Jijeando en la cima...
Rescate al límite en Cantabria: "El 20% de batería del móvil me salvó"
La montañera vizcaina que se desorientó en la zona de los Ojos de Llazaino, en Liendo sufrió una hipotermia al terminar la bajada con los rescatadores a las doce de la noche
Bilbao 21·09·26 | 11:28
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Rescatan a una vizcaina en Liendo. 112 CANTABRIA.
Lo que iba a ser una toma de contacto con la montaña tras una larga temporada de inactividad a causa de una lesión, terminó en un operativo de rescate nocturno. Una vecina de Bilbao de 35 años tuvo que ser rescatada este sábado en la zona de los Ojos de Llazaino, en el municipio cántabro de Liendo. Lo que comenzó bajo el radiante sol de las dos del mediodía acabó convirtiéndose en una lucha contra la oscuridad, la fatiga y el desplome del termómetro. Una prueba de supervivencia al límite, con mallas cortas como único abrigo y el destello de un teléfono móvil al 20% de batería como única esperanza en mitad de la noche.
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"No me encontraba muy bien, estaba algo mareada y se ve que me desorienté", relata la protagonista a este periódico, reviviendo unas horas angustiosas. Tras coronar con éxito la cima hacia las cinco y media de la tarde, el cansancio y una ligera bajada de tensión nublaron su camino de vuelta. Tomó un sendero marcado que parecía el correcto, pero que la condujo a una zona desconocida. En lugar de dar la vuelta sobre sus propios pasos, continuó avanzando con la esperanza de reencontrar la ruta. A las siete y cuarto de la tarde, cuando comenzaba a oscurecer, comprendió la gravedad de la situación, ya que estaba completamente perdida.
El flash del móvil
A las de ocho de la tarde, tomó la decisión de marcar el 112. "Cuando terminé de hablar con ellos me di cuenta de que tenía solo un 20% de batería. La suerte fue poder mandar la ubicación exacta y mantener esa energía para hacer señales con el flash", cuenta. Ese porcentaje de energía se convirtió en su bien más preciado. "Fue lo que me salvó, así pudieron encontrarme", cuenta. Siguiendo las indicaciones de los operadores de emergencia, envió su ubicación exacta y bloqueó el terminal para conservar al máximo la batería. Sin ropa de abrigo, ya que no esperaba estar a esas horas en ruta, vestida solo con un top deportivo y unas mallas mallas cortas comenzó a entrar en un cuadro de hipotermia leve.
Durante dos angustiosas horas, que se le hicieron eternas, la joven vizcaina resistió guiándose por el oído. Al escuchar las voces de los rescatadores de Protección Civil,un equipo formado por tres técnicos y un médico, comenzó a gritar y a encender intermitentemente el flash de su móvil. Aquellos pequeños destellos en la penumbra y su voz fueron la guía definitiva para su localización.
Al ser localizada a las diez de la noche, presentaba una severa bajada de tensión e hipoglucemia, incapaz casi de dar un paso. "Estaba flojísima, no podía ni moverme. Lo primero que hicieron fue abrigarme hasta arriba, hidratarme y darme barritas energéticas", describe con profunda emoción. Tras estabilizarla, el equipo inició el descenso a pie, alcanzando el aparcamiento a medianoche.
Hoy, recuperándose de las magulladuras y las fiebres del susto en su casa, la montañera destaca la enorme calidad humana de quienes la ayudaron. "Mentalmente me tengo que reponer del susto. Tengo las piernas magulladas y enteras de arañazos, pero lo importante es que el servicio de rescate actuó de diez. De diez, la verdad", concluye la vizcaina, que de momento descarta volver a calzarse las botas de monte.