El crudo del Golfo cuesta veinte veces más de mover que en febrero
Transportar crudo desde el Golfo Pérsico cuesta hoy alrededor de un millón de dólares al día. En febrero eran 50.000. Ese factor de veinte no lo ha producido ningún misil hipersónico ni ningún dron: lo han producido el estrecho de Ormuz, con el tránsito comprometido, y el oleoducto Este-Oeste saudí, atacado por segunda vez en 24 horas por fuerzas yemeníes. Un fondo cotizado que solo mantiene futuros sobre fletes marítimos se ha revalorizado un 3.600% en el año y apenas se inmutó cuando el petróleo bajó durante el verano.
Ese es el telón de fondo con el que Ucrania y Rusia encaran la segunda mitad de septiembre de 2026: dos guerras —la del Donbás y la del Golfo— que ya comparten factura energética. El gas natural europeo ha vuelto a los niveles de la crisis de 2023 y el Brent superó los 109 dólares por barril el 10 de septiembre, máximo desde el 21 de mayo. Quien crea que el frente ucraniano se decide solo en el Donbás no ha mirado la cotización del gas.
Por qué Ucrania quiere lanzar 1.000 drones al día
Volodímir Zelenski anunció que el Estado Mayor ha ordenado a la industria de defensa elevar la producción de drones de ataque de largo alcance hasta los 1.000 diarios, desde los 300 que fabrica de media. La aritmética que hay detrás es sencilla: según el Ministerio de Defensa ruso, en un solo día se derribaron 426 aparatos sobre doce regiones, la región de Moscú y Crimea, y 350 en una sola noche del 17 al 18 de septiembre, 64 de ellos cerca de la capital, según el alcalde Serguéi Sobianin. El coste de interceptarlos sigue siendo muy superior al de lanzarlos.
Alemania ha empezado a producir más de 5.000 drones de ataque de largo alcance para Ucrania, con un pedido vigente hasta mediados de 2027 y un modelo capaz de alcanzar 1.500 kilómetros, según Handelsblatt. La fabricación corre a cargo de una empresa conjunta entre la alemana-estadounidense Auterion y la ucraniana Airlogix, con software de guiado que incorpora elementos de inteligencia artificial.
El problema es la otra cara: los F-16 ucranianos se están quedando sin misiles. Faltan AIM-120 AMRAAM y AIM-9 Sidewinder, y hay misiones en las que los pilotos solo pueden recurrir a los cañones integrados, según TWZ. Un caza de decenas de millones contra un dron de unos miles. Ahí está la asimetría que define esta fase de la guerra: quien gasta un misil de seis cifras para tumbar un aparato de cuatro no gana la guerra, la alarga.
Qué está pasando con la gasolina en Rusia
La escasez de combustible que empezó en Moscú ha llegado a San Petersburgo. Según el medio local Boumaga, Gazprom Neft ha reintroducido un límite de 60 litros por repostaje y prohíbe llenar más de un bidón; Tatneft limita las ventas a 50 litros para las gasolinas A-92 y A-95. Lo llamativo es que quien tiene que racionar combustible es uno de los mayores exportadores mundiales de crudo. Los drones ucranianos golpean refinerías y, según sostiene un participante del debate, obligan a Rusia a comprar combustible a Kazajistán.
La aviación estratégica rusa también acusa los golpes. Imágenes por satélite mostraron el resultado de un ataque con drones ucranianos sobre un bombardero Tu-95MS en la base de Engels-2, en la región de Saratov, con desprendimiento de parte del ala derecha. La interpretación de ese daño es objeto de disputa incluso entre quienes siguen el conflicto a diario: hay quien sostiene que los aparatos estacionados allí estaban fuera de servicio y sin motores, usados solo para instrucción.
El frente que apenas se mueve: 17,5 kilómetros cuadrados en un día
Los partes de avance de mediados de septiembre hablan de la liberación de Malaya Volchya, con 17,5 kilómetros cuadrados, la entrada en Tischenkovka, con 0,8, y progresos en Stepnogorsk, con 2,5. Son magnitudes que explican por qué la guerra se ha convertido en un pulso de desgaste y no de maniobra. Hay quien sostiene que las ofensivas ucranianas en Zaporizhie y Kursk acabaron mal y traza el paralelismo con 1914: doctrina del siglo XIX contra un campo de batalla transparente.
Las cifras de desgaste se contradicen según quién las dé. El primer ministro polaco, Donald Tusk, ha hablado de 27.000 bajas ucranianas mensuales, entre muertos y heridos. McGovern sostiene que Ucrania está desmilitarizada en un 90%, necesita 30.000 soldados nuevos al mes y no puede movilizarlos, y cifra las pérdidas ucranianas desde el inicio de la operación en 674 aviones, 284 helicópteros, 227.730 drones, 670 sistemas antiaéreos y 30.817 carros y blindados. Son datos imposibles de verificar de forma independiente.
Otro cálculo que circula entre los seguidores del conflicto: recuperar una sola posición en el este exigió a una unidad de élite ucraniana y cinco brigadas cinco meses, lo que el ejército ruso consigue en un día en el conjunto del frente. La comparación es interesante precisamente porque viene de fuentes críticas con Kiev.
