Brillante y real. Hay decenas de casos como el de esta chica últimamente, pero como no leen nada que esté en la realidad, suceden una y otra vez.Esto pasa por vender la idea de un mundo maravilloso. Luego la gente no entiende nada.
La idealización de viajar y conocer nuevos lugares, promovida por la gran campaña de marketing de la industria del turismo, nos lleva a pensar que no hay experiencia más enriquecedora que conocer el mundo; cuando, en realidad, el mundo está lleno de conflictos, guerras, gente sin la más mínima humanidad y sociedades en las que la vida de un individuo no vale nada. Creemos que el verdadero mal lo tenemos en nuestro país cuando conocemos a alguien que no comulga con el catecismo impuesto y se atreve a decirlo, pero no es nada en comparación con lo que te puedes encontrar ahí fuera.
Vivimos bajo las teorías fantasiosas del «buen salvaje»: esa persona que no ha tenido la suerte de vivir en una sociedad avanzada pero que, tan pronto le das una oportunidad, la aprovecha y se convierte en un ciudadano ejemplar. O la idea de que el mundo es un lugar que hay que cambiar para que sea más justo, cuando en un 80 % es simplemente un sitio en el que sobrevivir, da igual cómo.
Lamento profundamente la gloria de esta joven. Por aquí nos parece algo injusto y terrible; por donde ha sucedido es un hecho cotidiano. El mundo —ese lugar maravilloso con el que llenar de contenido nuestro Instagram— en realidad es esto; en realidad es así.
Las dos chicas asesinadas en Jovenlandia, la jubilada asesinada en Tailandia, la empresaria asesinada en México... Y las innumerables que mueren aquí a manos de sus novios, todas las cuales les parecen mejores que la nuestra.