Fernando Romay y la pensión que nunca cotizó: el limbo de los deportistas FIBA
Con 66 años y una carrera que incluye sueldos millonarios en el Real Madrid y décadas como tertuliano televisivo, Fernando Romay ha denunciado que no puede acceder a una pensión digna. La razón: durante su etapa en el club blanco, no cotizó ni un euro a la Seguridad Social. La polémica ha reabierto el debate sobre la peculiar situación de los jugadores de baloncesto de la era FIBA, considerados legalmente amateur hasta 1993.
El vacío legal del baloncesto amateur
Hasta 1993, la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) mantenía a los jugadores bajo un estatus amateur. Eso significaba que, aunque cobraran cantidades ingentes —como era el caso de Romay—, ni el club ni el jugador estaban obligados a cotizar a la Seguridad Social. De hecho, el Real Madrid no podía dar de alta a sus baloncestistas, a diferencia de los futbolistas, sí considerados profesionales. Por eso, cuando Romay pasó a la cancha profesional a los 32 años —la edad a la que muchos jóvenes empiezan a cotizar—, ya acumulaba más de una década sin un solo día de cotización.
Tras dejar el Madrid en 1993, el pívot inició una trayectoria que incluyó breves destellos de cotización: según algunos datos, solo dos años entre 1993 y 1995, cuando jugó en el Ferrol. El resto de su carrera televisiva y apariciones públicas, a menudo facturadas a través de sociedades, podría haber transcurrido sin cotizar o con cotizaciones mínimas. El resultado: una base reguladora exigua que apenas generaría pensión contributiva.
El plan gubernamental: regularización exprés
El Gobierno ha anunciado una modificación legal para permitir que deportistas como Romay computen como cotizados los periodos de actividad anteriores a 1993, previo pago de las cuotas correspondientes. La nueva regulación, impulsada por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, busca cerrar la brecha de un colectivo que durante décadas operó en un limbo normativo. Sin embargo, la medida ha sido recibida con escepticismo: para muchos, supone un rescate a quienes disfrutaron de ingresos elevados sin contribuir al sistema, mientras los trabajadores de a pie han cotizado fielmente durante 40 años.
Los números no cuadran
Un análisis somero de su vida laboral muestra que Romay apenas ha cotizado lo suficiente para acceder a una pensión mínima. Si no se aplica la nueva regularización, su prestación quedaría muy por debajo de lo que cabría esperar de una figura de su relevancia. La paradoja es que, durante sus años en la élite, Romay pagó impuestos por sus ingresos (IRPF), pero no cotizó a la Seguridad Social. Esa distinción, fruto de una legislación deportiva obsoleta, le pasa factura ahora.
El caso Romay es la punta del iceberg de una generación de deportistas que vivieron la transición del amateurismo al profesionalismo sin red de seguridad social. Pero también plantea preguntas incómodas: ¿hasta dónde debe llegar el Estado para reparar vacíos legales de décadas? ¿Es justo que quien ganó fortunas sin cotizar reciba ahora una pensión sufragada por todos? La respuesta, como suele ocurrir, no está en la cancha.
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