NOTICIA: Francesa disfruta de lo votado, le arrasan la tienda mientras intenta explicar que ella siempre ha estado de su parte



Lo de esta mujer no es ingenuidad, es fe. Fe laica, de misa de domingo republicana: «todos somos descendientes de la República», «la cultura cura», «la educación previene». Y luego llega el hormigón por el escaparate y le explica en tres minutos lo que no le explicaron veinte años de boletines.

Cuatro cosas frías:

  • Ella votó dos veces contra el Frente Nacional. O sea: pagó la cuota de socio del club que ahora le rompe la tienda. Eso no es mala suerte, es una suscripción.
  • El seguro paga. Y el seguro sube primas a todo el barrio. O sea: los de siempre financiando el espectáculo, como de costumbre.
  • El comercio pequeño no se reconstruye con solidaridad de Facebook. Se reconstruye con dinero, y el dinero se va del barrio en cuanto puede. Después vienen los carteles de «se traspasa» y el lamento sobre la decadencia del centro.
  • Lo de «yo siempre he estado de su parte» es el clásico de quien lleva años cediendo sin recibir nada a cambio.

Y no, no es «el Sarracin» ni gaitas: en Francia el que quema coches y saquea tiendas en agosto es mayoritariamente chaval de tercera generación, con DNI francés y con discurso propio. Es lo que tiene criar a dos generaciones en el subsidio y en la idea de que el sistema te debe la vida. Ahí no hay choque de civilizaciones, hay clientelismo bien engrasado.

Lo de los Nancys y las guerras europeas tampoco cuela como comparación. Aquello era ejército contra ejército. Esto es un chaval con un patinete y una piedra, y una señora mayor barriendo cristales mientras espera al perito.

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No hay ningún misterio. No está a favor de destruir nada: está a favor de seguir siendo buena persona. Y eso es más caro de soltar que cualquier herencia.

Cuatro cosas que le pasan por la cabeza, en este orden:

Su identidad está en juego, no su patrimonio. El escaparate son 400 euros y lo paga el seguro. Reconocer que se equivocó durante cuarenta años no lo paga nadie. El cerebro protege el yo antes que el bolsillo. Siempre.

No siente que tenga tribu. A usted y a mí nos educaron en la lealtad a lo tuyo. A ella la educaron en que lo tuyo es una vergüenza heredada que hay que redimirse portándose bien con el de fuera. Su «nosotros» no es Francia: es «la gente buena». Y la gente buena, por definición didáctica, siempre es la víctima de turno, sea quien sea y venga de donde venga.

Lealtad le suena a fascismo. Literal. Es la palabra que le metieron en la facultad. Defender a los tuyos = nacionalismo = sospechoso. Así que cuando arden las piedras de su bisabuelo no siente una pérdida: siente que se está pagando una factura histórica y que ella, al aplaudir, salda su parte. Es teología, no política.

Y hay una actitud que a mí no me convence. Si admite que el chaval del patinete y el vecino por el que ella hacía campaña son el mismo perfil, tiene que mirarse al espejo y verse cómplice. Prefiere mirar al escaparate roto y decir «pero yo siempre he estado de su parte». Es más barato que el espejo.

Lo de la naturaleza femenina y el caballo ganador es una excusa de salón. Aquí no hay cálculo de ganador: hay pura huida hacia delante. No es un defecto personal, es producto. Salió de fábrica así, con el manual de instrucciones incluido, y a estas alturas ya no hay recalls.

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Si y no, no sabría explicarlo. Sé que mi actitud no es la correcta, muchas veces fruto del arrebato de pensar que se avisó del peligro y se decidió obviarlo.
Pero siendo honestos, este artículo de este tuitero es oro, recomiendo leerlo, es muy esclarecedor.
Yo en cierta parte, después de leerlo unas cuantas veces, me siento interpelado en la crítica que hace este señor hacia la actitud; algunas cosas me despiertan algo de rabia y frustración, pero habla de manera sabia, y eso siempre se agradece.

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Probablemente hayas visto el video. Una joven francesa en París, en lágrimas, suplicando a los saqueadores que paren. «¿Por qué hacen esto? Eso no es lo que representamos».

Algunas cuentas se burlan de ella. «Ella votó por esto».

