Depardieu dice beber 14 botellas al día y no ser alcohólico
¿Cuánto alcohol cabe en un cuerpo humano antes de que el cuerpo pase factura? Gérard Depardieu, intérprete de Asterix y Obélix, lo resumió en una entrevista recogida por Europa Press: «Empiezo en casa, con champán o vino tinto antes de las 10.00. Después más champán, luego pastis, quizá media botella». La cifra que da para el conjunto del día ronda las
14 botellas. Y añade la frase que lo explica todo: «nunca termino borracho, solo un poco achispado». Su receta contra el exceso es una siesta de diez minutos y un poco de vino rosado.
La aritmética no cuadra. Un litro de alcohol puro es dosis letal para un adulto medio, y catorce botellas de vino se acercan peligrosamente a esa frontera. Quien sostiene que la cifra es imposible tiene a su favor la fisiología; quien la defiende, la tolerancia de un bebedor de décadas y un volumen corporal que reparte el golpe.
Qué bebe exactamente y en qué orden
El relato que da el actor no es una borrachera puntual, es una
jornada laboral etílica. Champán o tinto antes de las diez de la mañana, más champán, pastis —anís francés— hasta media botella, dos botellas de vino en la comida, champán y cerveza por la tarde, pastis otra vez hacia las 17.00 para terminar la botella, y vodka o whisky de remate. La secuencia importa: no es un atracón, es una
cadena de suministro que no se interrumpe.
El propio interesado niega la etiqueta. «No tengo ningún problema con la bebida», viene a decir, porque el criterio que usa no es clínico sino subjetivo: no acaba tirado, solo
achispado. Ese es el núcleo del asunto y el motivo por el que la noticia sigue circulando: la diferencia entre beber mucho y ser alcohólico no la decide el bebedor.
El cálculo que no resiste un hígado
Aquí es donde el relato se rompe. Un litro de alcohol puro mata, y esa referencia aparece en la discusión como vara de medir. Catorce botellas de vino, aun con graduaciones medias, se acercan a esa cifra. La conclusión más repetida es que
nadie aguanta ese ritmo durante años sin cirrosis, coma etílico o ambas cosas.
Hay quien matiza que el volumen no es lo único que cuenta. Un bebedor con décadas de práctica desarrolla tolerancia, y un cuerpo grande —Depardieu siempre ha sido un gran comilón— diluye más. El detalle fino, con las cuentas de litros y graduaciones desglosadas, es lo que deja claro hasta qué punto la cifra es defendible o directamente una fanfarronada.
Churchill, Bogart y el club de los que aguantaron
La comparación clásica es Winston Churchill, que según el relato más repetido bebía algo parecido cada día y llegó a los 90. También se citan Humphrey Bogart y Spencer Tracy como bebedores de época que no se privaron. El argumento implícito es que hubo generaciones enteras funcionando con ese nivel de alcohol y el mundo no se acabó.
El contraargumento es que la excepción no hace la regla y que el sesgo de supervivencia hace el resto: de los que bebían así y palmaban a los cincuenta no se escriben biografías. Churchill fumaba además diez puros diarios, lo que convierte su longevidad en un caso más difícil de explicar que de imitar.
Qué ha pasado desde entonces
La noticia original es de 2014. Al año siguiente, el actor admitió públicamente que era alcohólico, según recogió El Mundo, con un «es muy triste» como resumen. Ese reconocimiento desmonta la tesis de la entrevista inicial: quien dice no tener problema acaba poniéndole nombre al problema.
Años después, quienes siguen el asunto señalan que ha perdido peso y que no aparenta el ritmo de entonces. La hipótesis más repetida es que ha dejado el pastis o ha bajado el volumen. No hay confirmación de nada, solo la constatación de que el personaje sigue vivo y el cálculo de las catorce botellas sigue sin cuadrar.
El alcohol como identidad nacional y como chiste
En el fondo del asunto late un tópico: el francés que exagera. «Por la segunda botella ya te estará diciendo que ellos inventaron la república, el derecho y probablemente el ser humano», resume una de las salidas más celebradas. El estereotipo funciona como coartada: si es francés, seguro que exagera.
La otra coartada es la comparación con bebedores legendarios del imaginario popular, esos que se meten catorce litros un lunes normal. El chiste sirve para lo mismo: rebajar la cifra a anécdota. Y mientras tanto, la pregunta de fondo —cuánto puede beber una persona antes de que el hígado pase la factura— sigue sin respuesta tranquilizadora.
Al final, la única conclusión sólida es la que menos gracia tiene: si de verdad bebía eso, ya no bebe igual. Y si no lo bebía, tampoco pasa nada, porque nadie va a pedirle la cuenta.