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Los vídeos falsos con IA: del pelotazo en TikTok al bloqueo en cadena
43 seguidores el primer día. Setenta y ocho antes de cumplir las 48 horas. Así arrancó el proyecto etiquetado como AI kiss fake, que genera con inteligencia artificial escenas falsas entre caras conocidas y las publica en TikTok e Instagram. El objetivo declarado era sumar seguidores y, más adelante, convertirlos en ingresos. El primer obstáculo no fue la competencia ni la falta de ideas: fue la suspensión de cuenta. A los pocos días, la conversación había pasado de celebrar el crecimiento a discutir por qué las plataformas cierran unas cuentas y dejan vivas otras.
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Qué es AI kiss fake y cómo se produce
El proyecto nació bajo la etiqueta AI kiss fake. Son vídeos, en su mayoría breves, en los que personajes conocidos de la política y la televisión aparecen besándose o en escenas de pareja que nunca ocurrieron. La producción se apoya en herramientas de generación de imagen y vídeo que el grupo va afinando: uno de los participantes describe el generador Flux 1.1 como «una maravilla haciendo humanos», y para el canal posterior de videojuegos se mencionan Grok para las imágenes y Minimax para el vídeo. El flujo es industrial: se genera, se publica, se mide y se corrige. La ambición, según el mensaje de lanzamiento, era convertir a los primeros seguidores en una suerte de accionistas de un estudio que todavía no factura nada.
De 43 a 78 seguidores en menos de dos días
Las cifras del arranque son de manual. Un día con 43 seguidores y más de 100 visitas; al poco, 47; y antes de las 48 horas, 78. El autor no tardó en bromear con que estaba «destruyendo» a los grandes acumuladores de seguidores y con que había superado a cuentas a las que él mismo seguía. La curva se rompe pronto. Una de las cuentas cae por incumplir «supuestamente» las normas comunitarias y obliga a apelar. Otro de los participantes reconoce haber perdido tal cantidad de perfiles —incluso una cuenta de correo— que acumula bloqueos en cadena, y el autor del proyecto bromea con acabar en la cárcel. Crecimiento rápido y riesgo permanente de desaparición: el sector en una frase.
La comunidad como cantera de técnicas
El proyecto no avanza solo. Buena parte del trabajo consiste en intercambiar métodos, prompts y combinaciones de generadores de imagen y vídeo. Se piden nombres de famosos para los próximos montajes, se comparten ajustes y se presume de curvas de visitas. El reverso es la copia: en cuanto una idea funciona, aparecen canales con el mismo formato en cuestión de días. Si el negocio depende de ir por delante del algoritmo, tener la fórmula al alcance de cualquiera se convierte en un problema.
El pivote: de las caras famosas a los videojuegos
El 1 de enero de 2025 quedó fijado como fecha para abrir un canal «vainilla», explícitamente no ofensivo para las plataformas. La idea: dejar atrás a los famosos y animar con IA personajes de videojuegos —Pokémon, Kratos, Halo— en vídeos variados y aptos para todo público. El lema era elocuente: «Me voy a hacer in-baneable». A las pocas horas el canal sumaba 196 visitas, cifra que su autor defendía como prueba de que el enfoque funcionaba. El giro responde a una lógica de supervivencia: si no se puede ganar con contenido límite, se juega con uno que no active la suspensión.
¿Por qué TikTok e Instagram bloquean unas cuentas y no otras?
Aquí aparece el muro. Los mensajes describen normas comunitarias aplicadas de forma desigual: vídeos que se corrompen al subir y aun así superan las 300 visitas en un minuto, canales clonados que sobreviven mientras otros caen, calificaciones de «contenido para adultos» que llegan sin explicación. Una parte del análisis sostiene que la arbitrariedad es el rasgo estructural de las plataformas y que esa inseguridad hace imposible planificar nada a medio plazo. Se argumenta, además, que este tipo de políticas está empujando a parte del público joven de vuelta a YouTube. De ahí surge la petición, medio en broma medio en serio, de una plataforma alternativa para creadores que trabajan con IA.
Monetización: contenido reutilizado y el curso de 6.000 euros
La meta es cobrar. Un participante explica que ha solicitado la monetización de su canal a sabiendas de que, por reutilizar material, la respuesta será negativa. Otro cuenta que un vídeo suyo superó las 10.000 visualizaciones y le trajo 60 seguidores nuevos por cinco minutos de trabajo. La otra cara la pone la broma recurrente del curso de 6.000 euros, con alusión a financiarlo y a la posterior reclamación de cuotas, recordatorio de que en este ecosistema lo que a veces se vende es la promesa y no el resultado.
El grupo ha aprendido a producir, a medir y a esquivar. Lo que no ha logrado es deducir por qué una cuenta recibe 10.000 visualizaciones y otra, cinco. Con 47 seguidores y 196 visitas sobre la mesa, la pregunta sigue abierta: si ni quien gestiona las cuentas conoce las reglas, nadie puede garantizar que el negocio dure.
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La arbitrariedad de las plataformas hace imposible planificar40%
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