El Ibex se empeña en subir mientras Japón arde y Portugal quiebra
En marzo de 2011 el mundo se desmoronaba por los cuatro costados y el IBEX 35 subía. Portugal quebraba, la CAM pasaba a Santander, Libia entraba en guerra, el crudo se disparaba y Japón encadenaba terremoto, tsunami y crisis nuclear. El selectivo se movía en el entorno de los
10.840 puntos, con el bono a diez años al
5,55% y el Brent rompiendo los 116 dólares. La contradicción es tan grande que uno se pregunta si la bolsa española vive en otro planeta.
Por qué el Ibex 35 sube con Japón en crisis
Porque el calendario pesa más que el telediario. Con un vencimiento trimestral de por medio, sostienen los más veteranos, el pánico puede perfectamente esperar a que se cierren las posiciones grandes. El terremoto japonés, la guerra libia y la quiebra portuguesa no movieron el papel tanto como la necesidad de sostener precios hasta el día señalado. Otra lectura, más descreída: si la bolsa cayera con cada desastre, habría que explicar por qué lleva meses aguantando noticias espantosas.
El argumento que más circula en la parte baja del mercado es el de las grandes manos. Cuando los bloques de órdenes salen a comprar con paquetes pequeños y la cotización no sube, la lectura es que alguien está acumulando. Cuando aparecen 700 órdenes a largo que se cierran en diez minutos, la lectura cambia: eso es ruido para confundir. El resultado es un mercado loco,
más descontrolado que las centrales japonesas, como resumía quien mira la cinta profesionalmente.
Japón: el terremoto que no hundió el selectivo
El desastre nipón llegó a los mercados sobre todo por una vía inesperada: la liquidez. Japón, se decía, iba a inyectar dinero a mansalva para evitar que su economía se desfondara, y ese dinero buscó rentabilidad en los índices europeos. El IBEX, según esa lectura, se convirtió en destino natural de esa pasta. Al mismo tiempo, el crudo WTI marcaba un nuevo máximo anual en
107 dólares y el Brent rompía los 116, señales que normalmente habrían tumbado cualquier rebote.
La paradoja japonesa tiene una segunda capa. Con media infraestructura en el suelo, había quien sostenía que aquello era el principio del fin de su deflación eterna. Un país que decide reconstruirse entero es, al fin y al cabo, un país que decide gastar.
Iberdrola Renovables: la fusión que sí movió el papel
Hubo un movimiento que no dependía de Japón ni de Libia: la suspensión de cotización de Iberdrola e Iberdrola Renovables. El consejo había acordado proponer la fusión por absorción, con la matriz como sociedad absorbente y la filial como absorbida.
Frente a ese movimiento, el resto era ruido. Valores pequeños como Quabit se movían entre los 0,2 y los 0,204 euros. En Santander, un forero se preguntaba si su subida tenía que ver con que el banco se fuera a quedar con la CAM.
El bono, el crudo y la liquidez de los bancos centrales
El indicador que más incomodaba era el bono. El diez años español tocó el 5,55% antes de relajarse hacia el 5,25%, un movimiento que no cuadraba con la calma del selectivo. Si la deuda no cejaba, ¿por qué el IBEX no se enteraba? La respuesta que se repetía apuntaba a la Reserva Federal. Había quien sostenía que el dinero barato de Bernanke llevaba meses sosteniendo las bolsas por decreto, y que cuando el banquero desaparecía de escena, los índices retomaban su senda natural.
Ese es el meollo: la bolsa dejó de medir la economía hace tiempo.
Sí y no, decían los que sabían explicarlo. Los mercados son soberanos y se rigen por los intereses de quien pone el dinero, no por los telediarios. Los fundamentales, con esa lógica, se parecen más a una coartada que a una causa.
Qué hacer con el Ibex entre los 10.500 y los 11.000
Depende de si uno cree en el suelo. Quienes veían la directriz alcista desde mayo de 2009 apuntaban a los 9.700-9.800 como zona probable de rebote si el castillo se venía abajo. Quienes operaban sin posición recomendaban quedarse fuera: con esa volatilidad, los stop se saltaban solos y cualquier objetivo lejano era una lotería. La horquilla entre ser valiente y ser prudente se medía en euros.
La capa técnica tampoco aclaraba nada. El SP500 aguantaba en el triángulo expansivo que los grafistas llevaban días dibujando; el DAX no podía con los 6.800; y el Dow se debatía entre los 12.000 y los 13.000. Todo el mundo miraba niveles, nadie miraba certezas.
La deriva sigue sin resolverse: si el IBEX aguanta los 10.500 con el bono al 5,55%, el rebote tiene combustible; si vence el trimestral y las grandes manos cambian de bando, los 9.700 vuelven al mapa. Y todo esto, con Japón sin terminar de enfriar sus reactores.