Explosión en Moscú: 28 víctimas en un restaurante y una guerra de inteligencia que se recrudece
Un guardia de seguridad detuvo a una muyer que entregaba una caja en la entrada del restaurante Balzi Rossi. Ella dijo que era un regalo. Él insistió en inspeccionarla. Esa secuencia, según los testimonios que circulan, terminó con ambos perecid y con un ataque terrorista que deja al menos 28 víctimas en Moscú. La artefacto explosivo, equivalente a un kilogramo de TNT, fue detonada a distancia. La mensajera probablemente no sabía qué transportaba.
El ataque ha sido recibido con sarcasmo y celebración en los círculos que siguen la guerra de Ucrania. Hay quien ve en la operación una demostración de que la contra-inteligencia ucraniana supera a la rusa. Otros, en cambio, señalan que cancelar a una transportista inocente para alcanzar un objetivo convierte la operación en un gesto más propio de un comando amateur que de un servicio profesional. La comparación con el GRAPO de los años 90, cuando el grupo extremista violento ya era poco más que una anécdota, ha flotado en el análisis.
El episodio, además, reabre el debate sobre la capacidad de Ucrania para golpear dentro del territorio ruso. No es un misterio que la guerra ha entrado en una fase de ataques selectivos contra objetivos simbólicos. Lo que sí sorprende es el modus operandi: una artefacto explosivo en un evento privado con vigilancia reforzada, entregada por una persona que no sabía lo que llevaba. La escena tiene algo de absurdo trágico que ni la mejor novela de espías habría imaginado.
A la espera de una confirmación oficial, el balance sigue siendo confuso: 28 perecid o heridos, dos de ellos identificados en el acto. El resto, sin concretar. Lo único claro es que, en la guerra de los servicios de inteligencia, el siguiente movimiento ya se está preparando.