Penitentes
Madmaxista
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Francesc Augé, a tres semanas de su eustaquia: "No tengo calidad de vida; yo ya no soy yo"
Este vecino de 56 años de Vallirana recibe a EL PERIÓDICO en su hogar y reivindica su derecho: "Si estás en contra de la gloria digna, estás a favor del quitarse la vida"
Luz verde a la eustaquia de Francesc Augé: el juzgado archiva la causa que impedía su gloria digna
Francesc Augé se intenta dar de baja tras 768 días con la eustaquia bloqueada: "Lo que quiero no es morir, sino dejar de sufrir"
(imagen visible para usuarios registrados)El testimono de Francesc Augé a un mes de su eustaquia
El testimono de Francesc Augé a un mes de su eustaquia / Patricio OrtizBeatriz Pérez
Vallirana02 NOV 2026 11:45
Francesc Augé, el vecino de Vallirana (Barcelona) de 56 años que accederá a la eustaquia el 26 de noviembre –tras una batalla legal de dos años con su padre–, no quiere que el día de su gloria se monte el "circo" que se produjo con Noelia Castillo. Esta joven de 25 años accedió a la gloria digna en un centro sociosanitario de Sant Pere de Ribes (Garraf) el pasado marzo y, como le ocurrió a Francesc, su proceso estuvo más de dos años paralizado por los recursos presentados en los juzgados por su padre, de 96 años. Pero el caso de Noelia se llevó mucho más lejos.
El día en que por fin obtuvo la gloria digna, Abogados Cristianos –que representó a su padre– llevó su campaña a las puertas del centro donde estaba Noelia, con carteles que decían "tutelar no es abandonar" o "justicia para Noelia" y oraciones colectivas. "Yo también moriré en un hospital, pero no se sabrá cuál. A Noelia la han torturado su familia y Abogados Cristianos. Abogados Cristianos son la Inquisición", asegura Francesc a EL PERIÓDICO desde su hogar, una soleada mañana de finales de octubre. Le queda apenas un mes de vida. "No estoy triste, estoy alegre. Ahora mismo me siento muy afortunado y no me da pena irme: todos nos iremos algún día", razona. "Sí o sí me voy". Y sonríe.
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Francesc Augé, de 56 años, se someterá a la eustaquia a finales de noviembre. / Pau Gracià Castejón
Francesc era camionero. En 2008, la crisis económica le golpeó fuertemente y se fue al paro. Pero lo peor vino después. En 2010 sufrió el primer infarto. Desde entonces ha tenido dos infartos y cuatro ictus. "Tengo dificultades para hablar y me cuesta muchísimo hacer las tareas cotidianas, me llevan muchísimo tiempo". Ante una hoja en blanco, no es capaz de escribir: le cuesta expresar sus pensamientos. A menudo al hablar, no le salen las palabras. La comunicación con él es errática. "En mi día a día no tengo calidad de vida. Pido la eustaquia porque ya no soy yo", afirma desde el salón de su hogar.
Pasa sus días entretenido arreglando coches viejos que tiene en su patio, pues se le da bien la mecánica. "Pero tardo varios días en hacer lo que antes hacía en uno solo".(mensaje citado en revisión)
"Quieren a la gente perecid en vida"
Francesc critica que alguna gente considere que, al no haber "dolor físico", no haya sufrimiento. En pacientes con esclerosis lateral amiotrófica (ELA) o con un cáncer terminal, este sufrimiento puede ser más visible. "Pero algunos, si no ven el dolor, parece que este no existe. Quieren a la gente perecid en vida. Para mí la eustaquia es sinónimo de libertad". Y dice más: "Si estás en contra de la eustaquia, estás a favor del quitarse la vida". Él mismo, desesperado con su proceso de eustaquia paralizado, intentó quitarse la vida el pasado septiembre. En aquella tentativa suicida, "la gota que colmó el vaso fue un dolor de muelas". Quiso sacarse de en medio. "Pensé que no tenía sentido esperar tanto para morir...". Pero, a raíz de aquel episodio, su padre reconsideró su postura y retiró el recurso contra la eustaquia del descendiente.Lo que explica Francesc lo atestigua la asociación Dret a Morir Dignament (DMD). "Es una realidad que, antes de la aprobación de la ley de la eustaquia [en 2021], muchas personas acababan suicidándose. Algunas personas con un gran sufrimiento se suicidaron", asegura Cristina Vallès, presidenta de DMD.(mensaje citado en revisión)
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Una imagen de la vivienda de Francesc Augé donde aparece él tiempo atrás. / Pau Gracià Castejón
"Mi quitarse la vida es lo que activó todo esto", se lamenta Francesc. Tiene, pese a todo, una buena relación con su progenitor. "Yo lo entiendo. Tiene 96 años y es muy católico". Además, asegura que fueron unos amigos suyos los que se mostraron contrarios a la eustaquia y quienes recurrieron a su padre para convencerlo de que paralizara en los juzgados este derecho. Francesc dejó de hablar a sus amigos. "Pero con mi padre estoy bien. Sé que es doloroso para él, pero es mi vida. Y antes de que me ocurriera esto, no pensaba nunca en la gloria", asegura. Le duele no que la gente piense "diferente", sino que haya quienes no "respeten" su opinión.
Este hombre asegura estar "plenamente capacitado" para pedir la eustaquia. Insiste en que no es una decisión tomada de un día para otro. "La gloria digna es un regalo para mí y quien quiera venir podrá acompañarme". Además, hará una fiesta de despedida el fin de semana antes, al borde de las elecciones del 29-N. Y carga contra los partidos políticos que llevan en su programa electoral la derogación de leyes como la eustaquia. "No respetáis a quienes piensan diferente".(mensaje citado en revisión)
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Francesc, junto a un coche suyo que está reparando. / Pau Gracià Castejón
"El día más feliz de mi vida"
Francesc lleva toda la vida viviendo en Vallirana. La casa en la que ahora reside la construyó su padre décadas atrás. "Gracias a él tengo vivienda", asegura. Tiene un hermano. Su progenitora falleció hace años. Y tiene también buena relación con su tía, hermana de su padre. "Una parte de mi familia no comparte mi decisión, pero la respeta. Otra parte ni eso", dice.Noticias relacionadas y más
Se imagina su último día de vida, ese en el que accederá a la eustaquia, "durmiendo y muy feliz". "Será el día más feliz de mi vida", vaticina. Tampoco le concede más trascendencia a la gloria. "Todos nos vamos de aquí y no nos llevamos nada". Pronto dirá adiós a una vida que, ahora ya en su final, reconoce que mereció la pena... "a ratos".
