Francesc Augé, a tres semanas de su eustaquia: "No tengo calidad de vida; yo ya no soy yo"

Francesc Augé, a tres semanas de su eustaquia: "No tengo calidad de vida; yo ya no soy yo"
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Francesc Augé, vecino de Vallirana de 56 años, accederá a la eutanasia el 26 de noviembre de 2026 después de que un juzgado archivara la causa que la mantenía bloqueada durante dos años. Dice que no tiene calidad de vida tras dos infartos y cuatro ictus, y que ya no es él.

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Francesc Augé, vecino de Vallirana de 56 años, accederá a la eutanasia el 26 de noviembre de 2026 después de que un juzgado archivara la causa que la mantenía bloqueada durante dos años. Dice que no tiene calidad de vida tras dos infartos y cuatro ictus, y que ya no es él.

Hay una fecha marcada en rojo en el calendario de una casa de Vallirana, en el Baix Llobregat. El 26 de noviembre de 2026, Francesc Augé, de 56 años, recibirá la eutanasia. Lo cuenta él mismo, sentado en el salón de la vivienda que construyó su padre décadas atrás, en una mañana soleada de finales de octubre. Le queda un mes. Y no está triste. "No estoy triste, estoy alegre. Ahora mismo me siento muy afortunado y no me da pena irme: todos nos iremos algún día", dice. "Sí o sí me voy". Y sonríe.

La frase no es un adorno. Detrás hay dos años de pelea judicial, un intento de suicidio en septiembre y un padre de 96 años que acabó retirando el recurso que había paralizado el proceso. El juzgado archivó la causa y dio luz verde. Ese es el hecho: la eutanasia de Augé ya no tiene obstáculos legales y tiene día.

Dos infartos, cuatro ictus y una hoja en blanco

Augé era camionero. En 2008, la crisis económica lo dejó en el paro. Lo peor llegó después: en 2010 sufrió el primer infarto. Desde entonces acumula dos infartos y cuatro ictus. Las secuelas son las que cuenta sin rodeos: dificultades para hablar, problemas para encontrar las palabras, tareas cotidianas que le llevan un tiempo desproporcionado. Ante una hoja en blanco no es capaz de escribir. "En mi día a día no tengo calidad de vida. Pido la eutanasia porque ya no soy yo", afirma.

Se entretiene arreglando coches viejos en el patio. Se le da bien la mecánica. Pero "tardo varios días en hacer lo que antes hacía en uno solo". Ese es el núcleo de su argumento, y también el punto donde su caso se separa de otros más visibles: no hay dolor físico constante ni un cáncer terminal a la vista. Hay un deterioro neurológico que le ha quitado autonomía y expresión. "Algunos, si no ven el dolor, parece que este no existe. Quieren a la gente muerta en vida. Para mí la eutanasia es sinónimo de libertad".

La asociación Dret a Morir Dignament (DMD) sostiene que lo que describe Augé no es una excepción. Su presidenta, Cristina Vallès, señala que antes de la aprobación de la ley de la eutanasia muchas personas con gran sufrimiento acababan suicidándose. Es decir: el bloqueo no evita muertes, las adelanta y las hace solas.

El suicidio que desbloqueó el expediente

En septiembre de 2026, con la eutanasia paralizada, Augé intentó quitarse la vida. "La gota que colmó el vaso fue un dolor de muelas", relata. "Pensé que no tenía sentido esperar tanto para morir". El episodio tuvo un efecto inmediato: su padre reconsideró su postura y retiró el recurso. "Mi suicidio es lo que activó todo esto", se lamenta.

Con su progenitor dice tener buena relación. "Yo lo entiendo. Tiene 96 años y es muy católico". Añade que fueron amigos suyos, contrarios a la eutanasia, quienes convencieron a su padre de acudir a los juzgados. Con esos amigos dejó de hablar. "Sé que es doloroso para él, pero es mi vida".

El caso recuerda al de Noelia Castillo, la joven de 25 años que accedió a la muerte digna en un centro sociosanitario de Sant Pere de Ribes en marzo, también tras más de dos años de recursos presentados por su padre. Aquel día, la organización Abogados Cristianos, que representó al progenitor, llevó su campaña a las puertas del centro con carteles y oraciones colectivas. Augé no quiere repetir ese espectáculo: "Yo también moriré en un hospital, pero no se sabrá cuál".

Una fiesta de despedida y un reproche a los partidos

Augé insiste en que está "plenamente capacitado" para pedir la eutanasia y en que no es una decisión de un día para otro. Hará una fiesta de despedida el fin de semana anterior, al borde de las elecciones del 29-N. Y lanza un mensaje a los partidos que llevan en su programa la derogación de leyes como la de la eutanasia: "No respetáis a quienes piensan diferente".

