El exprofesor de Cambridge hallado muerto: el escándalo de plagio que no acabó con la dimisión
Jason Arday, el exprofesor de 41 años que hizo historia en 2023 al convertirse en el profesor negro más joven de Cambridge, apareció muerto el viernes en su domicilio de Battersea. El pasado 5 de agosto había dimitido de su plaza, arrastrado por un escándalo de plagio que su familia llevaba semanas calificando de “campaña de acoso”. La noticia ha reactivado un cruce de lecturas: para unos, el final de un fraude académico sostenido por cuotas; para otros, la confirmación de que alguien prefería que no hablara.
Un currículo que se desmorona pieza a pieza
Las acusaciones apuntaban al presunto plagio de fragmentos de su tesis doctoral, en particular al fusilamiento casi completo de un trabajo poco conocido de una investigadora polaca o lituana. Su caso no se quedó en el texto: se le atribuían afirmaciones difíciles de sostener, como que había sido autista no verbal hasta los once años, que aprendió a leer a los 18 y que corrió 30 maratones en 31 días. Hay quien sostiene que, para entrar en Cambridge, cualquier candidato pasa un proceso de selección y que eso matiza las acusaciones. Otros ven la punta del iceberg de una serie de enchufes ideológicos.
El factor económico: la marca universitaria en juego
En términos de reputación, Cambridge no es una universidad cualquiera. Es una de las más caras y prestigiosas del mundo, y el escándalo llega en un momento en que las familias empiezan a preguntarse qué pagan. Algunos análisis van más allá: si las élites académicas no eliminan lo que denominan “wokismo”, el mercado podría castigarlas. No sería descabellado ver certificados “woke free” como reclamo competitivo entre universidades que quieren mantener ingresos. Mientras, en España los paralelismos incomodan: hay casos de másteres irregulares que no acabaron en dimisión.
Una muerte que no cierra el caso
La policía no da la causa. La London Ambulance Service alertó a las 15:12 y lo declaró fallecido en el propio domicilio. Al tratarse de una muerte inesperada, el caso pasa al coroner, que abrirá una vista pública. Es el mecanismo que puede despejar, o enredar más, las sospechas que cada bando ha ido sembrando. Mientras tanto, la única certeza es que el escándalo no se fue con él: la investigación forense tiene la palabra.