El estudio que sitúa la Gran Pirámide 35.000 años antes de lo oficial
Un reciente estudio del ingeniero Alberto Donini, publicado en Zenodo, propone que la Gran Pirámide de Giza fue construida entre el 8.954 a.C. y el 36.878 a.C., un margen de casi 28.000 años. La cronología académica la sitúa en torno al 2.580 a.C. La diferencia es abismal, y el método empleado –datación por termoluminiscencia– ha reavivado las dudas sobre la fiabilidad de las técnicas de datación en piedra.
Un rango que lo abarca todo
El estudio asigna una probabilidad del 68,2% a que la construcción ocurriera en ese intervalo. Es decir, casi un 70% de posibilidades de que la pirámide se levantara en un periodo de 27.900 años. Como señaló algún analista, con semejante horquilla no se puede afirmar gran cosa. "Casi un 70% de que la pirámide se construya en un rango de tiempo de 27.900 años. Esto sí que es un método científico", ironizó un comentarista. La crítica principal es que la termoluminiscencia, aunque aplicable a materiales inorgánicos, depende de múltiples parámetros (temperatura, humedad, radiación ambiental) que varían enormemente en escalas de decenas de miles de años, especialmente en una zona donde el clima ha pasado de ser una sabana húmeda a un desierto árido.
El problema del clima y la erosión
Varios análisis apuntaron que hace 35.000 años el paisaje egipcio era radicalmente distinto: ríos, vegetación abundante, un clima más frío. La propia esfinge y las pirámides muestran patrones de erosión que algunos atribuyen a lluvias torrenciales, no solo al viento y la arena. Esto sugiere que podrían ser mucho más antiguas de lo que se cree. Sin embargo, el método utilizado por Donini parte de medir la erosión actual y proyectarla linealmente hacia atrás, ignorando los cambios climáticos. Como resumió un analista: "Mide la erosión de los últimos años, aplica un modelo lineal y le sale esa cifra, que básicamente se ha sacado del ojete."
El salto tecnológico imposible
Más allá de las cifras, el debate de fondo es cómo una civilización neolítica pudo pasar de construir mastabas de adobe a erigir monumentos de piedra caliza de 2,3 millones de bloques, con tolerancias milimétricas, en apenas un par de siglos. Algunos defienden que hubo un conocimiento previo perdido; otros, que la evolución desde las mastabas hasta las pirámides de Giza está documentada y no requiere intervención extraterrestre ni civilizaciones anteriores. La Pirámide Romboidal de Snefru, con su cambio de ángulo, suele citarse como un experimento que demuestra aprendizaje por ensayo y error.
El estudio de Donini no va a cambiar los libros de historia, pero fuerza a preguntarse hasta qué punto nuestras técnicas de datación son fiables cuando hablamos de piedra. Mientras el carbono-14 no sirve y la termoluminiscencia arroja horquillas de 28.000 años, la Gran Pirámide sigue guardando sus secretos. La pregunta que queda en el aire es si realmente sabemos cuándo se construyó, o si solo estamos proyectando nuestras limitaciones técnicas sobre el pasado.
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