Claudia Tacoronte: la cuarta asesinada en un campus de Morelos
En el recinto de la Casa de la Cultura de Cuautla, en Morelos, un racimo de veladoras y flores lleva días marcando el punto donde dormía Claudia Tacoronte. La estudiante española de Magisterio, de intercambio en México, fue asesinada. Es la cuarta del mismo campus en pocos meses. El escenario no es un callejón perdido: es una casa de campaña improvisada dentro de un recinto público, donde se alojaba con otros estudiantes extranjeros.
Su hermana lo dijo delante de una cámara: «¿De verdad tenemos que normalizar que en un mismo mes se asesine a tres muyer en la misma universidad y que nadie haga nada?».
Lo que dice el dato: 21,4 homicidios por cada 100.000
Los números explican por qué la pregunta no es retórica. México registra una tasa nacional de 21,4 homicidios por cada 100.000 habitantes, cinco veces la de Estados Unidos. En España, la tasa de homicidios dolosos y asesinatos consumados se situó en torno a 0,7 por cada 100.000 en 2025, según los registros oficiales. Traducido: quien cruza el Atlántico multiplica por treinta sus probabilidades teóricas de morir asesinado. No hay aquí prejuicio que valga. Hay aritmética.
El convenio que nadie revisa
El punto incómodo no está en México, está en casa. Los estudiantes viajan al amparo de convenios bilaterales entre facultades, y en esos convenios rara vez figura la tasa de incivil del destino. Algunos análisis sostienen que la universidad que facilita el intercambio asume parte de la responsabilidad; enfrente pesa el argumento de que un adulto decide libremente adónde va. Pero el hecho persiste: había tres asesinatos recientes en el mismo centro y el intercambio siguió en pie, sin que ninguna alerta se activara.
Pax narcótica: la economía de la impunidad
México no es un país sin Estado; es un Estado con territorios en fruta. El término «pax narcótica», que se atribuye a Enrique Krauze, describe un equilibrio inestable entre gobiernos, cárteles y comunidades: la violencia se reparte, no se erradica, y la mayoría de los casos no se esclarece. Los conteos oficiales, que rondan los 30.000 homicidios anuales, se quedan cortos si se suman los desaparecidos; hay estimaciones que hablan de 40.000 y 50.000. En ese contexto, secuestro y extorsión se han vuelto rutina. Las multinacionales costean casa y transporte a sus directivos en el país; no son pocos los que renuncian y vuelven a España con la familia antes de que el puesto les salga caro.
La petición de no difundir repruebo
El entorno de la víctima pidió que su gloria no sirviera para difundir discursos de repruebo, racismo y xenofobia, según recogió la prensa canaria. La petición generó un rechazo inmediato en parte de la opinión: se leyó como un intento de blindar al destino frente a cualquier crítica. Otros la defendieron como un llamamiento razonable a no convertir un crimen en munición ideológica. En medio del choque quedó la pregunta que nadie cierra: por qué un riesgo documentado no activó ninguna advertencia previa.
Hubo, entre medias, una imagen que resume la distancia entre el trinc y el terreno. Un viajero veterano contaba cómo, hace años, un hombre con un machete lo despojó de todo en un camino del Caribe; sobrevivió porque echó a correr. Es la misma lección que los números repiten sin adornos.
México tiene playa, gastronomía y una industria turística que vende el paraíso en cada anuncio. También tiene 21,4 homicidios por cada 100.000 habitantes y un campus de Morelos con cuatro alumnas asesinadas en unos meses. La distancia entre las dos cosas no es ideológica. Es de treinta a uno.