Falange vs Vox: la guerra interna que resucita viejas heridas
El último rifirrafe entre Falange y Vox no es un simple ajuste de cuentas entre dinosaurios de la ultraderecha. Es la crónica de una fractura ideológica que lleva décadas latente y que la Agenda 2030 ha vuelto a poner sobre la mesa.
El detonante: un colgante y un tuit
Todo arranca con un vídeo de Jordi de la Fuente, exdirigente del MSR y ahora en Vox, luciendo un colgante con el logotipo del sindicato Solidaridad. Inmediatamente, cuentas afines a Falange le acusan de venderse al régimen y de ser un 'tibio' frente al PP. La crítica no es nueva: para los falangistas ortodoxos, Vox es el mismo perro con distinto collar, un 'PP2030' que no rompe con Bruselas ni con la OTAN.
El colgante no es casual. Solidaridad es un sindicato de origen falangista, pero que hoy milita en Vox. Para unos, es una prueba de coherencia; para otros, de traición. El tuit que abre el hilo —con un 'Impresionante' de burla— lo resume: Falange no tiene diputados, Vox sí, pero ¿para qué? La pregunta flota en el ambiente.
Las dos almas de la derecha radical
Por un lado, los puristas: los que consideran que Vox ha claudicado al pactar con el PP de Guardiola y María Guardiola, y que su discurso anti-2030 es puro postureo. "Dentro de su limitada capacidad al menos le ponen collar al PP2030", concede uno. Pero otro responde: "Vox puede pedir salir de la OTAN y de la UE, pero no tiene cojones". La acusación es clara: Vox es una muleta del Régimen del 78.
Por el otro, los pragmáticos: los que votan a Vox aunque lo consideren blando, porque es la única opción con posibilidad de frenar al PP. "Falange > NN > DN > FO > Vox, pero la gente solo votará a Vox", resume uno. Es la lógica del mal menor, que no convence a los ultras más veteranos.
Llama la atención que, entre los argumentos, aparezca una curiosa tesis: que los principales defensores de Al-Ándalus en España fueron franquistas y falangistas. Nombres como Ignacio Olagüe o el mismo Franco son citados como ejemplos de islamofilia entre las élites ultraderechistas. El mensaje es que la islamofobia de Vox sería, en realidad, una impostura para captar votos, mientras que la vieja guardia falangista mantenía una relación ambigua con el Islam.
El dato que nadie discute
Nadie niega que Falange no tiene representación parlamentaria. Su influencia es residual, pero su capacidad de agitación sigue siendo real. En este debate, los falangistes actúan como la conciencia incómoda de Vox, recordándole sus propias contradicciones. El resultado es un festival de pullas y reproches que, más que aclarar posiciones, las endurece.
La pregunta que nadie responde es si esta guerra de cuchillos largos beneficia a la izquierda o la derecha. Lo único cierto es que, cuando la extrema derecha se pelea, el que ríe suele ser el establishment.
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