Hamás exhibe a los 48 cautivos como moneda de cambio
Hamás publicó una «imagen de despedida» con los rostros de los 48 israelíes que siguen cautivos en Gaza, según recoge la prensa internacional. Bajo cada retrato aparece inscrito el nombre de
Ron Arad, el piloto de la fuerza aérea israelí desaparecido en una misión de bombardeo en el sur del Líbano en 1986, capturado y dado por muerto desde entonces, aunque sigue figurando oficialmente como desaparecido.
El gesto llega mientras las tropas terrestres israelíes se preparan para cercar la ciudad de Gaza. No es una fotografía: es un mensaje cifrado. Quien conoce el caso Arad entiende que Hamás está diciendo dos cosas a la vez —que los cautivos pueden correr la misma suerte que aquel piloto, y que Israel tiene memoria larga para los suyos—. La coincidencia temporal con el cerco no parece casual.
Qué significa invocar el nombre de Ron Arad
Arad desapareció en 1986 y su rastro se perdió entre milicias del sur del Líbano. Israel lo ha mantenido durante casi cuatro décadas en el estatus de desaparecido, sin certificar su muerte. Que Hamás coloque ese nombre bajo cada uno de los 48 rostros es una forma de decir que el reloj no corre a favor de nadie.
La lectura más extendida entre quienes siguen el conflicto es que se trata de una
vuelta de tuerca psicológica: no se amenaza con matar, se amenaza con no devolver. La diferencia es importante. Un cautivo muerto es un mártir; un cautivo desaparecido es una herida abierta que no cicatriza y que condiciona cualquier negociación durante años.
El pulso entre el cerco y la entrega de rehenes
El planteamiento oficial israelí es que la presión militar acelera la liberación. La objeción que recorre el análisis independiente es la contraria: bombardear posiciones donde se presume que hay cautivos no los rescata, los expone. Hay quien sostiene que la vía lógica serían operaciones de infiltración selectivas; el escenario que maneja el Estado Mayor israelí parte de que no existe esa capacidad sin un control territorial previo.
En medio, un dato que se repite: los cautivos son el único activo real de Hamás. Sin ellos, la organización pierde su principal moneda de cambio y, con ella, gran parte de su capacidad de negociación futura. Esa es la razón por la que se especula con que la exhibición pública busca precisamente reforzar el valor de lo que queda.
Cuántos cautivos siguen con vida y en qué condiciones
Es la pregunta que nadie responde con datos. La imagen muestra 48 rostros, pero no certifica que los 48 estén vivos ni en qué estado. Hay quien apunta que parte de los secuestrados podrían haber muerto ya y que la publicación serviría, entre otras cosas, para mantener abierta la ficción de un intercambio posible. Sin verificación independiente, cualquier cifra es especulación.
Lo que sí es verificable es el marco: la operación terrestre avanza, el cerco sobre la ciudad de Gaza se prepara y la ventana para una negociación se estrecha. Cada día que pasa sin acuerdo reduce el margen de maniobra de ambas partes.
El coste reputacional de exhibir rehenes
La publicación ha sido leída en medios internacionales como una provocación calculada. La pregunta que sobrevuela es si el gesto fortalece o debilita la posición de Hamás ante la opinión pública global. La respuesta no es obvia: parte del análisis sostiene que refuerza la percepción de que la organización usa a los civiles como escudo; otra parte considera que el verdadero desgaste reputacional lo está sufriendo Israel por la magnitud de la respuesta militar.
En cualquier caso, el mensaje queda enviado. Hamás ha convertido a 48 personas en un símbolo, y los símbolos, una vez lanzados, no se recogen.
Con estos mimbres, lo previsible es que el cerco avance y que la exhibición de cautivos se repita en distintas formas mientras dure la operación. Lo que no puede preverse es si alguno de esos 48 rostros volverá a verse con vida. Esa incógnita, y no otra, es la que sostiene el pulso.