Su frase más dura tiene forma de silogismo: "Si estás en contra de la eutanasia, estás a favor del suicidio". No es una boutade. Es la conclusión de alguien que, cuando le cerraron la puerta legal, tiró por la ventana del baño. La ley de la eutanasia española, en vigor desde junio de 2021, permite solicitarla a mayores de edad con enfermedad grave e incurable o padecimiento grave, crónico e imposibilitante, con un procedimiento de garantías que incluye informes médicos y la revisión de una comisión de evaluación. Ese procedimiento es el que en su caso quedó atascado por la vía judicial.

Lo que cuesta esperar

Poner cifras a esto es difícil, y conviene decirlo. No hay un registro público que cuantifique cuántas solicitudes de eutanasia quedan bloqueadas por recursos de familiares. Lo que sí se puede afirmar es el coste humano que describe el propio Augé: 768 días de espera, un intento de suicidio y un deterioro que no se detiene. La espera no es neutra. Consume.

Augé tiene un hermano, una tía con la que se lleva bien y una parte de la familia que no comparte su decisión pero la respeta. Otra parte, dice, ni eso. Su madre falleció hace años. Vive en la casa que su padre construyó: "Gracias a él tengo vivienda". Se imagina su último día "durmiendo y muy feliz". "Será el día más feliz de mi vida". No le concede más trascendencia a la muerte: "Todos nos vamos de aquí y no nos llevamos nada". Dice que su vida mereció la pena "a ratos".

Un apunte final, obligado: este texto describe un caso concreto y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si alguien atraviesa una situación de sufrimiento grave, los servicios públicos de salud y las líneas de prevención del suicidio están para atenderlo.

Datos clave
  • Francesc Augé, de 56 años y vecino de Vallirana, recibirá la eutanasia el 26 de noviembre de 2026.
  • Acumula dos infartos y cuatro ictus desde 2010; el primero llegó ese año, tras quedarse en paro en 2008.
  • Su padre, de 96 años, retiró el recurso que bloqueó el proceso durante dos años, tras el intento de suicidio del hijo en septiembre.
  • La ley de eutanasia española está en vigor desde junio de 2021 y exige informes médicos y revisión de una comisión de evaluación.
  • Noelia Castillo, de 25 años, accedió a la muerte digna en Sant Pere de Ribes en marzo tras más de dos años de recursos de su padre.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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Francesc Augé, a tres semanas de su eustaquia: "No tengo calidad de vida; yo ya no soy yo"​

Este vecino de 56 años de Vallirana recibe a EL PERIÓDICO en su hogar y reivindica su derecho: "Si estás en contra de la gloria digna, estás a favor del quitarse la vida"​

Luz verde a la eustaquia de Francesc Augé: el juzgado archiva la causa que impedía su gloria digna​

Francesc Augé se intenta dar de baja tras 768 días con la eustaquia bloqueada: "Lo que quiero no es morir, sino dejar de sufrir"​

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El testimono de Francesc Augé a un mes de su eustaquia​

El testimono de Francesc Augé a un mes de su eustaquia / Patricio Ortiz
Beatriz Pérez
Vallirana02 NOV 2026 11:45

Francesc Augé, el vecino de Vallirana (Barcelona) de 56 años que accederá a la eustaquia el 26 de noviembre –tras una batalla legal de dos años con su padre–, no quiere que el día de su gloria se monte el "circo" que se produjo con Noelia Castillo. Esta joven de 25 años accedió a la gloria digna en un centro sociosanitario de Sant Pere de Ribes (Garraf) el pasado marzo y, como le ocurrió a Francesc, su proceso estuvo más de dos años paralizado por los recursos presentados en los juzgados por su padre, de 96 años. Pero el caso de Noelia se llevó mucho más lejos.
El día en que por fin obtuvo la gloria digna, Abogados Cristianos –que representó a su padre– llevó su campaña a las puertas del centro donde estaba Noelia, con carteles que decían "tutelar no es abandonar" o "justicia para Noelia" y oraciones colectivas. "Yo también moriré en un hospital, pero no se sabrá cuál. A Noelia la han torturado su familia y Abogados Cristianos. Abogados Cristianos son la Inquisición", asegura Francesc a EL PERIÓDICO desde su hogar, una soleada mañana de finales de octubre. Le queda apenas un mes de vida. "No estoy triste, estoy alegre. Ahora mismo me siento muy afortunado y no me da pena irme: todos nos iremos algún día", razona. "Sí o sí me voy". Y sonríe.
(imagen visible para usuarios registrados)
Francesc Augé, de 56 años, se someterá a la eustaquia a finales de noviembre. / Pau Gracià Castejón

Francesc era camionero. En 2008, la crisis económica le golpeó fuertemente y se fue al paro. Pero lo peor vino después. En 2010 sufrió el primer infarto. Desde entonces ha tenido dos infartos y cuatro ictus. "Tengo dificultades para hablar y me cuesta muchísimo hacer las tareas cotidianas, me llevan muchísimo tiempo". Ante una hoja en blanco, no es capaz de escribir: le cuesta expresar sus pensamientos. A menudo al hablar, no le salen las palabras. La comunicación con él es errática. "En mi día a día no tengo calidad de vida. Pido la eustaquia porque ya no soy yo", afirma desde el salón de su hogar.

