Felipe VI y Marrakech: Ceuta y el pulso migratorio
¿Qué mira Felipe VI cuando mira a Marrakech? La pregunta recorre la conversación pública desde que el jefe del Estado aparece vinculado al norte de África justo cuando
Ceuta queda retratada como una frontera bajo presión. No se discute el viaje ni la foto: se discute si la Corona acompaña una política de contención migratoria o si asiste, sin margen, a un tablero que no controla. El reproche que más se repite es el de siempre:
llega tarde.
Qué se está discutiendo sobre Ceuta
Ceuta vuelve a funcionar como termómetro de la frontera sur. En el relato que circula se describe la ciudad como un espacio desbordado por la llegada de personas en situación irregular, y se subraya el contraste entre esa tensión y la rutina castrense. La escena que más se repite es la de
aviones militares ensayando un desfile mientras la ciudad afronta su propio pulso: parafernalia y descontrol en el mismo calendario. Al cuadro se suma la jerarquía eclesiástica, colocada en la escena como refuerzo del discurso de la contención.
Ahí no hay dato nuevo. Hay una sensación compartida, un relato que se da por hecho sin una cifra que lo respalde y un nombre propio, Marrakech, que aparece como imán de todas las miradas.
El 92% del PP y el 57% del PSOE, a favor de deportar
El único número que se pone encima de la mesa es un sondeo. Según esa referencia, el
92% de los votantes del PP y el 57% de los votantes del PSOE se mostrarían partidarios de deportar a los inmigrantes en situación ilegal. La cifra se usa para sostener que existe una mayoría social transversal dispuesta a endurecer la política migratoria y que cualquier gesto institucional que no lo asuma queda huérfano de respaldo.
Hay quien lee ese 57% como la prueba de que el eje ha girado también en la izquierda; otros advierten de que una encuesta mide un estado de ánimo, no una política pública, y que de ahí no se deduce un plan de expulsiones. El mismo dato alimenta dos relatos opuestos, y eso, en un asunto así, es lo habitual.
¿Por qué aparece Marruecos en todo esto?
Porque Ceuta no se entiende sin Rabat. Marruecos es el actor que pesa en cada episodio de la frontera, y cualquier movimiento del jefe del Estado hacia el sur se lee en clave diplomática. La Casa de Borbón acumula décadas de gestiones con el vecino del sur, y la pregunta que sobrevuela es si ese vínculo protege a Ceuta o si aplaza el problema.
La paradoja es que la Corona aparece a la vez como actor y como comparsa: se le exige firmeza internacional y se le recuerda que su margen real es corto. Entre esas dos exigencias se cuela el escepticismo de quien
ya lo ha visto todo.
El desenlace que no llega
Unos esperan que el gesto hacia Marrakech sea el pistoletazo de una política clara de disuasión. Otros, que se quede en protocolo. Lo único sostenido con datos es el sondeo y la constancia de que Ceuta sigue siendo el punto donde se prueba todo.
Tranquilidad, dicen. Mientras se decide quién mira a quién, Ceuta sigue en el mapa. Lo demás, ceremonia.