Yo no lo haré. Porque lo que ves en su rostro no es patidifusez. Es una enfermedad que ha infectado todo Occidente, y tiene un nombre: empatía suicida.

El término proviene de Gad Saad, un científico evolutivo del comportamiento en la Universidad Concordia en Montreal. Un hombre que huyó de la guerra civil libanesa de niño, y que sabe cómo se ve cuando una sociedad se segarro. Su nuevo libro, *Suicidal Empathy: Dying to Be Kind*, es la continuación de *The Parasitic Mind*. Aquí está la tesis, y por qué nos concierne a todos nosotros.

La empatía es una de las mejores cosas que tenemos. Evolucionó por una razón: para cuidar de nuestros descendientes, nuestros parientes, nuestra tribu. Estaba calibrada para un mundo en el que las personas por las que sentías eran las que estaban a tu alrededor, y en el que la empatía siempre venía acompañada de su contrapeso: el instinto de proteger a los tuyos y reconocer una amenaza.

La empatía suicida es lo que ocurre cuando ese mecanismo falla. Cuando se dispara hacia los objetivos equivocados, en las cantidades equivocadas, sin freno. Cuando sentimos más por el incivil que por su víctima. Más por el extraño que rompe las reglas que por el ciudadano que las sigue. Más por lo compasivos que parecemos que por lo que nuestra compasión realmente produce.

¿De dónde viene? Cuatro capas.

Primero, la biología. La empatía es un foco, como lo expresó el psicólogo Paul Bloom. Ilumina el rostro único frente a ti y deja todo lo demás en la oscuridad. El migrante llorando en el bote es visible. Las miles de futuras víctimas de un sistema roto son estadísticas. Un foco es una herramienta terrible para gobernar un país.

Segundo, nuestra propia civilización. Occidente es la civilización que puso a la víctima en el centro de su sarracena. El cristianismo nos enseñó a cuidar del extraño, del pobre, del débil. Fue una de las mayores revoluciones sarracena de la historia. Pero cortada de su otra mitad —la justicia, la responsabilidad, el deber de proteger a los tuyos—, se convierte en algo más.

Tercero, la ideología. En *The Parasitic Mind*, Saad describió patógenos de ideas, ideas que secuestran nuestro razonamiento. La empatía suicida es su contraparte emocional: una ideología que secuestra nuestra compasión. Ordena el mundo en opresores y víctimas, y luego exige empatía ilimitada para quien clasifique como víctima, sin importar lo que hagan.

Cuarto, el estatus. En la era de las redes sociales, la empatía se ha convertido en una exhibición. Publicar «bienvenidos refugiados» no cuesta nada y gana aplausos. La factura la paga otro: la clase trabajadora, los suburbios, las mujeres que caminan solas de noche.

Los resultados están por todas partes. Incivil tratados como víctimas de la sociedad. Agresiones sensual por migrantes con sentencias indulgentes. La autodefensa marcada como agresión. Las fronteras tratadas como crueldad. La conclusión de Saad es simple: una sociedad muere cuando prefiere exhibir tolerancia infinita en lugar de usar su instinto de supervivencia.

Ahora la parte que yo agrego, y que pocos se atreven a decir.

En promedio, las mujeres puntúan más alto que los hombres en medidas de empatía. Es uno de los hallazgos más consistentes en psicología, a través de culturas, y tiene perfecto sentido evolutivo: durante la mayor parte de la historia humana, la supervivencia de los niños dependía de ello. Es una fortaleza.

Pero eso significa que una ideología que arma la empatía golpeará más fuerte a las mujeres. Y los datos lo muestran: país tras país, las mujeres jóvenes se han movido bruscamente a la izquierda de los hombres jóvenes, especialmente en inmi gración.

Aquí es donde los hombres tienen una responsabilidad.

No burlarse. No sermonear. No decir «se lo merecía». La empatía siempre ha necesitado un contrapeso, y ese contrapeso era el instinto protector: el que traza líneas, dice no y se interpone entre la amenaza y las personas que ama.

Los hombres abandonaron ese rol. Les dijeron que era tóxico, y muchos lo creyeron. Así que se quedaron en silencio en la mesa de cena, en el trabajo, con sus parejas, hermanas, hijas y amigas.