(mensaje citado en revisión)
Pasa sus días entretenido arreglando coches viejos que tiene en su patio, pues se le da bien la mecánica. "Pero tardo varios días en hacer lo que antes hacía en uno solo".

"Quieren a la gente perecid en vida"​

Francesc critica que alguna gente considere que, al no haber "dolor físico", no haya sufrimiento. En pacientes con esclerosis lateral amiotrófica (ELA) o con un cáncer terminal, este sufrimiento puede ser más visible. "Pero algunos, si no ven el dolor, parece que este no existe. Quieren a la gente perecid en vida. Para mí la eustaquia es sinónimo de libertad". Y dice más: "Si estás en contra de la eustaquia, estás a favor del quitarse la vida". Él mismo, desesperado con su proceso de eustaquia paralizado, intentó quitarse la vida el pasado septiembre. En aquella tentativa suicida, "la gota que colmó el vaso fue un dolor de muelas". Quiso sacarse de en medio. "Pensé que no tenía sentido esperar tanto para morir...". Pero, a raíz de aquel episodio, su padre reconsideró su postura y retiró el recurso contra la eustaquia del descendiente.
(mensaje citado en revisión)
Lo que explica Francesc lo atestigua la asociación Dret a Morir Dignament (DMD). "Es una realidad que, antes de la aprobación de la ley de la eustaquia [en 2021], muchas personas acababan suicidándose. Algunas personas con un gran sufrimiento se suicidaron", asegura Cristina Vallès, presidenta de DMD.
(imagen visible para usuarios registrados)
Una imagen de la vivienda de Francesc Augé donde aparece él tiempo atrás. / Pau Gracià Castejón

"Mi quitarse la vida es lo que activó todo esto", se lamenta Francesc. Tiene, pese a todo, una buena relación con su progenitor. "Yo lo entiendo. Tiene 96 años y es muy católico". Además, asegura que fueron unos amigos suyos los que se mostraron contrarios a la eustaquia y quienes recurrieron a su padre para convencerlo de que paralizara en los juzgados este derecho. Francesc dejó de hablar a sus amigos. "Pero con mi padre estoy bien. Sé que es doloroso para él, pero es mi vida. Y antes de que me ocurriera esto, no pensaba nunca en la gloria", asegura. Le duele no que la gente piense "diferente", sino que haya quienes no "respeten" su opinión.

(mensaje citado en revisión)
Este hombre asegura estar "plenamente capacitado" para pedir la eustaquia. Insiste en que no es una decisión tomada de un día para otro. "La gloria digna es un regalo para mí y quien quiera venir podrá acompañarme". Además, hará una fiesta de despedida el fin de semana antes, al borde de las elecciones del 29-N. Y carga contra los partidos políticos que llevan en su programa electoral la derogación de leyes como la eustaquia. "No respetáis a quienes piensan diferente".
(imagen visible para usuarios registrados)
Francesc, junto a un coche suyo que está reparando. / Pau Gracià Castejón


"El día más feliz de mi vida"​

Francesc lleva toda la vida viviendo en Vallirana. La casa en la que ahora reside la construyó su padre décadas atrás. "Gracias a él tengo vivienda", asegura. Tiene un hermano. Su progenitora falleció hace años. Y tiene también buena relación con su tía, hermana de su padre. "Una parte de mi familia no comparte mi decisión, pero la respeta. Otra parte ni eso", dice.
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Se imagina su último día de vida, ese en el que accederá a la eustaquia, "durmiendo y muy feliz". "Será el día más feliz de mi vida", vaticina. Tampoco le concede más trascendencia a la gloria. "Todos nos vamos de aquí y no nos llevamos nada". Pronto dirá adiós a una vida que, ahora ya en su final, reconoce que mereció la pena... "a ratos".


https://www.elperiodico.com/es/sani...e-eustaquia-entrevista-gloria-digna-135809603

 

Yo también soy partidario de que exista este derecho, si se es mayor de edad y se está en plenas facultades mentales, si uno está en una situación límite de sufrimiento por una o varias enfermedades incurables, está en su derecho de decidir sobre su vida con cierta dignidad, sin tener que recurrir a métodos peligrosos.

Eso de que hay que sufrir porque lo diga una determinada creencia, que se lo apliquen quienes la profesan; me gustaría ver a más de uno de ellos con esclerosis múltiple o cualquier enfermedad grave de esas. Es muy fácil exigir a los demás que sufran mientras uno está bien.
 
Última edición:
A mí me parece bien, pero lo suyo es que den un kit de eustaquia y que en su casa y cuando a él le apetezca se marche. Que no mueva una maquinaria burocrática y administrativa que hinche los bolsillos de todos los intermediarios que quieren comer de esta historia. Se persiguen los suicidios porque son gratis y nadie, excepto la funeraria, saca partido de ellos. Con la eustaquia no.
 

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