Comprar en las caídas: el plan a diez años que divide al inversor
Comprar mientras el mercado se despeña es una gran idea y una forma excelente de perder dinero. Las dos cosas a la vez, y sin manera de saber de antemano cuál de las dos toca. Hay quien lo ha decidido así: lleva dos semanas comprando, anuncia que a partir de ahora entrará más fuerte y asume el riesgo de agarrar el
cuchillo cayendo. Su horizonte pasa de los diez años y su cesta incluye big tech, alimentación, REITs, sector salud y, sobre todo, ETF del S&P 500. La pregunta que planea sobre cualquier compra en un mercado bajista no es si la estrategia es buena a diez años, sino cuánto duele el camino hasta entonces.
Qué compra quien dice que invierte a diez años vista
El criterio declarado no es difícil de resumir: empresas con buenos resultados, marcas asentadas y productos que uno usa o que usa gente de su entorno. Nada de buscar
pelotazos. La cartera resultante mezcla big tech en mayoría, ETF del S&P 500, alimentación, REITs y salud; otro interviniente añade índices globales, un holding de inversión y alguna tabaquera.
El matiz llega al distinguir corrección de baratura. Los supermercados, con Costco y Walmart a la cabeza, están corrigiendo su precio, pero siguen pareciendo caros a ojos de quien busca valor. El foco, por tanto, se desplaza a compañías en mínimos anuales que cotizan a precios de 2020 —o peores— con balances saneados si se excluyen los ejercicios de excepción. La diferencia entre «está bajando» y «está barata» es, en sí misma, toda una estrategia.
¿Conviene esperar a que la tendencia se dé la vuelta?
No, si se atiende al argumento dominante: mejor dosificar la entrada que esperar una señal que nadie emite. Nadie sabe cuándo el cuchillo deja de caer, y quien lo ve caer tiende a creer que seguirá cayendo incluso más abajo. Ese razonamiento sostiene las compras escalonadas: el mercado suele girar cuando el pesimismo es máximo, no cuando el consenso se pone cómodo.
A favor juega la paciencia como activo. La mejor inversión suele manifestarse de media siete años después de haberse hecho, según la máxima que se repite citando a Peter Lynch. Y el argumento estrella, según el ejemplo que se repite en el hilo: quien compró Amazon en lo más caro de 1999 perdió un 90% en 2001; quien no vendió, multiplicó por quince.
En contra pesa algo igual de obvio: mientras el suelo no esté hecho, comprar es pagar de más. La crítica más dura no discute el destino, discute las prisas. Y hay quien recuerda que el pánico verdadero aún no ha aparecido: lo visto hasta ahora es, en su opinión, un susto de risa comparado con lo que puede venir. Otros sostienen justo lo contrario, que estos días ya hay pánico y que antes solo había pesimismo.
Para quien no quiera decidir a ciegas circula un plan explícito: entrar con una parte al 25% de caída, ampliar entre el 45% y el 50% y agotar la liquidez si el desplome llega al 75-80%. Un reparto que reconoce lo único indiscutible del asunto: el punto de entrada nadie lo acierta.
El mito de la burbuja puntocom, revisado con números
El recurso al año 2000 se usa como argumento demoledor, y un participante responde con cifras: en 1999 se registraron unas 450 salidas a bolsa; la burbuja empezó a estallar en 2000 y el Nasdaq perdió casi un 80% de su valor en 2001. De ahí a concluir que quebró casi todo el mundo hay un trecho: ni todas esas empresas estaban en el S&P 500, ni todas desaparecieron.
El recuento que se cita en el hilo: a día de hoy hay 211 compañías del S&P 500 que entraron en el índice antes de 2001, más del 40%. Las que ya no están no quebraron necesariamente; muchas fueron sustituidas por otras de mayor capitalización, porque el índice es una lista viva que se reordena cada cierto tiempo.
También se compara el efecto de entrar en el momento equivocado. Quien compró en el peor tramo de 2007 tardó unos tres años en recuperar su inversión; quien entró en 2009 triplicó en el mismo plazo. De ahí el corolario que sostiene uno de los participantes: nadie con veinte años en el S&P 500 ha perdido dinero, con independencia del año de entrada. Se trata de una afirmación suya, apoyada en la serie histórica, y no de una garantía.
¿Por qué la Fed es el argumento bajista más serio?
Porque, según un participante, retira liquidez mientras pide paciencia. El banco central habría dejado claro que primará la bajada de la
inflación por encima del crecimiento y drena de media unos 120.000 millones de dólares mensuales del mercado. Con ese viento en contra, ese mismo interviniente califica de ilusión comprar por sistema y advierte incluso de una década de estanflación, con la expresión
growth recession en su argumentación.
La conclusión de esa corriente es simple: no comprar según qué cosas, porque puede caer todo a plomo. Enfrente, los compradores responden con otra obviedad: nadie sabe dónde está el suelo. La predicción más citada apunta a un S&P 500 en 1.800 puntos, y ni quien la formula promete fecha.
¿Cuánto capital hace falta para vivir de los dividendos?
Alrededor de 600.000 euros si se aspira a un 4% neto, lo que equivale a unos 2.000 euros al mes. Esa es la cuenta que circula, y va acompañada de una condición: que la vivienda esté pagada.
El camino previo importa tanto como la cifra. La receta que expone un participante combina ahorro alto —en torno al 40% del sueldo durante una veintena de años—, constancia y distancia del ruido. Como ejemplo de mecánica pura se pone un ETF de dividendo alto con aportaciones de 1.000 euros al mes durante diez años, y se invita a hacer las cuentas con el porcentaje que reparte.
Si algo puede anticiparse con estos mimbres es que las compras escalonadas seguirán, haya o no recesión, porque su lógica no depende del acierto. Quien las hace asume que puede pasar dos años más hacia abajo. Y quien no aguante una década en rojo, avisan los más veteranos, tiene muy pocas probabilidades de acabar en verde. El mercado no premia al que acierta el suelo; premia al que sigue ahí cuando ya nadie discute si era el suelo.