite hasta el agotamiento: solo importa el bono de Estados Unidos a 10 años; todo lo demás —el oro, la plata, las acciones— es ruido. La lógica es que las hipotecas y el crédito al consumo se referencian a esa curva, y que las economías periféricas acaban replicando a la Fed antes o después. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció un plan para «al menos duplicar» las recompras de bonos a largo plazo, y su propio mentor —Druckenmiller— lo puso a parir. La versión oficial es que se trata de una operación de liquidez rutinaria; la lectura extraoficial, que alguien necesita comprador para el papel largo.
Dos economías dentro de una
El patrón se repite en cada esquina del análisis: los fondos y las grandes empresas van como un tiro mientras el consumo de a pie se seca. Los indicadores adelantados que suelen mirarse —importaciones, afluencia a los comercios, caída de clientela en gimnasios de bajo coste, oferta que se estanca en las plataformas de segunda mano— hablan de un enfriamiento que no aparece en los índices bursátiles. Japón da el dato demográfico del ciclo: 686.061 nacimientos en 2024, el mínimo desde que hay registros en 1899, con 1,6 millones de muertes anuales. Y en España la población marca 49,4 millones, un récord que convive con un crecimiento cada vez menos repartido.
El metal que avisa primero
Antes que las bolsas, los metales. Se detectó falta de liquidez grave y capitulación en la plata, con los precios descolgándose del resto del complejo metálico. La tesis es que la plata y el oro son la primera línea donde se rompe la confianza en el papel, y que los movimientos raros en ese mercado suelen preceder a sustos mayores. En paralelo, y desmontando otro relato, las reservas probadas (2P) de Venezuela se quedan en 9.000 millones de barriles a 80 dólares, muy lejos de los 300.000 millones que circulan por redes: petróleo extrapesado, con azufre y sin refinerías dispuestas a tratarlo.
El detalle que casi nadie vio
Hay un par de anécdotas que valen más que cualquier gráfico. La primera, la de un cliente de una firma suiza de productos de lujo que prefirió perder 120 millones de euros de anticipo antes que seguir adelante con el encargo. La segunda, menos glamurosa: la evidencia de que gran parte del público con carrera universitaria no sabe qué es un bono ni de dónde sale el dinero que paga las pensiones. Entre medias, la cifra que descoloca: el IVA cumplió 40 años el pasado 1 de enero. El desglose completo de la cuenta atrás de la urea, siembra a siembra, contiene más detalle del que cabe aquí.
Por qué sube la bolsa si todo lo demás cae
La respuesta que circula es que el mercado no descuenta el presente, sino el rescate futuro. Cuando la deflación apriete, los bancos centrales imprimirán como en 2009; el dinero recién creado siempre llega antes a unos bolsillos que a otros, y ese dinero ya está descontado en los precios. Frente a ese relato, la corriente contraria sostiene que esta vez la impresora tiene un problema de credibilidad: con la deuda en 111 billones, cada punto de tipos cuesta más y el margen se estrecha. El S&P 500 en máximos es, para unos, la prueba del blindaje financiero; para otros, la patata caliente que los institucionales necesitan colocar entre particulares antes de salir.
Con hipotecas al 7%, Ormuz cerrado y el fertilizante escaseando, la pregunta no es si esto revienta, sino qué hará falta para que alguien se lo tome en serio. ¿Es el aviso número tres, o el tercero de una serie que ya nadie recuerda cómo empezó?