Tinnitus: tres meses de Serc, ginkgo y un pitido que no se va
¿Por qué el otorrino responde «no le haga caso» ante un zumbido que lleva meses instalado en la cabeza? Es la recomendación estándar cuando la revisión del oído sale limpia: ignorar el ruido para bajar la ansiedad y no alimentarlo. El caso que abre el asunto es el de un hombre mayor al que
tres meses de Serc y ginkgo biloba no le han hecho absolutamente nada. No es un quejica, dicen de él; el pitido le tiene
histérico. Y ahí asoma el problema de fondo: se descarta la lesión, se receta un remedio que no toca la causa y se deja al paciente a solas con el ruido.
Qué causa los acúfenos: del trauma sonoro a las vértebras cervicales
El catálogo de desencadenantes que aparece en los relatos es amplio y poco tranquilizador. El trauma acústico se lleva la palma: locales de ensayo sin protección, moto, cine, la pesca submarina a pulmón. Un caso relata que el pitido arrancó tras un golpe con una pieza de equipo a presión en el trabajo. Otros apuntan a
problemas de circulación, a la trompa de Eustaquio o a una rectificación cervical. Hay incluso quien lo vincula al estrés sostenido: un sonido grave y constante, como una máquina de aire acondicionado mal instalada, que se fue a las pocas semanas de frenar el ritmo.
La lista sigue con infecciones —un caso lo sitúa tras una gripe A— y con la
ototoxicidad farmacológica: antibióticos, con las fluoroquinolonas y los betalactámicos señalados, sobre todo en personas mayores con la función renal ya castigada. También circula la atribución a las vacunas contra el coronavirus, que se despacha con sorna y sin ninguna prueba que la sostenga.
¿Por qué el Serc y el ginkgo biloba no funcionan?
Porque en la mayoría de los casos no hay una causa única que atacar. El Serc aparece una y otra vez recetado y una y otra vez descrito como inútil:
más que un remedio parece simplemente tratar de enmascararlo, resume un afectado. El ginkgo solo tendría sentido si el origen fuera circulatorio, y aun así los resultados son inconsistentes. Los tres meses del caso inicial no son una excepción: son la norma.
A esto se suma el argumento metabólico. Se defiende que bajar la insulina en ayunas y la inflamación de fondo —dieta baja en hidratos, vitamina D, ejercicio— mejora varios frentes a la vez. El dato que se aporta es un
HOMA-IR de 1,7 frente al
1,1 de un varón de 83 años que desayuna pan y azúcar, sin que nadie demuestre qué relación exacta guarda eso con el pitido.
La fisioterapia cervical: el caso que se resolvió en dos días
Aquí está la excepción interesante. Un relato describe acúfenos acompañados de vértigos que desaparecieron
dos días después de la primera sesión de fisioterapia para relajar y descontracturar la musculatura del cuello, después de que el Serc no le hiciera nada. Otro coincide en el alivio cervical, aunque con recaída:
quince días después de la última sesión, vuelta a empezar. La prudencia es obligatoria en pacientes con la columna tocada: nada de manipulaciones osteopáticas agresivas. El detalle de qué músculos y qué maniobras se trabajaron no se desarrolla en el texto original.
¿Sirve el ruido blanco para enmascarar los acúfenos?
Es la herramienta más repetida para las horas de silencio, que son las peores. Generadores de ruido blanco, aplicaciones móviles, vídeos largos de sonidos naturales —olas, lluvia, truenos— y vídeos específicos para la frecuencia exacta del pitido, que uno de los afectados sitúa
entre 8.000 y 11.000 Hz, muy agudo. También se mencionan audífonos que emitirían la misma frecuencia en oposición de fase; de su eficacia no hay confirmación alguna.
Acostumbrarse, resignarse o pedir la minusvalía
El mensaje dominante es el de la convivencia forzosa. Quien lleva más tiempo lo resume así: al principio unos meses terribles, después uno se acostumbra, y no hay más remedio. Hay un caso con el pitido en el oído izquierdo
desde 2002, hasta el punto de que dormir de ese lado resulta casi imposible, y otro que arrastra quince años tras la pesca submarina, con pérdida auditiva en un oído y ganancia en el contrario. En la valoración de la minusvalía intervienen médico, psicólogo y trabajador social, y el porcentaje sube o baja según se viva solo o lo afectado que esté el terreno psicológico. Por debajo del
33% no sirve prácticamente para nada; aquel caso quedó en torno al 20%.
Si ignorar el pitido funcionara, nadie pagaría un fisioterapeuta. La única mejoría documentada en dos días salió de masajear un cuello, no de un prospecto. A lo mejor el problema es que casi nadie lo mira.