Franco construyó dos mezquitas y autorizó el rezo en Córdoba
A pesar del discurso nacionalcatólico del régimen, el Caudillo permitió la construcción de al menos dos mezquitas en España durante su dictadura y, según algunas fuentes, autorizó el rezo musulmán en la Mezquita-Catedral de Córdoba. La paradoja ha resurgido en el debate público, donde se cruzan acusaciones de hipocresía, revisionismo histórico y un análisis económico de la gestión del patrimonio.
Las mezquitas de Franco: ¿realidad o mito?
Según la documentación aportada en las discusiones, el régimen franquista construyó dos mezquitas en España. Una de ellas, la de la M-30 en Madrid, fue financiada por Arabia Saudí. La otra, la de Marbella, erigida en los años 70, fue un gesto de aproximación al mundo árabe. "El Caudillo construyó 2 y autorizó el rezo en la mezquita de Córdoba. A esa que ahora llaman catedral", se ha afirmado, citando fuentes como ABC o eldiario.es. El dato ha sido usado tanto por defensores de Franco -para mostrar su "apertura"- como por detractores -para denunciar su pragmatismo geopolítico.
El negocio de las mezquitas y la catedral
Más allá de la polémica identitaria, el debate económico subyace. La Mezquita-Catedral de Córdoba es uno de los monumentos más visitados de España, gestionado por la Iglesia católica. Cualquier propuesta de "reabrir" un espacio para el culto musulmán -como se ha sugerido en alguna ocasión- implicaría no solo un cambio de uso, sino una reasignación de los ingresos millonarios por entradas. "Un señor en una revista de arquitectura propuso quitar un par de capillas para abrir un lucernario", se recordó, lo que evidencia que el patrimonio es también un activo económico.
Datos demográficos y conflictos de valores
El debate se extiende a la demografía. Se mencionó que la natalidad de las personas migrantes musulmanas es de 3,5 hijos por mujer, frente a una población autóctona cada vez más irreligiosa y con baja natalidad. Algunos argumentaron que "la convivencia conflictiva es la consecuencia lógica de tener dos sistemas de valores incompatibles" y que "si una sociedad pierde su identidad cultural, se convierte en un solar donde cualquier grupo con más cohesión acaba imponiendo sus reglas".
¿Hipocresía o realpolitik?
Las posturas se polarizan. Unos ven en la actitud de Franco un ejemplo de realpolitik: necesitaba aliados en el mundo árabe y el petróleo saudí. Otros lo interpretan como una prueba de que el régimen no era tan monolítico en lo religioso como aparentaba. "Solo Allah sabe lo que tenía el Caudillo en el corazón", ironizaban unos; "la hipocresía y el fingimiento", replicaban otros. Lo cierto es que las mezquitas de Franco son un capítulo incómodo tanto para la izquierda como para la derecha, y su rentabilidad económica y simbólica sigue generando fricciones. El asunto queda abierto: ¿cuánto vale, hoy, una concesión de culto en un monumento del siglo VIII?