El asalto que nunca ocurre: la profecía con “fuentes cercanas”
La última profecía económica ha decidido el momento: esta misma noche. Se anuncia un ‘asalto’ inminente respaldado por una supuesta ‘masa crítica’ y por el comodín de siempre: “fuentes cercanas”. A pocas horas del evento, los mercados no se inmutan y el escepticismo, lejos de calmarse, se ha convertido en sarcasmo colectivo.
La mecánica de estas alertas tiene su liturgia. Primero, el horizonte inmediato: esta noche, en 72 horas, la próxima semana. Después, el aval de unas “fuentes cercanas” cuya proximidad nunca se precisa. Curiosamente, la distancia entre lo que se insinúa y lo que se demuestra suele ser inversamente proporcional a la contundencia de la advertencia. Hay quien espera, con ironía, a que reviente la presa de California. Hay quien apunta que el predictor de turno no ha acertado ni una. Y hay quien sugiere, con retranca, que las fuentes son tan cercanas que están en la propia familia.
Esta escena, narrada con humor ácido en los corrillos económicos, describe un género recurrente: la profecía de catástrofe inminente con fecha de caducidad inmediata. El fenómeno no es nuevo, pero su persistencia llama la atención. ¿Por qué siguen circulando estas alertas sin que nadie exija un mínimo de historial? ¿Por qué la “masa crítica” nunca se concreta?
El asunto se atasca justo ahí: en la incapacidad de falsar estas predicciones. Si el asalto no se produce, siempre queda el recurso de que fue desactivado en secreto. Nadie pide cuentas. Y así, el ciclo se repite: la próxima noche, la próxima fuente cercana.