La vida no tiene sentido hagas lo que hagas. Solo somos maquinitas biológicas con una programación para sobrevivir y reproducirnos como especie. La trascendencia de un hombre es la misma que la de una bacteria. Lo peor de todo es que luchar contra esa programación es difícil y suele tener un coste psicológico importante. Y sobre esa programación biológica tenemos la estructura social, con todos sus pavor y espantos. Obviamente no existe receta alguna para enfrentarse a la existencia que sirva para todo el mundo, todo tiende al caos y al dolor, cada uno debe caminar por donde menos le duela.