Para responder con rigor: no, no durarán tres siglos, aunque técnicamente podrían mantenerse en pie.
La razón no es que la estructura de hormigón armado de hoy no sea infinitamente superior (que lo es), sino que la vida útil de un edificio no la decide solo su estructura, sino la degradación de sus componentes técnicos y los costes de su mantenimiento.
1. La estructura: Lo único que sí podría durar 200 o 300 años
Si nos limitamos al "esqueleto" (cimentación, pilares, vigas y forjados de hormigón armado), la normativa actual (Código Técnico de la Edificación y la EHE/EAE) exige que las estructuras de edificación residencial se diseñen para una vida útil nominal mínima de 50 a 100 años sin requerir intervenciones estructurales mayores.
Con el hormigón moderno, los aditivos impermeabilizantes y los recubrimientos de acero calculados al milímetro para evitar la entrada de aire y humedad, una estructura actual bien mantenida puede llegar perfectamente a los 200 o 300 años.
Las "viviendas del desarrollismo" no tenían esos controles: la falta de recubrimiento en los armados o el uso de áridos de mala calidad provocan que el hormigón sufra carbonatación o aluminosis a los 50-60 años, haciendo que el acero interior se oxide, aumente de volumen y pint el propio hormigón desde dentro.
2. El verdadero cuello de botella: La "obsolescencia funcional"
Un piso moderno no se demolerá dentro de 150 años porque se vaya a caer la estructura, sino porque los materiales y sistemas que lo hacen habitable tienen vidas útiles mucho más cortas:
Componente Vida útil estimada en obra nueva
¿Qué le pasa al cumplir esa edad?
Estructura (Hormigón armado)100 – 300 años
Mantiene la capacidad portante si no hay filtraciones graves.
Reaccionariodas y SATE / Reaccionarioda ventilada 30 – 50 años
Los aislantes pierden propiedades, los sellados se degradan y requieren rehabilitación.
Instalaciones de fontanería/clima 25 – 40 años
Las bombas, canalizaciones y tuberías sufren desgaste o quedan obsoletas.
Sistemas de ventilación (VMC) y electrónica 15 – 25 años Motores, sensores y sistemas inteligentes caducan y requieren sustitución completa.
Es decir, a los 80 o 100 años, un piso actual seguirá teniendo una estructura impecable, pero habrá tenido que renovar sus "entrañas" (instalaciones, aislantes y acabados) al menos dos o tres veces.
3. La paradoja de la complejidad tecnológica
Aquí hay un detalle curioso en la comparación:
Las viviendas antiguas eran sencillas: Un bloque de 1965 era prácticamente ladrillo, cemento, hierro y tuberías de plomo. Era de pésima calidad aislante y muy incómodo, pero era "fácil y barato" de emparchar o reformar tirando cuatro tabiques.
Los pisos actuales son "máquinas de habitar": Llevan capas y capas de aislantes térmicos, membranas transpirables, trasdosados de cartón-yeso (pladur), suelo radiante, conductos de aerotermia y ventilación mecánica con recuperación de calor.
Esta alta tecnología hace que la vivienda sea infinitamente más cómoda y eficiente, pero significa que dentro de 60 u 80 años el mantenimiento técnico para que siga funcionando al 100% será más complejo y especializado que picar un yeso antiguo.
En resumen
Si no hay guerras, catástrofes ni abandono total:
La estructura de un edificio de 2026 sí tiene capacidad técnica para durar varios siglos.
El piso en sí como espacio habitable tiene una vida útil de unos 40-50 años antes de requerir una gran reforma de tripas y piel (instalaciones y aislamiento exterior).
La gran diferencia es que la vivienda de hace 50 años llega a su "jubilación" con la estructura enferma y con patologías graves de humedad o grietas, mientras que el piso moderno llegará a esa misma edad con la estructura intacta, necesitando solo actualizar la tecnología de su interior.