Ibex 35: del rally de los 11.000 a la digestión de un año plano
Diciembre de 2014. El
Ibex 35 afronta el cierre del ejercicio con la misma pregunta que ha arrastrado durante meses: ¿los 11.000 puntos o los 10.000? La tesis alcista no era improvisada. Sostenía que la tendencia primaria seguía intacta mientras no se rompiera la cuña dibujada en los gráficos y que las posiciones largas no tenían por qué pasar apuros, con un matiz venenoso para los apalancados sin colchón. La próxima parada, se decía, eran los 11.000.
Al otro lado, la contraoferta bajista era más modesta: 10.000 puntos y gracias. Dos cifras separadas por mil puntos que resumen el pulso de un ejercicio en el que las previsiones llegaron a repartirse entre los 12.000 que muchos daban por seguros y los 8.000 que otros defendían con la misma convicción, según el repaso que hacía un forero.
El doble techo que enfrió los ánimos del Ibex
La corrección no tardó en aparecer en los gráficos. El análisis que circulaba en el hilo apuntaba a un doble techo y a la rotura clara de los
10.500 puntos, lo que desplazaba el objetivo bajista hasta los 10.250. La lectura no era de pánico: ahí, precisamente ahí, estaba el punto para comprar barato si alguien tenía liquidez y estómago.
El problema de fondo era otro. Los objetivos, fueran cuales fueran, no se iban a alcanzar, porque los responsables de mover el mercado son, según la broma recurrente del hilo, muy tontos. Mejor hablar de bolsa y dejar de discutir con fantasmas. El tono burlón no ocultaba una realidad incómoda: las dos últimas sesiones habían sido malas y el balance anual, según un forero, era malo aunque no desastroso.
¿Qué valores aguantan diez años en cartera?
La pregunta cayó sin rodeos y la respuesta llegó en forma de cinco nombres del parqué:
BME, ENG, IBE, REP y SAN. Faltó el desarrollo caso por caso: no hubo tesis compañía a compañía, solo la lista.
El movimiento táctico sí quedó documentado. Las acciones de ENCE se vendieron, según el mensaje del forero, con ganancias descritas como jugosas. En un año que ese mismo forero describía como malo para el índice, cerrar una posición en positivo no es un detalle menor.
Y luego estaban las cuentas de quien había planteado a principios de ejercicio una estrategia de largo plazo y publicó después su propio historial, con la advertencia de que eran operaciones personales y no consejos que jamás se atrevería a dar. El recuento incluía los aciertos en negrita y, según la réplica más repetida, dejaba fuera lo que no lucía: las pérdidas. Nadie vende
en rojo cuando puede evitarlo.
Grecia, el bono alemán y el ruido que llegaba de fuera
Mientras el Ibex se mantenía extrañamente quieto, el exterior crujía. La bolsa de Atenas se dejó un
7,2% y seguía bajando, en un escenario que un forero describía como de impago y de castigo aleccionador. En Brasil, el lío de Petrobras añadía una capa más de incertidumbre. Y en el mercado de deuda, el bono alemán a cinco años se acercaba a terreno negativo: rentabilidad del
0,012% anual y en descenso.
Que el selectivo español aguantara ese chaparrón llamaba la atención: un forero lo describía como un índice «inmutable» y ponía en duda la fiabilidad de su comportamiento. Con Grecia y Brasil en el mismo telediario, la calma del Ibex se leía más como una anomalía que como una señal de fortaleza.
El aviso del CAPE: barato no siempre es rentable
El resumen de un artículo sobre ratios CAPE por países que se compartía en el hilo dejaba una conclusión incómoda. En 2013, invertir en los mercados cuyo CAPE era menor a finales de 2012 —los más baratos por ese criterio— hubiera dado una rentabilidad excelente. En 2014, la misma metodología habría provocado pérdidas cuantiosas. Comprar índices baratos por el mero hecho de estarlo no garantiza nada.
Para el forero que lo traía, el dato servía para desmontar la fe ciega en las valoraciones como brújula. Y de paso, para dejar como gran acierto del curso a quien anticipó un ejercicio plano, frente a los que prometían 12.000 o 8.000.
2015: entre el sartenazo y el rally de fin de año
La apuesta de un forero de cara al ejercicio siguiente era doble. Primero, un rally de fin de año para pillar un par de semanas alcistas y salir a tiempo. Después, su escenario de un
2015 con un sartenazo de 2.000 a 3.000 puntos abajo cuando tocara refinanciar la deuda de los países débiles de la eurozona, España incluida. Entrar, subir, salir y
ver los toros desde la barrera unos meses: esa era su hoja de ruta.
Para enero y febrero, otro forero esperaba precios atractivos, con la idea, según su frase, de que los
cuatro leones que manejan el mercado dejaran alguna empresa decente a precio de saldo. También hubo quien anunció que se iba
de rebajas, y quien reconoció haber devuelto el barco que había encargado esperando el rally navideño.
El año se cerraba sin que nadie cuadrara del todo la cuenta. La previsión de los 11.000 quedaba pendiente de confirmación, y el Ibex llegaba al final del ejercicio con la misma fama de índice incómodo, con mil puntos de distancia entre la expectativa más optimista y la contraoferta.