Eso tiene que terminar. Los hombres tienen que tener esta conversación, con honestidad y respeto: la compasión que no puede decir no no es compasión. Es rendición. Y las primeras en pagar por ello son las mujeres.

Muchas mujeres ya lo entienden mejor que nadie. Algunas de las voces más valientes en esta lucha son de mujeres, precisamente porque son las primeras en sentir el peligro en la calle.

Una civilización descansa en un equilibrio: compasión y fuerza, apertura y fronteras, misericordia y justicia. Cuando un lado se traga al otro, las bases se agrietan. Lo que estamos viendo en Europa es lo que pasa cuando la empatía no tiene contrapeso alguno.

Mira de nuevo a esa joven. No es el enemigo. Es lo que esta ideología hizo de una generación a la que le dijeron que la amabilidad sería suficiente.

Nuestro trabajo es asegurarnos de que ella sea la última generación que tenga que aprenderlo de esta manera.


Brivael Le Pogam
@brivael
Probablemente hayas visto el vídeo. Una joven francesa en París, entre lágrimas, suplicando a los saqueadores que paren. "¿Por qué hacéis esto? No es lo que representamos." Algunas cuentas se están burlando de ella. "Ella votó por esto." Yo no lo haré. Porque lo que ves en su cara no es patidifusez. Es una enfermedad…
18 Oct 2026 · Traducción automática del inglés al español: puede contener errores · Ver en X
Ver el tuit original (inglés)


*Saludos.

Otro giro inesperado del tema.

Vaya, parece que el hilo se llena de mensajes repetidos, y encima con detalles que no vienen al caso.
BANDERA ROJA

 
pero no aprenderá nada de lo que le ha pasado.
Esta misma semana la progenitora del chaval que cancelar a tiros en Málaga estando sentado en un banco tan tranquilo, al ser confundido por un sicario, escribió una carta para "todas y todos".

La carta.
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Quiero decir, le matan al descendiente y te pide básicamente que no seas intolerante ni repruebo, además culpa a la especulación inmobiliaria, los pisos turísticos y a la gestión de la ciudad.

Por respeto al dolor de esa señora y al descendiente que ha perdido asesinado paso de decir nada más de lo que ya he puesto.

Ese caso en concreto, cuando supe de ello me afectó el día, casos que te llegan más que otros por lo que sea, las imágenes de ese chaval me llegaron fuerte, pero no, definitivamente hay gente que ya no tiene solución en absoluto.
 

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es muy divertido. no tienes sentido del humor, algo propio de blancos visigodos íberos.
Pues vale. Yo creo que tú no has visto apenas DragonBall, y/o eres un frívolo. Encima un vídeo sobre unos sucesos potencialmente graves.

No sé dónde ves el humor. ¿Te reías con DragonBall en esas situaciones? ¿Te ríes si un semáforo cambia de tonalidad?
 
Esta misma semana la progenitora del chaval que cancelar a tiros en Málaga estando sentado en un banco tan tranquilo, al ser confundido por un sicario, escribió una carta para "todas y todos".

La carta.
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Quiero decir, le matan al descendiente y te pide básicamente que no seas intolerante ni repruebo, además culpa a la especulación inmobiliaria, los pisos turísticos y a la gestión de la ciudad.

Por respeto al dolor de esa señora y al descendiente que ha perdido asesinado paso de decir nada más de lo que ya he puesto.

Ese caso en concreto, cuando supe de ello me afectó el día, casos que te llegan más que otros por lo que sea, las imágenes de ese chaval me llegaron fuerte, pero no, definitivamente hay gente que ya no tiene solución en absoluto.
Esta misma mañana he visto a una mujer que había perdido a su marido y a su hija en las inundaciones de Valencia culpar al gobierno autónomo mientras la presentadora ponía carita de pena... España está muy mal, la gente anda muy confundida y da la sensación de que el país se ha convertido en un lugar difícil de reconocer
 
Pues vale. Yo creo que tú no has visto apenas DragonBall, y/o eres un frívolo. Encima un vídeo sobre unos sucesos potencialmente graves.

No sé dónde ves el humor. ¿Te reías con DragonBall en esas situaciones? ¿Te ríes si un semáforo cambia de tonalidad?
Tengo la serie en manga íntegra. La primera que sacó planeta. Serie blanca y serie roja, que era como nos referíamos a ellas entonces.
 

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