El futuro migratorio de España pasa por el África subsahariana
El futuro migratorio de España no será musulmán; será subsahariano. La tesis de que el país acabará mayoritariamente islámico pierde apoyos con los datos de natalidad del norte de África: la fertilidad en Marruecos lleva años en caída libre, y los inmigrantes de esa región reproducen aún menos hijos que en origen. Pero el relevo no vendrá de América Latina, sino del África subsahariana.
Se argumenta que cerca del 80% de los inmigrantes actuales proceden de Latinoamérica, un flujo que también tiende a agotarse a medida que cae la natalidad en esos países y mejora su nivel de vida. El África subsahariana, en cambio, concentrará más de la mitad de la población mundial en 2080, según las proyecciones manejadas. La presión migratoria desde esa región ya se nota: el porcentaje de inmigrantes subsaharianos sobre el total no deja de crecer.
El matiz que muchos olvidan: la línea entre «musulmán» y «subsahariano» es falsa. Una parte significativa de los migrantes que llegan del África subsahariana también practica el islam, de modo que el reemplazo étnico no implica necesariamente un cambio religioso. Por otro lado, el factor económico sigue siendo determinante: los flujos se frenarán cuando la crisis golpee de nuevo a la economía española y el nivel de vida deje de compensar el viaje.
Un apunte que suele citarse sobre el reparto territorial: Sevilla sigue siendo la gran ciudad española con menor presencia de población extranjera, un recordatorio de que la inmigración no se distribuye de forma homogénea.
La fotografía final de España dentro de cinco décadas dependerá de variables difíciles de modelar: el ritmo de convergencia de África, la política de fronteras europea y la evolución de la natalidad autóctona. La única certeza es que el país ya no será lo que era. El resto es un ejercicio de futurología.