La ofensiva evangélica en Iberoamérica: predicadores, dinero y sospechas de injerencia
El 25 de agosto de 2025, el analista Francisco José Fernández Cruz Sequera publicó un extenso vídeo de más de tres horas y media sobre la expansión del movimiento evangélico sionista en Iberoamérica. El material, difundido en su canal «Clave Geopolítica», ha reavivado un debate que lleva décadas cocinándose: hasta qué punto el auge del evangelismo en la región responde a un fenómeno religioso espontáneo o a una operación orquestada desde Estados Unidos.
La tesis central que recorre el análisis es que las iglesias evangélicas, especialmente las de corte pentecostal y de la prosperidad, han crecido a costa de las poblaciones más humildes y menos formadas. Utilizan técnicas de marketing masivo –radios, estadios, promesas de milagros– y, desde los años 60, habrían recibido financiación de la CIA como herramienta para contrarrestar la influencia del socialismo y el comunismo en América Latina. La correlación entre mayor penetración evangélica y mayor inestabilidad política y económica en la región no es casual, según quienes esgrimen esta hipótesis.
El ascensor social católico, desmantelado
Uno de los puntos más llamativos del debate es la idea de que el catolicismo funcionaba en Iberoamérica como un ascensor social, proporcionando cohesión y estructuras de movilidad que el evangelismo, con su énfasis en la teología de la prosperidad, no solo no sustituye, sino que erosiona. La destrucción de ese tejido habría dejado a las clases populares sin red, más vulnerables a discursos de salvación individual y menos inclinadas a la acción colectiva. A esto se suma la crítica a la jerarquía católica post-Concilio Vaticano II, acusada de haber abandonado su papel tradicional.
Frente a esta corriente, otro sector defiende que el evangelismo representa una vuelta al cristianismo primitivo, liberado de las «contaminaciones» grecolatinas y políticas de Roma. Los pentecostales, argumentan, son la verdadera iglesia, heredera de los tres primeros siglos, y su crecimiento es una señal de revitalización espiritual. Sin embargo, esta postura choca con las acusaciones de injerencia extranjera y de estar al servicio de intereses geopolíticos.
Un formato inflado que oculta el fondo
Más allá del contenido, el formato del vídeo –casi cuatro horas de directo– ha generado críticas incluso entre quienes comparten las tesis de fondo. Se señala que el 75% del tiempo es divagación y que un análisis más conciso habría bastado. La discusión en torno al formato refleja una queja recurrente en el ecosistema de análisis geopolítico en YouTube: la tendencia a alargar los contenidos sin estructura.
En cualquier caso, el debate sobre el papel del evangelismo en Iberoamérica sigue abierto. Las cifras de crecimiento son innegables –Brasil, Guatemala, Honduras–, pero las explicaciones sobre sus causas y consecuencias distan de ser unánimes. Lo que queda claro es que, tras el discurso de la fe, se mueven intereses que van más allá de lo espiritual.