¿Se ha «zascandilizado» a la población española?
¿Está el español medio más atontado que sus abuelos? La pregunta vertebra una polémica reciente que ha pasado de la nostalgia generacional a las teorías más retorcidas. La tesis de partida: con
tanta tecnología, confort y comodidades se ha perdido el carácter, la capacidad de resistir y de pensar por cuenta propia. No es un diagnóstico nuevo, pero sí lo es la palabra que lo bautiza.
De la nostalgia al «nos han atontado a propósito»
El arranque idealiza a padres y abuelos como gente con
sentido de la vida y de la realidad. La respuesta llega rápido: tampoco eran para tanto. «Había de todo también», matiza uno; otro recuerda que ya estaban agilipollados antes. El consenso tibio: antes la vida «se sentía más real», ahora es
sinsentido a la deriva.
El giro llega cuando el descontento se vuelve sospecha. Una parte sostiene que el sistema no se limita a embrutecer, sino que busca algo más profundo: criar
seres sin autonomía. Otra corriente afirma que televisión y ordenadores incorporan tecnología para
hipnotizar a la gente.
Nada de esto cuenta con respaldo probado, pero circula con la misma soltura que el reproche generacional: los mayores habrían votado en bloque por su pensión a costa del futuro de los jóvenes.
La culpa, repartida y siempre ajena
Hay quien sostiene que la supuesta falta de criterio no distingue generaciones: ni los boomers, ni la Generación X, ni los mileniales, ni los más jóvenes se salvan. Y quien lo atribuye a un supuesto control político y mediático que
tampoco aporta pruebas.
Que el mismo lamento se repita en cada época invita a dudar del diagnóstico. A lo mejor no nos han atontado: llevamos décadas escribiendo la misma queja con distinta ortografía.