Europa deja de ir a Kiev
El canciller alemán, Friedrich Merz, y el presidente francés, Emmanuel Macron, no acudieron a Kiev con motivo del 35.º aniversario de la independencia de Ucrania. Merz pelea por sostener un índice de popularidad en caída, con elecciones parlamentarias en el este de Alemania en septiembre y un electorado cada vez menos dispuesto a financiar las hostilidades; Macron tiene elecciones presidenciales dentro de diez meses.
La señal no es solo simbólica. Según el Wall Street Journal, la UE no podrá financiar todas las solicitudes ucranianas este año: las peticiones de Zelenski, decenas de miles de millones, llegan en el peor momento para unos gobiernos con las cuentas apretadas. El relevo lo toman países fuera del circuito comunitario: Canadá ha acordado con Ucrania el suministro de misiles interceptores por 350 millones de dólares canadienses, unos 253,4 millones de dólares, y ayuda para infraestructura de almacenamiento de gas.
En el flanco este, Polonia ha cerrado su espacio aéreo en las fronteras con Ucrania y Bielorrusia entre el 10 de septiembre y el 10 de diciembre por motivos de seguridad nacional. Tusk ha advertido de que Rusia podría intensificar sus ataques cerca de la frontera polaca, y analistas ucranianos denuncian el uso de repetidores en Bielorrusia que permiten a los drones Geran recorrer más de 250 kilómetros hasta Lutsk. En Varsovia, el servicio de seguridad interior detuvo a un ucraniano de 63 años, sospechoso de haber colocado un artefacto explosivo bajo el vehículo de un representante de la industria de defensa ucraniana en Irpin, presuntamente por encargo de los servicios rusos; la bomba no llegó a detonar por un fallo del dispositivo.
Las cifras de armamento que no cuadran
La inteligencia militar ucraniana publicó un inventario de supuestos depósitos rusos: 600 misiles Onyx, 450 Kalibr y 400 RM-48U. En el mismo periodo, según un recuento difundido en canales prorrusos, Rusia lanzó contra Kiev 13 misiles hipersónicos Zircon, ocho Iskander-M y dos KN-22 en apenas 18 minutos, seguidos de Kalibr desde la zona portuaria de Novorossiysk y una oleada de drones Geran, hasta unos 70 misiles en total. La defensa antiaérea ucraniana dice haber derribado seis de siete misiles S8000 Banderol y 73 de 96 drones en otro ataque.
La discrepancia entre lo que se destruye y lo que se supone almacenado es un género literario propio de esta guerra. Igual ocurre con el arsenal nuclear ruso: los datos de SIPRI que se manejan hablan de 5.500 ojivas en total, 1.900 desplegadas operativamente, 2.600 almacenadas y 1.000 retiradas a la espera de desmantelamiento. Datos ciertos, interpretación libre.
El otro frente: Ormuz, los hutíes y el precio del gas
La sección occidental del oleoducto Este-Oeste saudí ha sido atacada dos veces en 24 horas por fuerzas yemeníes lideradas por Ansar Alá. El ducto va a unos dos metros bajo tierra, lo que, al parecer, obliga a emplear misiles balísticos especiales contra tramos soterrados y estaciones de bombeo. Según Reuters, Arabia Saudí ha pedido a China que presione a Irán para que Teherán controle a los hutíes, lo que da la medida de la complejidad de la cadena de mando. El tránsito por Ormuz sigue complicado y el gas natural europeo cotiza en niveles que no se veían desde la crisis energética provocada por la invasión rusa de Ucrania.
El detonante inmediato fue una publicación nocturna de Donald Trump en Truth Social declarando un «Día D económico» contra Irán. Un recuento difundido en redes atribuye al Pentágono una lista de bajas en ese conflicto: 838 militares estadounidenses fuera de combate desde el 28 de febrero, con 18 muertos y 820 heridos, y 26 bajas nuevas clasificadas bajo la etiqueta genérica de operaciones en el extranjero sin fecha ni lugar. Mientras, según esa misma versión, misiles iraníes impactaron la base aérea de Muwaffaq Salti, en Jordania.
El dato que se cuela entre los partes de guerra
En agosto, las mujeres ocuparon 158.000 de los 162.000 puestos de trabajo creados en Estados Unidos, el 98% del total, según el análisis de CNBC sobre los datos de la Oficina de Estadísticas Laborales. El número de mujeres en la población activa aumentó en más de 870.000 respecto al año anterior. Es el tipo de cifra que se cuela entre los partes de guerra y que explica por dónde va la economía que sostiene el esfuerzo militar aliado.
Y una curiosidad que un participante del debate relata como termómetro doméstico: el coste de una visita a urgencias en un hospital de Manhattan, el Weill Cornell, que, según su relato, salió por 3.000 dólares con seguro médico; sin seguro, la misma factura habría sido de 30.000. Entre tanto, en el frente lo que se cuenta por unidades son drones: 227.730 aparatos ucranianos perdidos desde el inicio de la operación, según una de las cifras que circulan.
Con el gas en máximos de tres años, el flete del crudo multiplicado por veinte y dos frentes abiertos, la pregunta ya no es quién gana en el Donbás. Es cuánto aguanta una economía europea que está pagando la guerra de Ucrania y la del Golfo con la misma factura energética.