Un guantazo a tiempo: lo que dice la ley sobre pegar a los hijos
Las declaraciones del torero Fran Rivera —«un guantazo a tiempo a un niño le viene divinamente»— han reabierto un asunto que en España dejó de ser materia de opinión para convertirse en materia legal. El castigo físico a menores quedó prohibido en el ámbito familiar en 2007, cuando la reforma del Código Civil retiró a los padres la facultad de «corregir razonable y moderadamente» a sus hijos. La norma no distingue entre un cachete y una paliza: distingue entre educar y golpear.
Qué se defiende cuando se defiende el bofetón
Hay quien sostiene que un golpe puntual, sin saña y contadas veces, sirve como señal de límite y evita males mayores: se llega a hablar de tres o cuatro bofetones repartidos a lo largo de 18 años. Enfrente pesa otro argumento: que el castigo físico no enseña a gestionar la frustración, solo a obedecer por miedo, y que en una cabeza en formación ningún golpe es inocuo. La controversia deriva casi siempre hacia el modelo educativo —autoridad frente a permisividad— y ahí se encalla, porque cada parte lee en el otro extremo la causa de todos los males.
En el borde más duro del asunto asoma incluso la defensa del cinturón como método supuestamente más eficaz que la mano. Es la posición que la legislación vigente castiga sin matices.
Por qué el asunto no se cierra
La ley es clara; la práctica, opaca. No hay cifra en liza sobre cuánto se golpea de verdad en los hogares españoles, y sin ese dato la discusión se queda en la anécdota: el padre que jura que a él le fue bien y el hijo que jura que no. Ninguna de las dos cosas se ha medido en serio. Por eso el titular de Fran Rivera funciona tan bien y explica tan poco.