Feijóo elige la batalla equivocada: las bajas laborales como chivo expiatorio
¿Qué lleva a un líder de la oposición a meter el dedo en la llaga justo en el bolsillo del trabajador cuando el país le pide soluciones a la vivienda, la inflación o la sanidad? Esa es la pregunta que ronda desde que Alberto Núñez Feijóo, en una conferencia, tachó de “cáncer” el incremento de las bajas médicas y propuso recortar su cobertura. El mensaje, leído textualmente, no dejaba margen: el líder del PP apuntaba directamente a los currantes como parte del problema, olvidando cualquier otra partida de gasto público.
La reacción no se ha hecho esperar. El debate en redes y foros ha sido demoledor: ¿por qué un partido que aspira a gobernar arranca su campaña señalando a quienes cotizan y sostienen el sistema? El momento elegido, además, roza lo inoportuno: justo cuando encuestas hipotéticas dan al PSOE tocado y los votantes de centroderecha buscan un discurso firme, Feijóo elige poner el foco en un derecho laboral básico.
El problema real de las bajas: ¿fraude o saturación sanitaria?
Detrás del ascenso de las bajas laborales hay factores que el discurso político simplifica. Por un lado está el envejecimiento de la población activa y el aumento de enfermedades crónicas. Pero hay un factor que el propio PP debería mirar: el deterioro de la sanidad pública. Las listas de espera para consultas con especialistas se han duplicado en los últimos años, y muchos trabajadores se ven obligados a prolongar su baja simplemente porque el sistema no les da cita. “Cuando estás de baja no cobras lo mismo”, recordó un análisis, “pero alargarla por culpa de la gestión es pan para hoy y hambre para mañana”.
Las mutuas colaboradoras ya monitorizan las bajas a los 15 días, y no hay evidencia de un fraude masivo. Sin embargo, el PP optó por vincular directamente el aumento a una supuesta picaresca generalizada, un discurso que choca con la realidad de quienes llevan décadas sin una sola baja, como señaló un profesional con 35 años de cotización sin absentismo.
La estrategia del submarino: ¿incompetencia o deliberado sabotaje?
Entre los analistas que siguen la política española, una teoría cobra fuerza: Feijóo no es torpe, obedece. La idea del “turnismo” —acuñada en la Restauración— resurge para explicar que al PP azul (el de centro) no le toca gobernar hasta que el PSOE rojo termine su labor. Bajo esta óptica, las meteduras de pata del líder popular serían encargos para no despegar en las encuestas y dejar vía libre al sanchismo una legislatura más.
El ejemplo tiene precedentes: ya en la era de Pablo Iglesias, cuando Podemos amenazaba el sorpasso al PSOE, el entonces líder de IU lanzó una propuesta de subida de impuestos que pinchó la burbuja. Ahora Feijóo, con sus amenazas a las bajas, habría logrado un efecto similar: movilizar al votante de izquierdas y desmovilizar al propio. El resultado es que el PSOE, pese a gestionar una crisis de vivienda, inflación y escándalos de corrupción, podría revalidar su gobierno por la incapacidad de la oposición de articular un discurso alternativo.
El mensaje que no llega a la clase trabajadora
La paradoja es que el PP, que presume de defender a la España que madruga, ataca directamente al colectivo que más valora la estabilidad laboral. Mientras la vivienda se come el 50% de la renta, los salarios no remontan y la inflación erosiona el poder adquisitivo, plantear recortes en las bajas suena a declaración de guerra. “Podía haberse puesto duro con la inmigración o el gasto público superfluo, y va y saca lo de las bajas”, se ironiza en el debate. El resultado es que incluso votantes tradicionales del PP barajan opciones como Vox o abstenerse, porque no ven un discurso diferenciador.
Los datos del simpatizante medio tampoco ayudan: mientras Feijóo promete austeridad para los trabajadores, su propio partido mantiene chiringuitos, subvenciones a patronales y sindicatos, y una estructura de asesores y cargos de confianza cuya eficiencia nunca se cuestiona. La percepción de doble rasero es letal en campaña.
El desenlace previsible: un error que hará presidente a Sánchez
A la fecha de esta discusión, Feijóo no ha rectificado, y el PSOE aprovecha el regalo. Los sondeos que circulan sitúan a los socialistas rozando los 100 escaños, lejos de la mayoría absoluta pero con opciones de revalidar con sus socios habituales. La oposición, lejos de capitalizar el desgaste del Gobierno, se ha convertido en su mejor activo.
Ironías del destino: Feijóo, que llegó a la política nacional como el gestor eficaz de Galicia, se ha transformado en un pierdevotos profesional. Cada vez que abre la boca, rasca apoyos. En un país donde la precariedad laboral es una realidad para millones, meterse con las bajas médicas no es solo torpeza política: es una muestra de desconexión total con la calle. Y esa desconexión, en una democracia, se paga en las urnas.