La teoría del terremoto artificial en Venezuela: ¿Operación económica de EEUU?
Un terremoto reciente en Venezuela ha reavivado una vieja sospecha: que Estados Unidos tendría capacidad técnica para generar seísmos artificiales con el objetivo de desestabilizar países y aprovecharse económicamente. La discusión, alimentada en círculos de internet, apunta directamente a la falla geológica de La Guaira y a precedentes como el proyecto Castor en Tarragona, donde la extracción de gas por fracking provocó pequeños temblores.
El núcleo de la teoría es que el seísmo —cuyo epicentro se situó a 10 km de profundidad— podría haber sido inducido mediante explosiones submarinas controladas por submarinos nucleares o mediante tecnología de ondas. Los defensores de esta hipótesis sostienen que, tras el desastre, inversores estadounidenses comprarán a precio de saldo activos venezolanos. «Me juego 1.000 € a que en 5 años Venezuela está lleno de rascacielos y empresas de EEUU», se lee en los foros.
Sin embargo, la comunidad científica recuerda que los grandes terremotos no se inducen fácilmente. El caso de Castor fue un ejemplo de sismicidad inducida, pero de baja magnitud. El terremoto venezolano, en cambio, tuvo una magnitud considerable. Además, la región de La Guaira se encuentra sobre una fractura activa, lo que hace más plausible una causa natural.
La conexión política tampoco se queda atrás: algunos ven paralelismos con el terremoto de Lorca en España (2011), donde se especuló con un posible ataque de falsa bandera vinculado a maniobras diplomáticas con Marruecos. O con el caso Epstein y Trump, traído a colación para argumentar que ningún presidente cambia el supuesto plan profundo de EEUU.
Lo cierto es que la teoría carece de pruebas técnicas contrastadas. Pero su persistencia revela una desconfianza profunda hacia el relato oficial —y un escepticismo que, en tiempos de polarización, encuentra en cualquier desastre natural un posible complot económico.