El himno del Madring y la factura de la fiesta
Tres Eurofighters sobre el circuito, el Rey en la grada y la Marcha Real interpretada por un coro sinfónico. La estampa que dejó el Gran Premio de Madrid —el Madring— fue potente, y el himno de España volvió a sonar en un contexto donde conviven la emoción y la contabilidad. Porque un evento que se presenta como privado moviliza dinero público, aviones militares y una jefatura del Estado. Ahí empieza el problema.
El himno sin letra y el coro que entona el 'lololo'
El detalle que casi nadie discute: España es el único país del mundo cuyo himno nacional no tiene letra. La Marcha Real es una marcha militar del siglo XVIII, heredera de la marcha granadera, y España fue pionera —el primer país en declarar la oficialidad de una marcha de honor para actos públicos—. Pioneros en oficializar, últimos en cantar. De ahí el recurso del coro entonando el tema sin texto, un 'lololo' sinfónico que se estrenaba en este tipo de despliegues.
La comparación con otros himnos aparece sola: Alemania usa una melodía de Haydn, y hay quien pone por delante los de Uruguay, Guatemala o Japón. La curiosidad que casi nadie cita: la música del himno mexicano la compuso un español, Jaume Nunó, natural de Sant Joan de les Abadesses.
Evento privado, dinero público: dónde está el nudo
Aquí el asunto deja de ser musical y pasa a ser contable. El Madring se vende como espectáculo privado, pero el despliegue institucional —presencia de jefatura del Estado, sobrevuelo militar, aparato de seguridad— no lo paga el organizador. Se habla de unas aportaciones públicas que rondarían los 320 millones de euros en el ejercicio y de servicios auxiliares adjudicados con escasa publicidad, la seguridad entre ellos. La pregunta es incómoda: si la fiesta es privada, ¿por qué la escolta se cubre con recursos de todos?
El argumento contrario no es débil: el retorno turístico, el escaparate internacional y el empleo temporal compensarían la inversión. Pero el retorno se promete y la factura se documenta. Es la asimetría clásica de todo gran evento subvencionado.
Tres cazas y una bandera que no apareció
En el aire, la polémica fue técnica. Las aeronaves debían dibujar la bandera de España con humo coloreado y no lo hicieron; desde Defensa se apuntó a un fallo técnico. El dato que conviene retener es otro: los aviones que dibujan banderas en el cielo son los C-101 de la Patrulla Águila. Los Eurofighters que hicieron la pasada no llevan sistema de generación de humos. Con esos aparatos, la bandera aérea no era una opción real. Y para generar humo de colores hace falta combustible, quemado además sobre una zona de bajas emisiones.
El cierre lo da el propio himno: el país que fue pionero mundial en oficializar una marcha de honor sigue sin ponerle letra. Desfiles, cazas y coros para un texto que nunca llega.