Dos casos de papiloma al día: las ETS se disparan tras los 50
En la consulta del ginecólogo Chema Ríos el cambio se mide en agenda: antes veía un caso de papiloma cada dos meses, «como mucho uno al mes»; ahora la media es de dos al día. «Es una barbaridad», resume. No es una impresión aislada. El Centro Nacional de Epidemiología sitúa la gonorrea con una incidencia
25 veces mayor, la sífilis diez veces mayor y la clamidia un
245% por encima respecto a 2016. Los especialistas hablan ya de las cifras más altas desde que hay registros, y la relajación del preservativo aparece como principal sospechosa. «Se ha perdido el miedo, estamos ante una verdadera alerta», advertía la Academia Española de Dermatología y Venereología. La alerta, además, ya no es un asunto de veinteañeros.
Qué hay detrás del repunte en consulta
El perfil del paciente que describe el especialista es el de un adulto joven, a partir de los 20 años, que ha dejado de usar preservativo de forma sistemática. A eso se suma un cambio en el modelo de relaciones: cada vez más tempranas, con múltiples parejas y, en ocasiones, simultáneas. Hay un factor añadido que se mide mal en las encuestas y bien en la consulta: el tabaco. Quien fuma elimina peor el virus, y esa diferencia se nota en los tiempos de cada paciente. La ginecóloga
Ana Señarís, del Hospital Clínico Universitario de Santiago, insiste en que el problema no es solo el episodio agudo: estas infecciones actúan como factor de riesgo de complicaciones importantes e incluso de esterilidad futura. La conversación, por tanto, no termina cuando desaparecen los síntomas.
¿Por qué suben las ITS entre las mujeres de más de 50 años?
Porque el patrón de relaciones cambió también en esa franja. Divorcios y segundas parejas, mujeres en la posmenopausia, citas gestionadas por aplicaciones y vínculos más abiertos y esporádicos. Al desaparecer el riesgo de embarazo, cae la percepción de riesgo y con ella el preservativo. Señarís confirma el incremento de casos en estas edades y lo relaciona con ese
cóctel; por eso el
cribado se amplió hasta los 65 años. La lectura más dura que circula
al calor del dato carga el fenómeno sobre las mujeres. Hay quien señala que el mecanismo del contagio la desmiente a medias: para transmitir una infección hacen falta dos personas.
El VPH: el 80% lo contraerá y no da síntomas
El virus del papiloma humano es hoy la infección de transmisión sexual más frecuente y, a la vez, la más
discreta. Sin síntomas ni lesiones visibles, una persona puede haberlo tenido, haberlo contagiado y haberse curado sin enterarse. Se estima que más del
80% de las mujeres contraerá la infección en algún momento de su vida y que el
30% de los hombres lo porta y lo transmite. La mayoría de las veces el sistema inmune elimina el patógeno antes de que llegue a provocar un cáncer, pero no siempre: una mujer puede infectarse a los 20 años y ver la manifestación mucho después. El VPH es responsable de más del 90% de los cánceres de cuello de útero y de ano, y puede estar detrás de tumores de pene, boca y garganta.
Cribado, vacuna y la estrategia 90-70-90
Si no hay lesión, la citología no deja rastro, y ahí está el problema: el cribado es la única forma de adelantarse. En Galicia se ofrece desde el año pasado a todas las mujeres de 35 a 65 años, con toma de muestra en el centro de salud o en casa, y el resultado positivo se deriva a citología para comprobar si existe lesión. Nada de eso equivale a cáncer. La dimensión del reto se mide en la estrategia que la Organización Mundial de la Salud lanzó en 2020 con horizonte 2030: vacunar al
90% de las niñas menores de 15 años, cribar al 70% de las mujeres de menos de 45 y tratar al 90% de las pacientes con lesiones. La conización elimina la lesión, no el virus; eso queda en manos del sistema inmune, y alguien puede curarse y recontagiarse después. El protocolo completo, con el paso a paso desde la muestra hasta la decisión de intervenir, no se despacha en dos líneas.
¿Quién paga el tratamiento de una infección de transmisión sexual?
Aquí el asunto deja de ser clínico y se vuelve presupuestario. Una parte del comentario público sostiene que quien asume conductas de riesgo debería asumir también el coste de su tratamiento, y que ese dinero sale del bolsillo de todos. Entre medias queda un terreno que nadie cuantifica con precisión, el de las consultas, pruebas y tratamientos que el sistema público absorbe cada año. Hay un detalle que suele olvidarse en la discusión: las infecciones bacterianas tienen antibiótico y el papiloma, vacuna. El gasto no es la única variable, pero es la que no aparece en los titulares.
Con más del 80% de las mujeres expuestas al VPH a lo largo de su vida y un 30% de hombres portándolo sin saberlo, el cálculo que descoloca no es el del coste. Es el del tiempo. El virus puede permanecer inactivo durante años y dar la cara cuando el daño ya ha empezado. Solo se detecta en el momento en el que empieza a hacerlo.