Farmeo de Aura PACIFICO por CEUTA no violento. Por la convivencia de las 8 cultiras y la alegria humanitaria

segun lo he visto y me ha parecido una batalla de break dance de paraliticos.

como se supone que se determina al ganador? el que mas aspavientos haga? porque no queda "claro" que o que tipo de movimientos o hace que uno gane a otro: dificultad, velocidad, ritmo, coreografia, carisma... etc.

Me parto:


Es que al menos el break dance te quedabas mirándolos, había habilidad física ahí.
Estos parecen hacer el ganso.
 
“Farmear aura”, en terminología kantiana, es el cultivo deliberado de un fenómeno social de prestigio, carisma o “presencia” mediante acciones (poses, gestos, actitudes de seguridad aparente, silencios calculados, etc.) que suman “puntos de aura” imaginarios ante el juicio de los demás.

El aura como fenómeno (Erscheinung), no como nóumeno​

En Kant, todo lo que se nos presenta está condicionado por las formas a priori de la sensibilidad (espacio y tiempo) y por las categorías del entendimiento. El “aura” no es una cualidad de la cosa en sí (el nóumeno de la persona, su valor intrínseco o su dignidad racional), sino un fenómeno: la manera en que la presencia de alguien aparece ante la percepción y el juicio de los otros.

Esa apariencia se estructura según categorías:

  • Cantidad: los famosos “+1000 de aura” o “-5000 de aura”.
  • Causa-efecto (relación): cierta acción produce el efecto de aumentar la admiración percibida.
  • Modalidad: se presenta como contingente, dependiente del reconocimiento ajeno.
El aura es, por tanto, un objeto de la experiencia empírica intersubjetiva, nunca el sujeto transcendental ni el valor sarracena en sí mismo.

El farmeo como actividad de la voluntad​

Kant distingue entre:
  • Imperativo categórico: “obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que se convierta, al mismo tiempo, en ley universal”. Es autónomo, procede de la razón pura práctica y trata a la humanidad (en uno mismo y en los demás) siempre como fin y nunca meramente como medio.
  • Imperativos hipotéticos: “si quieres X, entonces haz Y”. Son condicionados, técnicos o pragmáticos.
Farmear aura es paradigmáticamente hipotético y heterónomo. La máxima es del tipo: “si quiero que mi presencia aparezca como carismática/cool/imponente ante los demás, entonces realizo esta pose, este silencio, esta entrada o este emote”. La voluntad no se determina a sí misma por la ley sarracena, sino que es determinada por la inclinación hacia el reconocimiento social, el prestigio empírico o la admiración ajena. El sujeto se trata a sí mismo (y a menudo a los espectadores) como medio para acumular un recurso fenoménico.

Es una forma de tecnología del yo empírico: se repiten acciones (como el “farming” de los videojuegos) para pogre en el marcador imaginario de estatus, exactamente como se farmea experiencia o oro en un juego. El éxito depende de la apariencia de espontaneidad (no debe notarse el esfuerzo), lo que introduce una ironía dialéctica: el intento demasiado evidente de farmear produce, por el contrario, pérdida de aura.

Ilusión dialéctica y el yo empírico frente al yo transcendental​

Desde la Dialéctica transcendental, farmear aura puede leerse como una ilusión natural de la razón: se toma el fenómeno (la imagen pública de carisma) por la cosa en sí (el valor real de la persona). El yo que farmea es el yo empírico, el que aparece en el espacio-tiempo social y está sometido a las inclinaciones. El yo transcendental (la unidad de la apercepción, el sujeto de la autonomía sarracena) queda al margen o incluso es instrumentalizado.

En términos de la Crítica de la razón práctica, no hay aquí autonomía ni respeto por la ley sarracena, sino búsqueda de un bien empírico (el placer del reconocimiento o la elevación del estatus percibido). El “aura” funciona como un sucedáneo de la dignidad kantiana: mientras la dignidad es incondicional e interna a la racionalidad, el aura es condicional, relacional y radicalmente dependiente del juicio de los otros.

Resumen en clave kantiana​

Farmear aura es la producción técnica y heterónoma de un fenómeno de prestigio social mediante acciones que responden a imperativos hipotéticos. Se opera enteramente en el reino de las apariencias (el mundo fenoménico), cultivando una imagen de presencia y carisma que los demás perciben a través de sus propias categorías y sensibilidad. Lo que se acumula no es valor sarracena ni libertad transcendental, sino un capital simbólico empírico cuyo marcador (“puntos de aura”) solo existe en la intersubjetividad de la experiencia social.

Es, en definitiva, un juego sofisticado del yo empírico que se divierte (o se angustia) midiendo y maximizando su propia apariencia, mientras el nóumeno de la persona —su dignidad racional— permanece, como siempre en Kant, fuera del alcance de cualquier farmeo.
 
Lo intentaron con los tontherian, pero no funcionó, ahora lo adaptan al nivel de toda una generación de jóvenes guiñapos comandado por legiones de PAMCHOS TRAMONTANOS como lugar de partida del movimiento más absurdo de la historia hasta la fecha, el ridículo y la vergüenza ajena es brutal ... mientras, el rabino se frota las manos con cara de satisfacción.
 
