¿Por qué hay tantos carteles de 'se vende' en la costa mediterránea?
Las fotos de BladeRunner no necesitan palabras: bloques enteros de apartamentos con decenas de carteles de venta y alquiler, muchos de ellos de diferentes propietarios. Lo que parecía el negocio redondo de la segunda residencia se convierte en un síntoma de sobreoferta. En la costa levantina, la realidad es que la oferta de viviendas de veraneo supera con creces la demanda, y los plazos de venta se alargan de días a seis meses.
Seseña: la ciudad fantasma a la vista
El caso de Seseña, en Toledo, es paradigmático. Junto a la A4, kilómetros de urbanizaciones sin terminar y con carteles de venta que parecen no tener fin. Lo que empezó como un boom inmobiliario se ha convertido en un esperpento urbanístico. Quienes compraron como inversión ahora ven cómo sus ahorros —en algún caso, 19.000 euros de entrada— se esfuman al no poder hacer frente a la hipoteca.
El papel del crédito fácil y la especulación
Detrás de esta imagen hay un patrón común: el constructor promete servicios que nunca llegan, el banco concede hipotecas a quien apenas tiene ahorros, y el comprador confía en una revalorización que no se produce. "Que si la situación no es preocupante", ironiza alguien conocedor del sector; la realidad es que muchos propietarios ya están con el agua al cuello.
Ironías del destino: las mismas fotos fueron reproducidas en un blog francés, donde también cuecen habas. Pero aquí, entre naranjos y aceras sin construir, sigue apareciendo el siguiente bloque de pisos. El ladrillo ya no pesa solo en las cuentas de resultados, sino en las espaldas de quienes se hipotecaron para toda la vida.
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