Vivir de rentas en la playa: el sueño que divide a los españoles
Cada verano hay quien declara que no piensa volver a la rutina. Esta vez el protagonista es un propietario de un apartamento en la costa de Murcia que asegura estar de vacaciones, no echar de menos su entorno digital habitual y plantearse quedarse en la playa viviendo de rentas. La reacción a semejante declaración no es unánime: mientras unos lo envuelven en sorna, otros exigen saber de qué rentas habla exactamente.
La fantasía del rentista es más vieja que el teléfono de 50 euros que alguien le espetó como prueba de que el plan no cuadra. Y es que la rentabilidad de un piso turístico en la costa levantina rara vez da para mantener un tren de vida al margen del trabajo. Los cálculos más optimistas exigen un patrimonio considerable para generar ingresos pasivos suficientes, y los escépticos recuerdan que con los gastos de comunidad, mantenimiento e impuestos, el margen se estrecha.
El trasfondo del comentario no es solo económico. La desconexión de los entornos digitales más hostiles se ha convertido en un pequeño lujo aspiracional. Quien pasa meses soportando provocaciones y ataques personales en cualquier rincón de internet entiende el deseo de no volver. La pregunta es si ese deseo se sostiene cuando llega septiembre y se acaban los ahorros.
Lo probable es que el regreso a la rutina se imponga, pero la tentación de no volver seguirá creciendo cada verano: con los alquileres turísticos al alza y las comunidades digitales cada vez más crispadas, el paraíso rentista gana adeptos aunque la cuenta bancaria diga lo contrario.