La gran mentira del eclipse total: ni fue total ni la hora coincidió
¿Se puede organizar un espectáculo natural con la precisión de un banco central y fallar en lo único que importaba, la hora y la oscuridad total? La respuesta, ayer, fue un sí rotundo. El eclipse solar que debía sumir en la noche a media Península dejó a millones de espectadores con las gafas puestas y la mirada en un cielo que solo oscureció a medias. Las aplicaciones de predicción se quedaron cortas, las televisiones habían prometido un espectáculo celestial y la realidad fue bastante más terrenal.
Las predicciones fallaron, la oscuridad tampoco
Los cálculos que manejaban millones de personas para saber a qué hora mirar al cielo se desviaron varios minutos en muchas localidades. Y no solo eso, el grado de completud que prometían las aplicaciones web tampoco se ajustó a lo observado en algunas zonas. Mientras, la televisión pública había calentado el evento durante dos semanas con la intensidad de una campaña electoral, generando expectativas que la realidad no pudo sostener.
El negocio del eclipse: gafas certificadas y lesiones oculares
La paradoja de este fiasco astronómico es que, pese a las molestias y los avisos, hubo quien se tomó la protección como una sugerencia. Los testimonios de personas con molestias oculares empezaron a circular poco después del evento. Las búsquedas de dolor de ojos se multiplicaron por 8 en las últimas 24 horas, un indicador tan fiable como el miedo de los que prefieren no ir al médico y preguntarlo todo en internet. Algunos ya hablan de reclamaciones legales contra televisiones y fabricantes de gafas, aunque probablemente acaben como las lágrimas de emoción de anoche, en nada.
La física que nadie explicó
Decepción. Demasiados esperaban una noche cerrada en plena tarde, como si la Luna apagara un interruptor. No es así. Durante la totalidad, la corona solar sigue brillando con la intensidad de una luna llena, y el cielo adquiere un tono de crepúsculo profundo, con estrellas visibles y un atardecer de 360 grados en el horizonte. Ver cierta luz no significa que el eclipse fuera falso, era la prueba de que estaba ocurriendo de verdad.
El problema es que ese matiz científico no llegó a la audiencia, que esperaba el apagón total que prometían los telediarios. Cuando no llegó, las redes se llenaron de conspiranoicos y de decepcionados. La ministra de Ciencia, Diana Morant, intentó vender el evento como un éxito pedagógico, pero sus palabras sonaron más a autobombo que a explicación.
Con estas premisas, el balance del gran eclipse del año es agridulce: los astrónomos dirán que fue un éxito técnico, los medios que cumplió con el guion, y la gente que salió a la calle, que le faltó oscuridad y le sobró humo. Así que la próxima vez, mejor consultar una tabla astronómica antes que un telediario. O quedarse en casa y ahorrarse la decepción, que ya es bastante ruido para tan poca sombra.