Prostitución: el Estado multa al cliente mientras los 'salones de masajes' campan a sus anchas
El debate sobre la regulación de la prostitución en España ha vuelto a la palestra con la propuesta de multar a los clientes. Pero la realidad es más compleja: mientras se persigue a la prostitución callejera, los salones de masajes eróticos operan con total impunidad y, a menudo, con licencia municipal. La pregunta que subyace es si el Estado aplica una moral selectiva o simplemente prefiere no meterse con negocios que tributan.
La hipocresía del 'masaje relajante'
El modelo de prostitución de clase media se disfraza de 'wellness' con aromaterapia y música ambiental. Estos locales pagan impuestos y tienen carteles en la calle, mientras que el 'guaperas' que contrata a una chica por internet es el objetivo fácil de las redadas. La diferencia no es legal, es de apariencia y de recaudación. Por eso, la abolición total es una quimera: el sistema tiene un incentivo económico para mantener la ficción.
La burbuja sexual y los datos que nadie quiere ver
Detrás del debate hay un fenómeno sociológico que algunos llaman 'burbuja sexual'. Las aplicaciones de ligue han globalizado el mercado de pareja, y los datos indican que el 10% de los hombres acaparan el 90% de las interacciones. El resto tienen tres opciones: pagar, abstenerse o resignarse a la soledad no deseada. Esta distorsión del mercado de citas alimenta la demanda de servicios sexuales, por mucho que se legisle en contra.
¿Masturbación asistida = prostitución?
La línea entre lo que es prostitución y lo que es 'servicio de relajación' se vuelve cada vez más difusa. En los salones de masajes no se vende sexo en sentido clásico, sino una experiencia técnica y despersonalizada. Es más higiénico, menos comprometido y cabe en un marco legal ambiguo. Para muchos, es la solución pragmática a una demanda que no busca compañía, sino descarga.
Con estos datos, la propuesta de multar al cliente parece más un gesto moral que una solución real. Mientras los salones de masajes sigan funcionando con la bendición municipal, la prostitución en España seguirá mutando, no desapareciendo. Y el que no lo vea, es que no quiere mirar.
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