Quien de verdad vacía el bolsillo: impuestos, no inmigrantes
Hay una anécdota que condensa el debate sobre la “invasión”: un vecino de una zona de Cataluña con alta proporción de población migrante asegura que ningún inmigrante le ha robado un euro en toda su vida. Tampoco un catalán. Quien sí le ha vaciado la cartera, insiste, son los ayuntamientos, la policía y Hacienda. O lo que es lo mismo, el Estado.
La discusión sobre la llegada de migrantes como amenaza económica suele prescindir de los datos fiscales. Se habla de competencia por los servicios, de presión sobre la vivienda y de delincuencia, pero rara vez se pone encima de la mesa cuánto se lleva el IRPF, las cotizaciones sociales o las tasas municipales de la nómina de cualquier trabajador. La narrativa de la “invasión” cumple así una función política: desplazar el malestar del contribuyente hacia el extranjero.
Desde algunas posiciones se sostiene que la “invasión” ya ocurrió hace años y que el siguiente paso será ver a migrantes ocupando cargos en la administración y la política. El argumento apela al miedo antes que al padrón. Mientras tanto, quien aprieta el bolsillo mes a mes es el sistema impositivo, con una capacidad recaudatoria que ningún naufragio ni valla puede frenar.
Si alguien busca al responsable de sus cuentas de fin de mes, que revise la nómina. Ahí está la respuesta, en la casilla del IRPF. Y, sin embargo, nadie se manifiesta contra ella.