España arrastra siglos de antisemitismo, desde mucho antes de los Reyes Católicos, que culminaron aquella persecución con la expulsión de los judíos en 1492. Y conviene recordar que ni siquiera Franco reconoció al Estado de Israel. Las relaciones diplomáticas no llegaron hasta 1986, así que esto viene de bastante lejos.
Y en buena parte le doy la razón. Ya va siendo hora de abrir los ojos y reconocer ciertas realidades, por incómodas que resulten. Se puede criticar al Gobierno israelí, faltaría más, pero también convendría aprender a distinguir entre Israel, sus gobernantes y el pueblo judío. Que a estas alturas todavía tengamos que explicar esa diferencia tiene narices.