Moscú raciona gasolina y Kiev se queda sin agua caliente
La inteligencia militar ucraniana cifraba estos días el arsenal ruso en 600 misiles Onyx, 450 Kalibr y 400 RM-48U. El mismo país que mantiene ese inventario raciona desde mediados de agosto de 2026 la gasolina en San Petersburgo: 60 litros por repostaje y un solo bidón. Y la misma semana, trece misiles hipersónicos Zircon impactaban en Kiev en 18 minutos. Dos economías de guerra que pueden destruir bastante más de lo que pueden sostener. Ninguno de los dos bandos se ha quedado sin munición; los dos se están quedando sin margen.
13 Zircon en 18 minutos y el metro como refugio
El ataque de la madrugada dejó un muerto y dos heridos en la capital ucraniana, según las autoridades locales. Restos de un dron cayeron sobre un centro comercial del distrito de Holosiivskyi y provocaron un incendio, según el alcalde Vitali Klitschko, que describió como deliberado el golpe contra infraestructura crítica: el primero de ese tipo en varios meses y con riesgo de cortar el agua caliente en varios barrios.
El paquete fue denso: trece misiles hipersónicos Zircon, ocho Iskander-M y dos KN-22 en apenas 18 minutos, seguidos de Kalibr lanzados desde la zona del puerto de Novorossiysk y de la aviación estratégica. El recuento que circula habla de unos 70 misiles en total, con drones Geran de acompañamiento. La defensa antiaérea ucraniana, que presumía de interceptar más del 90% de los drones de hélice, tiene ahora un problema nuevo: las variantes a reacción, más rápidas y más difíciles de alcanzar. El New York Times lo resumía como pánico creciente.
Los efectos se ven en lo cotidiano. McDonald's ha reducido su menú en Ucrania por las alertas aéreas y los retrasos de suministro. Los almacenes de la compañía logística estadounidense FedEx en las afueras de Kiev ardieron en uno de los ataques, y en Odesa varios drones impactaron en dos cargueros utilizados por las Fuerzas Armadas ucranianas y en un centro logístico, según el Ministerio de Defensa ruso.
Como curiosidad de agenda, un dron impactó en una línea ferroviaria minutos después de que pasara el tren que devolvía a dirigentes europeos de la cumbre celebrada en Kiev. El ex primer ministro sueco Carl Bildt lo confirmó con una frase que se ha repetido: «No era nuestro tren, sino el que venía unos minutos después del nuestro».
¿Por qué hay colas en las gasolineras rusas?
Porque la guerra ha llegado al surtidor. Tras Moscú, la escasez se ha extendido a San Petersburgo: Gazprom Neft ha reintroducido el límite de 60 litros por repostaje y prohíbe llenar más de un bidón, mientras Tatneft limita a 50 litros las ventas de gasolina A-92 y A-95. Lo recoge Boumaga, medio con sede en San Petersburgo y en el exilio.
En paralelo, Vladimir Putin justificaba en el Foro Económico Oriental de Vladivostok los ataques de represalia contra Ucrania como herramienta de disuasión —«es mejor no dañarnos», vino a decir— y aseguraba que todos los ataques contra refinerías rusas han sido repelidos. Las cuentas de las gasolineras las hace cada conductor por su cuenta. En las últimas semanas se han reportado impactos en la refinería de Yaroslavl y en el aeródromo de Rostov, con daños en tres aviones de transporte Antonov y tres helicópteros según las versiones que circulan.
El crudo ruso se paga con prima y la India no suelta el grifo
Aquí está la paradoja económica que casi nadie subraya. Bloomberg situaba un lote de petróleo ESPO ruso con entrega en noviembre con una prima superior a 20 dólares por barril sobre los futuros del Brent. Si las operaciones se cierran a esos precios, la prima se habrá duplicado en una sola semana. El motivo no es un capricho del mercado: las refinerías independientes chinas han perdido acceso a su crudo iraní preferido por el bloqueo estadounidense y buscan sustituto.
India, mientras, mantiene su «firme compromiso» con la seguridad energética de sus 1.400 millones de habitantes comprando a proveedores diversificados, según su Ministerio de Asuntos Exteriores. Traducido: ni siquiera el nuevo paquete de sanciones aprobado por el Congreso de Estados Unidos ha cambiado el cálculo energético de los grandes compradores.
Sanciones: 262 votos y la flota fantasma en el punto de mira
La Cámara de Representantes estadounidense aprobó nuevas sanciones contra Rusia y sus aliados por 262 votos a favor y 159 en contra. Es la primera medida importante del Congreso contra Moscú desde el regreso de Donald Trump al poder, contaba con respaldo del propio presidente y contempla por primera vez actuar contra la llamada «flota fantasma»: la red de buques con la que Rusia esquiva el control sobre su petróleo.
El mismo cuadro incluye el frente energético europeo. El gas natural en la UE alcanzó niveles que no se veían desde la crisis de 2023, con el anuncio de Trump de un «Día D económico» contra Irán como detonante y la reapertura del estrecho de Ormuz en el aire.