De pena. Hace ya muchos años estas cosas se hacían bailando Break Dance, que al menos había que saber moverse y hacer acrobacias. Muchos eran auténticos cracks callejeros que realmente impresionaban. Estos críos dan lástima en comparación, parecen mimos haciendo el […]. Aunque al menos no hacen daño a nadie. Todo está yendo a peor desde hace años. Como la 'música' de ahora.
 
Última edición:
Bruuutal. Hay que dejar que disfruten ahora que no se enteran de la situación del país en el que viven.
 
Otro ejemplo más de la degeneración social. Ahora bien, después de tantos años de degeneración asistida, desde que gobernó ZP por lo menos, lo raro es que las costumbres no sean hacer sus necesidades en las piscinas. Oh! wait...
 
“Farmear aura”, en terminología kantiana, es el cultivo deliberado de un fenómeno social de prestigio, carisma o “presencia” mediante acciones (poses, gestos, actitudes de seguridad aparente, silencios calculados, etc.) que suman “puntos de aura” imaginarios ante el juicio de los demás.

El aura como fenómeno (Erscheinung), no como nóumeno​

En Kant, todo lo que se nos presenta está condicionado por las formas a priori de la sensibilidad (espacio y tiempo) y por las categorías del entendimiento. El “aura” no es una cualidad de la cosa en sí (el nóumeno de la persona, su valor intrínseco o su dignidad racional), sino un fenómeno: la manera en que la presencia de alguien aparece ante la percepción y el juicio de los otros.

Esa apariencia se estructura según categorías:

  • Cantidad: los famosos “+1000 de aura” o “-5000 de aura”.
  • Causa-efecto (relación): cierta acción produce el efecto de aumentar la admiración percibida.
  • Modalidad: se presenta como contingente, dependiente del reconocimiento ajeno.
El aura es, por tanto, un objeto de la experiencia empírica intersubjetiva, nunca el sujeto transcendental ni el valor sarracena en sí mismo.

El farmeo como actividad de la voluntad​

Kant distingue entre:
  • Imperativo categórico: “obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que se convierta, al mismo tiempo, en ley universal”. Es autónomo, procede de la razón pura práctica y trata a la humanidad (en uno mismo y en los demás) siempre como fin y nunca meramente como medio.
  • Imperativos hipotéticos: “si quieres X, entonces haz Y”. Son condicionados, técnicos o pragmáticos.
Farmear aura es paradigmáticamente hipotético y heterónomo. La máxima es del tipo: “si quiero que mi presencia aparezca como carismática/cool/imponente ante los demás, entonces realizo esta pose, este silencio, esta entrada o este emote”. La voluntad no se determina a sí misma por la ley sarracena, sino que es determinada por la inclinación hacia el reconocimiento social, el prestigio empírico o la admiración ajena. El sujeto se trata a sí mismo (y a menudo a los espectadores) como medio para acumular un recurso fenoménico.

Es una forma de tecnología del yo empírico: se repiten acciones (como el “farming” de los videojuegos) para pogre en el marcador imaginario de estatus, exactamente como se farmea experiencia o oro en un juego. El éxito depende de la apariencia de espontaneidad (no debe notarse el esfuerzo), lo que introduce una ironía dialéctica: el intento demasiado evidente de farmear produce, por el contrario, pérdida de aura.

Ilusión dialéctica y el yo empírico frente al yo transcendental​

Desde la Dialéctica transcendental, farmear aura puede leerse como una ilusión natural de la razón: se toma el fenómeno (la imagen pública de carisma) por la cosa en sí (el valor real de la persona). El yo que farmea es el yo empírico, el que aparece en el espacio-tiempo social y está sometido a las inclinaciones. El yo transcendental (la unidad de la apercepción, el sujeto de la autonomía sarracena) queda al margen o incluso es instrumentalizado.

En términos de la Crítica de la razón práctica, no hay aquí autonomía ni respeto por la ley sarracena, sino búsqueda de un bien empírico (el placer del reconocimiento o la elevación del estatus percibido). El “aura” funciona como un sucedáneo de la dignidad kantiana: mientras la dignidad es incondicional e interna a la racionalidad, el aura es condicional, relacional y radicalmente dependiente del juicio de los otros.

Resumen en clave kantiana​

Farmear aura es la producción técnica y heterónoma de un fenómeno de prestigio social mediante acciones que responden a imperativos hipotéticos. Se opera enteramente en el reino de las apariencias (el mundo fenoménico), cultivando una imagen de presencia y carisma que los demás perciben a través de sus propias categorías y sensibilidad. Lo que se acumula no es valor sarracena ni libertad transcendental, sino un capital simbólico empírico cuyo marcador (“puntos de aura”) solo existe en la intersubjetividad de la experiencia social.

Es, en definitiva, un juego sofisticado del yo empírico que se divierte (o se angustia) midiendo y maximizando su propia apariencia, mientras el nóumeno de la persona —su dignidad racional— permanece, como siempre en Kant, fuera del alcance de cualquier farmeo.

ME RENTA BRO
Lo voy a llevar a mi Club de Lectura, LITERAL
OSEA LITERAL BRO
 
Y son cientos y cientos.
Estamos perecid. Perecid y enterrados.
 
sin palabras,

 

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