Galicia registra su julio más cálido mientras el Mediterráneo cuece a 30 grados por la noche
Galicia acaba de firmar el julio más cálido de su serie histórica, después de encadenar el segundo junio más caluroso jamás medido. Los datos oficiales no dan tregua, pero la experiencia cotidiana dibuja un mapa incómodo: en Pontevedra todavía se duerme con manta mientras Valencia soporta dos meses de noches a casi 30 grados. El récord gallego convive con la sensación generalizada de que donde más aprieta el verano es en el litoral mediterráneo.
Los registros del noroeste no se notan en la almohada. Quien vive en Pontevedra no reconoce el verano apocalíptico; quien sufre la humedad de Valencia lleva semanas sin pegar ojo. El contraste no es nuevo: el Mediterráneo siempre fue un clima castigado, una de las razones por las que la burguesía histórica buscaba refugio en el norte. Lo que ahora llama la atención es la coexistencia de un julio récord en Galicia con noches infernales en el este, y la dificultad de las medias para reflejar esa fractura térmica.
Hay quien sostiene que la novedad no es el calor, sino la atención que le prestamos. Es la tesis cómoda, la que convierte en exageración lo que en Valencia son dos meses de noches sin bajar de 30 grados. Pero también está el otro lado: los datos se baten, los registros caen y el verano en curso ya tiene dos hitos históricos a su nombre. Que una manta en Pontevedra y un ventilador en Valencia convivan en el mismo país es exactamente lo que las estadísticas de récord no saben contar.
Si la tendencia se mantiene, la próxima ola de récords llegará antes de lo esperado y en puntos cada vez más insospechados. Pero la memoria climática es corta: el año que viene discutiremos si estos registros eran historia o costumbre. Probablemente, ambas cosas.