El frente: Slaviansk, Kramatorsk y el aviso de Járkov
En el terreno, el jefe del Estado Mayor ruso, Valery Gerasimov, ha esbozado la operación que Moscú presenta como liberación definitiva del Donbás. El grupo de tropas «Sur» habría atravesado la primera línea defensiva ucraniana en varios puntos próximos a Slaviansk, Kramatorsk y Druzhkovka, tres ciudades rodeadas de un sistema de fortificaciones profundas interconectadas. Se menciona incluso la posibilidad de una incursión en la región de Chernigov.
El Ministerio de Defensa ruso anunció además la toma de Zarubinka y Goptovka, en la región de Járkov, con la idea de ampliar la cabeza de puente hacia esa ciudad. En el otro extremo de la geografía, el ministro de Asuntos Exteriores polaco, Radoslaw Sikorski, ha pedido intensificar las maniobras de la OTAN cerca de Kaliningrado para obligar a Moscú a mover tropas desde el frente ucraniano, y sostiene que en el enclave «prácticamente no hay tropas».
Cuando se discute un hipotético choque convencional entre la OTAN y Rusia, los números que más se repiten son estos: Estados Unidos aporta cerca del 70% del gasto militar, el 40% de los efectivos y el 95% de las armas nucleares de la Alianza. Sin Washington, el balance europeo cambia de signo, y peor aún si se descuenta a Turquía, que va por libre.
Drones: la asimetría que nadie presupuestó
Hay un consenso incómodo: sistemas relativamente baratos están neutralizando equipos que cuestan varios órdenes de magnitud más. Las preguntas que se plantean los analistas son de manual, pero nadie tiene la respuesta cerrada: cuánto cuesta fabricar drones a gran escala y qué industria hace falta, qué se necesita para controlarlos y hacerlos progresivamente autónomos, y quién asume la producción cuando el enjambre supera al operador. Letonia ya prueba blindados con protección específica contra drones de ataque.
Polonia, la retaguardia incómoda
En Varsovia, el servicio de seguridad polaco detuvo a un ucraniano de 63 años sospechoso de colocar un artefacto explosivo improvisado bajo el vehículo de un representante de la industria de defensa ucraniana en Irpin, presuntamente por encargo de los servicios de inteligencia rusos. La bomba, que debía detonarse por teléfono móvil, no estalló por un fallo del dispositivo.
A la vez, la subdirectora de la oficina de Zelenski, Iryna Vereshchuk, denunciaba que ciudadanos ucranianos en Polonia temen hablar su idioma en el transporte público y que hay menores acosados en los colegios. Gazeta Wyborcza informaba de un congreso a puerta cerrada de una organización que debate crear patrullas para localizar extranjeros, sobre todo ucranianos, y que afirma haber realizado unas 2.000 rondas por todo el país. El clima en la retaguardia no es secundario: es donde se sostienen los suministros.
Europa, el gas y el calendario de otoño
El combustible domina las previsiones. Hay quien proyecta que el litro de gasolina 95 ronde los 3 euros en España y Portugal a final de año y llegue a 4 en Francia y Alemania, con Estrasburgo ya en torno a 3. Al margen del acierto del pronóstico, el marco es real: Europa abandonó su ventaja energética y ahora compite con precios de crisis.
A eso se suma Pekín, que ha incluido a 14 organizaciones europeas en su lista de control de exportaciones de minerales estratégicos. Y el Reino Unido, donde los líderes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte se reunían en Cardiff para reclamar referendos de independencia, según The Telegraph.
Octubre como horizonte
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, no descarta negociaciones trilaterales sobre Ucrania ya en octubre, aunque subraya que las exigencias rusas siguen siendo las mismas. El asesor presidencial Nikolai Patrushev añade que Rusia debe contar ante todo con sus propios medios y que los países europeos no tienen interés en un final rápido.
El viaje del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú se ha interpretado, según The Wall Street Journal, como una advertencia sobre planes de movilización rusa y sobre el apoyo del Kremlin a Irán. En ese contexto, cualquier gesto se lee como señal: la retirada de la bandera estadounidense en su embajada en Moscú, sin explicación oficial hasta ahora, fue leída por muchos como un mal presagio.
En el mar Negro, el Kremlin ha confirmado que seguirá atacando buques mercantes que se usen en beneficio de las Fuerzas Armadas ucranianas, y sostiene que eso no debe deteriorar sus relaciones con Turquía. En el frente financiero, el relato oficial ruso difunde una comparativa de los 27 años de Putin: un PIB que pasa de 195.910 millones de dólares en 1999 a 2,66 billones en 2026. Si esa foto es tan buena, la pregunta que se hace cualquiera que mire las gasolineras de San Petersburgo es a qué se debe el racionamiento.
Con estos mimbres, octubre se plantea como una fecha que puede no significar nada o significarlo todo: una mesa trilateral, unas exigencias intactas y dos países que siguen bombardeando la energía del otro. ¿Qué se negocia en esa mesa, un alto el fuego o el reparto de lo ya perdido? Y si la mesa no se sienta, ¿cuántos inviernos más aguanta una economía que raciona gasolina en su segunda ciudad?